Una vecina denunció que la Usina no responde ante las pérdidas económicas causadas por un salto de tensión
María del Carmen Arrieta, habitante de la zona del Cerro de la Virgen, manifestó su desesperación ante la falta de respuestas de la Usina Popular y Municipal de Tandil tras un grave incidente eléctrico ocurrido el pasado 22 de enero. Pese a que el plazo administrativo para una resolución venció el 2 de marzo, la damnificada continúa sin recuperar sus artefactos básicos y denunció trabas burocráticas que le impiden avanzar con el resarcimiento.
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El pasado 22 de enero, alrededor de las 14.20, la tranquilidad de un almuerzo familiar en la zona del Cerro de la Virgen se vio interrumpida por un fenómeno que cambió drásticamente la vida cotidiana de María del Carmen Arrieta. Un golpe de tensión eléctrica de magnitudes inusuales provocó que los electrodomésticos de su hogar comenzaran a emanar humo. El suceso, que la vecina describió como una escena de pánico, dejó un saldo de pérdidas materiales millonarias y un profundo impacto en su bienestar psicofísico.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailSegún relató la damnificada en diálogo con El Eco de Tandil, el incidente ocurrió mientras se encontraba junto a su familia, celebrando un cumpleaños. "Empezó a quemarse, literal, todo. El televisor de 50 pulgadas, que lo estoy pagando, humeaba; el lavarropas humeaba; un freezer de tres meses de uso, también", recordó con angustia.
La magnitud del excedente de energía volcado a la red fue tal que los dispositivos de seguridad habituales no resultaron suficientes. María del Carmen Arrieta explicó que el disyuntor no llegó a actuar debido a que el nivel de la sobrecarga fue tan elevado que anuló cualquier capacidad de respuesta técnica de la instalación interna, la cual -según aseguró- contaba con las medidas de seguridad reglamentarias.
El inventario de los daños es extenso y afecta directamente la calidad de vida de una mujer jubilada que hoy debe lavar su ropa a mano y ha perdido la capacidad de conservar alimentos a largo plazo. Entre los elementos destruidos se encuentran un freezer valuado en un millón de pesos, un televisor de última generación, un lavarropas, decodificadores de televisión por cable, ventiladores de turbo y la totalidad de las luminarias LED de la vivienda, además de pequeños electrodomésticos.
"Lavo a mano, escucho la radio y salvé la heladera de milagro, aunque funciona mal", lamentó la vecina de Galicia al mil, quien además debió contratar a un electricista particular para constatar que la tensión en su domicilio oscila peligrosamente entre los 220 y 240 voltios de manera constante.
Sin embargo, el perjuicio más grave se relaciona con su salud. Arrieta es electrodependiente y utiliza un dispositivo CPAP para tratar sus apneas de sueño, un equipo fundamental para su descanso y estabilidad cardíaca. El aparato también resultó dañado por las irregularidades en el suministro.
"Todo este paquete de cosas, a mí me mandó el cardiólogo. Me siento descolocada, desorientada y no sé cómo manejarme", confió la mujer, quien vincula directamente su actual cuadro de salud con el estrés derivado de la desidia de la distribuidora de energía con capitales estatales municipales mayoritarios.
La burocracia como barrera para el reclamo
Tras el siniestro, Arrieta inició los trámites correspondientes ante la Usina de Tandil. No obstante, se encontró con una exigencia que consideró "usurera" y diseñada para que el usuario desista de su derecho. La empresa le solicitó que, por su propia cuenta y cargo, contratara a un técnico especializado para diagnosticar cada aparato, trasladarlos a un taller y pagar un canon de 25 mil pesos por cada revisión. Para una jubilada con ingresos limitados, el costo de este peritaje privado superaría los 200 mil pesos, sin garantía alguna de reintegro.
