Kundera, mi viejo y algunos goles
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Hoy cumpliría años Milan Kundera. Todos lo conocemos por haber leído —o por haber querido leer, o por decir que lo hemos leído— La insoportable levedad del ser. (Sinceramente, no sé en cuál de las tres categorías anotarme. Mínimo en dos…: la de haber querido leerlo y la de decir que lo leí. Porque creo que sí lo hice aunque no me acuerdo mucho. No me preocupo, me pasa con otros grandes libros y autores).
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailComo sea, Kundera nació en el mismo año que mi viejo, con lo cual muchas veces me pregunté ¿qué habría sido yo si fuera hijo de Kundera? Seguramente no habría elegido el oficio de escribir. Una pregunta que también me he formulado es qué hubiera hecho Kundera al enterarse que era mi padre. No darme el apellido, en principio.
A lo que voy, me gusta Kundera. Yo no sé si por su condición de europeo del este o qué, tiene esa perturbadora inteligencia que no refulja, no estalla: implota. Una inteligencia que ilumina para adentro. De él, en principio, y no sé si por su voluntad, hacia nuestro interior también.
