Una tandilense y su hija de 9 años viven una dramática situación en Albania
Agustina Vistalli viajó al país europeo por una propuesta laboral que prometía mejorar su calidad de vida. Sin embargo, denunció incumplimientos contractuales, amenazas y dificultades para acceder a atención médica. Afectada por una infección renal, busca regresar a la Argentina junto a su pequeña hija.
Lo que comenzó como una oportunidad para construir un futuro mejor terminó convirtiéndose en una experiencia desesperante para Agustina Vistalli, una tandilense de 47 años que se encuentra en Albania junto a su hija de 9 años. La mujer relató que atraviesa una delicada situación de salud, denunció amenazas vinculadas con su trabajo y aseguró que no cuenta con los recursos necesarios para regresar a la Argentina.
Su historia tomó estado público durante una entrevista con Débora Plager en La Nación+, en medio de una cobertura sobre los episodios de violencia y las protestas que se registran en distintas ciudades europeas. Desde una localidad ubicada a unos 35 minutos de Tirana, la capital albanesa, Agustina contó entre lágrimas las dificultades que enfrenta y pidió ayuda para volver a su hogar.
“Estamos con un nivel de angustia muy grande. Estoy con mi nena, que tiene 9 añitos, y la verdad que estamos pasando una situación muy difícil que nunca pensé que iba a tener que pasar sola, lejos de mi casa”, expresó.
Una oportunidad laboral que terminó en una pesadilla
Agustina es licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y, según contó, habla seis idiomas. Después de quedarse sin empleo en la Argentina y enfrentar dificultades para reinsertarse laboralmente, recibió una propuesta para desempeñarse como encargada de un hotel en Albania.
“Me quedé sin empleo en Argentina después de 20 años y, por mi edad, que tengo 47, me era difícil conseguir trabajo”, explicó.
La oferta llegó a través de un reclutador argentino que reside en Dubái. Según su testimonio, le prometieron condiciones laborales favorables, una vivienda para ella y su hija y la posibilidad de obtener ingresos que, con las comisiones, podían alcanzar los 5.000 euros.
Convencida de que podría ofrecerle una mejor calidad de vida a su pequeña, decidió emprender el viaje. Sin embargo, aseguró que al llegar se encontró con una realidad completamente diferente.
En principio, le habían informado que vivirían en Durrës, una ciudad donde su hija podría asistir a la escuela. No obstante, terminaron instaladas en una localidad más pequeña, sin posibilidades de escolarización cercanas, de acuerdo con su relato.
“Mi hija aquí no se puede escolarizar porque no hay colegio donde estamos. Es algo que me tiene muy preocupada porque ella está todo el día solita mientras yo trabajo”, manifestó.
También denunció irregularidades en las condiciones laborales. Aseguró que, aunque su contrato establecía jornadas de ocho horas y dos días de descanso semanales, debía trabajar entre diez y once horas diarias y no se respetaban los descansos acordados.
A esto se sumaron problemas con la vivienda. Según explicó, inicialmente le habían prometido una casa exclusiva para ambas, pero cuando llegaron encontraron que el inmueble estaba compartido con otras personas.
Una grave situación de salud y dificultades para recibir atención
Uno de los aspectos más preocupantes del testimonio es el estado de salud de la tandilense. Agustina aseguró que padece una infección renal y tiene un cálculo de cinco milímetros, una situación que le provoca fuertes dolores y que podría requerir una intervención médica.
Según contó, llevaba alrededor de 20 días con el problema y continuaba trabajando pese a tener fiebre y necesitar medicación.
“Estoy en este momento con mi salud muy grave. Tengo una pielonefritis, una infección en el riñón y una piedra de cinco milímetros. Acá es muy difícil porque en la salud pública nadie te quiere atender”, sostuvo.
La mujer relató que acudió a un hospital de Durrës, donde permaneció durante varias horas esperando asistencia.
“Estuve cinco horas como un perro, tirada, doblada con los cólicos, en una guardia del hospital. Les pedía por favor que me dieran un analgésico y me contestaban ‘No, you tourist’”, denunció.
