Una noche en el Club Unidos: el rincón de Tandil donde todavía se juega al casín y al billar
El Eco de Tandil y una noche especial en el Club Unidos.
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A metros de la Estación, el Club Unidos de Tandil no dice demasiado desde su fachada. Pero cruzar la puerta de entrada es ingresar a uno de los pocos lugares –sino el único- en la ciudad en el que todavía se juega billar y casín, donde sigue teniendo mucho valor el “tener taqueo”, donde rige la “Ley de los Diamantes” y donde las mesas están siempre a 34 grados, listas para una nueva partida.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email“Tenemos una escuela bárbara” dice Luis, actual presidente del Club, señalando a Aníbal Pérez, consagrado en noviembre pasado como campeón argentino de 5 Quillas. Pérez prepara su taco –que perteneció a otro ilustre campeón de renombre nacional-, y ubica los palitos en la mesa. Se coloca su guante, mira el paño, la bola, y tira. Por unas horas solo hablará de casín, tratando sin éxito de explicarle al cronista las reglas del juego, pero también de su obsesión por “estar en la máquina”, es decir, concentrarse. En las mesas de al lado, otros hacen lo mismo, mientras en la barra se sirven unos tragos. Es una noche más en el Club Unidos.
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La institución es un desprendimiento de lo que fue el Club Santamarina y su sede social de calle Yrigoyen. “Ahí no volaba una mosca”, recuerdan los jugadores sobre esa época de oro del casín y del billar. “Abría a las 12, y un rato después ya no había lugar para jugar. En la década del ’70, un empleado de comercio –no solo el dueño, también el empleado-, andaba de saco y corbata, viajaba en colectivo, salía de trabajar y a las 2 estaba jugando al casín. A las 4 entraba a trabajar de vuelta y capaz a las 8 volvía un ratito”, rememoran.
En su historia sobre Santamarina, Néstor Dipaola hizo mención a históricos jugadores como Joaquín José Silva –la Sala de Billares llevaba su nombre-, y también al gran campeón Darío Bruni. El Club Unidos surgió tras el declive de la institución aurinegra, cuando los socios de la Subcomisión de Casín formaron su propio espacio. Primero en calle Sarmiento entre Yrigoyen y Chacabuco. Después en la sede actual de la avenida Machado, que alguna vez supo albergar a las Entidades de Bien Público. En el presente es un espacio para practicar, aprender y hasta disputar torneos de casín, pero donde tiene también una marcada presencia el ajedrez.
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Tener taqueo
“Para algunos es pasional, para otros es distractivo”, cuentan los integrantes del Club Unidos sobre el casín y el billar. Más allá de dónde cada uno encuentre su motivación, los jugadores se organizaron primero para hacerse de mesas reglamentarias, y con el tiempo para mejorar sus instalaciones. El actual presidente sabe de carpintería y fabricó las luces que se ubican sobre cada lugar de juego, mientras que otros socios recaudaron dinero para instalar el sistema de calefacción que permite mantener los paños libres de humedad.
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Como toda disciplina, el casín tiene sus secretos. Aníbal Pérez conoce varios y por algo es campeón. “Hay que saber pararse”, dice mirando a la mesa y luego haciendo que la bola realice exactamente los movimientos que había anunciado. Como en la música existe el swing, en este deporte existe el taqueo. Todos sabrán reconocerlo, pero pocos sabrán explicarlo. “Hay que acariciarla”, definen algunos mientras miran a Pérez demostrando su técnica.
Mariano Parasuco es uno de los más jóvenes del club y aunque juega, es además sparring de Pérez. Como el campeón, también predice sus movimientos y sabe hasta cuantos palitos va a lograr derribar.
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Cada uno tiene sus preferencias, pero los más experimentados se rigen por la Ley de los Diamantes. Un papel en la pared del Club recuerda la regla que establece que para hacer que la bola llegue a determinado lugar, hace falta sacar una cuenta valiéndose de las marcas ubicadas sobre los márgenes de la mesa. Para demostrarlo, Pérez realiza un cálculo que no falla. La bola rebota una vez en un borde, otra vez en otro, y pasa rasante por el centro del paño, tirando abajo las cinco quillas.
Como tantas otras instituciones, el Club Unidos enfrenta el desafío de la renovación de dirigentes y la incorporación de nuevos socios. Pero el presidente asegura que “las puertas están abiertas”, para cualquiera que le interese sumarse.
Las luces ya se están apagando y los relojes de cada mesa volvieron a cero. La noche termina, pero Aníbal y otro socio todavía siguen “estando en la máquina”. Desde el celular, miran en YouTube el registro del triunfo de Pérez en Bell Ville, y analizan otra vez los movimientos que llevaron al resultado. “Tenemos una escuela bárbara”, comentan otra vez.
Redactor El Eco de Tandil