El hombre y el moro
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/02/caballo.jpg)
José Hernández lo supo, como saben algunos hombres mirar el cielo y anunciar la lluvia. No convocan al aguacero: lo declaran.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailSabía, el autor del Martín Fierro que si algo es imperdonable en esta tierra de valentías y traiciones, de villanos y mártires, de vengadores y vengados, es la infamia. Se puede matar y exhibir la cabeza del finado hasta que el tiempo la vuelva calavera; se puede traicionar a miles de los propios –como Urquiza– y en una noche borrar años de lealtades. Se puede lo vil. Pero no lo infame. La infamia no es la violencia: es la negación del otro en aquello que lo constituye. Una parte de nuestra identidad lleva esa marca.
Por eso, cuando la partida de milicos tiene rodeado a Martín Fierro y están dispuestos a darle muerte, lo encomienda a Cruz, al sargento Cruz, a un parlamento y a una acción que quedarán para siempre: “no se mata así a un valiente…”. Y deja su bando, de un futuro cierto, para hacerse socio de una incertidumbre hecha de penurias que lo esperan con Fierro.