La falta de atención médica adecuada, sumada a los episodios de conflictividad social que describió en Albania, incrementó su preocupación.
Incluso aseguró que, durante uno de sus intentos de llegar a un centro de salud en Tirana, quedó junto a su hija en medio de un enfrentamiento entre manifestantes y efectivos policiales.
“De casualidad no nos pasó nada. Tuvimos que salir corriendo, yo con los dolores que no daba más del riñón”, recordó.
Denunció amenazas y seguimientos después de renunciar
La situación se agravó cuando Agustina decidió abandonar su empleo. Según explicó, había cumplido los tres meses iniciales de prueba establecidos en su contrato, pero sus empleadores comenzaron a presionarla para que continuara trabajando.
“La semana pasada renuncié y me empezaron a amenazar. Me decían que tenía que cumplir el contrato, que les iba a hacer perder plata si me iba”, relató.
La mujer también denunció situaciones que le generaron temor por su seguridad y la de su hija.
Contó que, una mañana, cuando se dirigía caminando a su trabajo, observó dos vehículos de alta gama estacionados frente a su vivienda.
“Había dos autos negros, un Audi y un BMW, esperándome en la puerta de mi casa. Me asusté mucho, me fui para el trabajo caminando rápido y me siguieron los autos”, aseguró.
De acuerdo con su testimonio, los vehículos continuaron siguiéndola hasta su lugar de trabajo y permanecieron en las inmediaciones. También afirmó que al día siguiente volvió a experimentar una situación similar con otra camioneta.
Agustina sostuvo que informó estos episodios a las autoridades consulares argentinas.
El pedido de ayuda para regresar a Tandil
En medio de este escenario, la tandilense busca una alternativa para regresar al país junto a su hija. Sin embargo, aseguró que no dispone del dinero necesario para comprar los pasajes y que la empresa que la contrató no cumplió con el compromiso de financiar su regreso.
Según explicó, se comunicó con las autoridades diplomáticas argentinas, pero no obtuvo una solución concreta.
“Me contestaron que ellos no pueden estar repatriando gente en este momento y me derivaron a la Organización Internacional para las Migraciones”, señaló.
Agustina destacó que desde ese organismo recibió un trato amable y que están intentando encontrar una alternativa para ayudarla, aunque aclaró que todavía no tiene garantizado el regreso.
También explicó que Albania no cuenta con una representación diplomática argentina propia y que las gestiones consulares se canalizan a través de la embajada en Roma.
De acuerdo con su relato, le sugirieron trasladarse hasta la capital italiana, pero su delicado estado de salud le impide afrontar un viaje de esas características.
“Estoy con fiebre, tomando varios medicamentos y seguramente me tengan que operar. No puedo tomar un vuelo así nomás para llegar a Roma”, expresó.
Una familia que también atraviesa dificultades en Tandil
Durante la entrevista, Agustina contó que su familia permanece en Tandil y que tampoco se encuentra en condiciones económicas y de salud para afrontar los gastos de su regreso.
Explicó que su padre es jubilado y percibe el haber mínimo, además de tener problemas de visión vinculados con una enfermedad hereditaria. Sus dos tías también padecen dificultades visuales.
Por otra parte, relató que su madre, Laura, atraviesa un tratamiento oncológico por un cáncer de pulmón. Según indicó, fue intervenida quirúrgicamente en Mar del Plata, donde le extirparon parte del pulmón derecho, y actualmente recibe quimioterapia.
Esta situación familiar dificulta aún más la posibilidad de reunir el dinero necesario para comprar los pasajes de regreso.
“Estamos las dos acá solas, yo con esta enfermedad que me van a tener que operar, en este contexto social en el que ya no se aguanta más la violencia. Lo único que quiero es poder volver a mi casa”, expresó con angustia.
Mientras espera una solución que le permita regresar a la Argentina, la tandilense continúa en Albania junto a su hija de 9 años, con la esperanza de reencontrarse con su familia y recibir la atención médica que necesita.
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