Ante esta situación, la damnificada acudió a su abogada, y juntas mantuvieron una reunión con un contador de la prestataria del servicio. En dicho encuentro, Arrieta planteó la imposibilidad de afrontar esos costos: "¿Por qué lo tengo que pagar yo si soy la damnificada? Me parecía un despropósito", dijo sobre el pedido de afrontar la revisión de un técnico.
Tras la presión legal, la empresa aceptó que realizara el reclamo formal volcando los hechos en un libro de actas, estableciendo un plazo de respuesta de 30 días, que se cumplió el pasado 2 de marzo sin que mediara comunicación alguna por parte de la Usina.
En paralelo, y ante la falta de respuestas, la vecina acudió a la Defensoría del Pueblo, donde nuevamente se chocó con la exigencia del presupuesto técnico que la Usina impone como condición para presentar el reclamo.
"Nadie me ha dado una respuesta. Cumplido el plazo, fui a Defensoría del Pueblo. Me pidieron todo, les di todo lo que me pidieron, pero me siguen reclamando lo del técnico. Es una locura", señaló Arrieta, quien se siente desprotegida por una empresa de capitales mayoritariamente municipales.
En vilo por los cambios de tensión
La recurrencia de los problemas eléctricos en la zona del Cerro de la Virgen estaría ligada a la actividad de una cantera cercana, cuya demanda energética afectaría la estabilidad de la línea que abastece a los vecinos. La mujer describió escenas de terror que se repiten con frecuencia: "Tuvimos terribles explosiones. En el puesto -que le llaman ellos- sobre la ruta, explotan como bombas". Estas detonaciones en los transformadores y líneas de media tensión son audibles desde su domicilio y generan cortes y subidas de tensión constantes.
Ante estas situaciones, María del Carmen Arrieta invirtió en unos dispositivos que nivelan la tensión eléctrica al ingresar a su instalación. Sin embargo, esta alternativa impide que la heladera y el CPAP funcionen durante la noche.
Por otro lado, comentó que DirecTV se acercó a su casa y cambió los tres decodificadores dañados, al tiempo que le pidió que los mantuviera enchufados para evitar su desconfiguración. Cumpliendo con esa indicación, un nuevo golpe de tensión ocurrido el domingo 1 de marzo quemó los tres dispositivos que la firma de televisión por aire había repuesto. “Ya me da vergüenza volver a llamar”, lamentó.
Un problema estructural en la zona
La problemática no parece ser un hecho aislado. Arrieta relató que otros vecinos realizaron reclamos similares en las oficinas de la calle Nigro. "He llegado a llamar tres veces en el día la Usina. A veces vienen, reparan, no se alcanzan a ir que vuelve a explotar. Y yo escucho de casa las explosiones. Bueno, el otro día entró al campo el señor de la cantera a pedir permiso para revisar la línea", detalló sobre la inestabilidad del servicio en el sector.
A pesar de que recientemente se han instalado nuevos postes para una línea de refuerzo, la solución definitiva no llega y los daños ya causados permanecen sin reparación. La vecina enfatizó que su capital se ha visto seriamente afectado y que, a pesar de la situación, ella debe seguir cumpliendo con el pago de sus facturas y obligaciones. "Y para mí es mucho. Y además es lo mío. Nadie me ha dado una respuesta cumplido el plazo", reiteró con firmeza.
Finalmente, María del Carmen Arrieta hizo un llamado a la solidaridad de otros vecinos que puedan estar atravesando la misma situación para aunar fuerzas en el reclamo. “Espero que me den una respuesta”, anheló y convocó: "Si hay más gente damnificada que se comuniquen conmigo, que pidan mi teléfono. Sé que hay otro matrimonio afectado al menos, pero no los conozco, no conozco demasiada gente", concluyó.
Mientras tanto, la mujer continúa viviendo "como una ermitaña", lavando a mano y con el temor constante de que una nueva explosión en la línea vuelva a poner en riesgo su vida y lo poco que le queda de su patrimonio.