“Tandil y la región ya sufren el desfinanciamiento universitario”
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El deterioro del financiamiento universitario suele medirse en salarios, obras o cantidad de becas, en definitiva pesos, pero sus consecuencias son más profundas. Para Claudio Aciti, decano de la Facultad de Ciencias Exactas, el problema tiene una dimensión territorial: cuando una universidad pública se debilita, también se resiente la capacidad de las ciudades y regiones donde está instalada.
Durante los últimos años, la discusión sobre el financiamiento de las universidades nacionales quedó concentrada, en buena medida, en una cuestión presupuestaria. Cuánto se asigna, cuánto se ejecuta, cuánto perdieron los salarios y cuánto aumentaron los gastos de funcionamiento.
Los números muestran un deterioro significativo
Según el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), las transferencias a las universidades nacionales acumularon entre diciembre de 2023 y marzo de 2026 una caída real del 45,6%. El mismo informe señala que, entre noviembre de 2023 y febrero de 2026, los salarios universitarios aumentaron un 158%, mientras que la inflación acumulada en ese período alcanzó el 280%. El resultado fue una pérdida del poder adquisitivo cercana al 32%.
Para Aciti, sin embargo, quedarse solamente con estos números puede llevar a perder de vista una parte central del problema.
“Cuando hablamos de financiamiento tenemos que tener una visión más amplia, no se reduce a la cuestión salarial o de funcionamiento. También hay un desfinanciamiento que impacta en otros rubros de la ciudad y alrededores”, sostuvo.
La cuestión adquiere una dimensión particular cuando se observa lo que ocurre fuera de las universidades nacionales de los grandes centros urbanos como la UBA o la Universidad de Córdoba. El impacto presupuestario que tienen las universidades regionales en ciudades intermedias es mucho más notorio, ya que permiten que miles de jóvenes puedan acceder a estudios superiores sin tener que trasladarse cientos de kilómetros y que, al mismo tiempo, forman profesionales para las empresas, las industrias, los organismos públicos y las organizaciones de sus propias ciudades y regiones.
“Estudiar una carrera lejos de la ciudad de origen supone, en muchos casos, afrontar alquiler, transporte, alimentación y otros gastos durante varios años. Para una familia de ingresos medios o bajos, estos costos pueden determinar si un joven puede estudiar o no” pondera Aciti acerca del impacto de la proximidad de la Unicen.
El impacto local de las situaciones de las universidades
Consultado acerca de la relación entre universidades medianas y desarrollo local plantea “La universidad forma profesionales, pero también genera conocimiento, investigación, tecnología y capacidades que son utilizadas por el sector productivo”.
Son problemas que pueden parecer diferentes, pero tienen un punto en común: la disponibilidad de capacidades: “Las ciudades que cuentan con universidades capaces de formar profesionales, investigar y vincularse con su entramado productivo tienen más herramientas para pensar nuevos proyectos. Pueden aspirar a desarrollar actividades que antes no existían, incorporar conocimiento a sus industrias y generar oportunidades para que sus jóvenes permanezcan en ellas, sin embargo Tandil y la región ya sufren el desfinanciamiento universitario”.
Cuando esas capacidades se deterioran, el horizonte puede empezar a achicarse, en palabras de Aciti: “Por eso, discutir el financiamiento universitario no es solamente discutir el presupuesto de una institución educativa, es discutir qué capacidades tendrá el país fuera de sus grandes centros urbanos, si un joven podrá estudiar sin abandonar su ciudad, si una empresa podrá encontrar los profesionales que necesita si una región podrá generar conocimiento propio para resolver sus problemas, y, finalmente, es discutir qué futuro podrán imaginar esas ciudades”.
En ese sentido el desfinanciamiento universitario puede medirse en porcentajes, pero como finaliza el decano de Exactas “sus consecuencias más profundas probablemente se midan dentro de algunos años, cuando una generación de jóvenes haya tenido menos oportunidades de formarse y muchas comunidades hayan perdido parte de las capacidades que necesitaban para crecer”.
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