No todo es sonrisa
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Me crucé en las redes con el recorte de un tramo de un programa muy exitoso de streaming. Uno de los conductores contaba una anécdota –lo autorreferencial aburre en estos espacios, pero a veces puede resultar interesante-. Pidió por plataforma un auto para ir del trabajo a su casa. El chofer se quedó dormido en el primer semáforo en rojo. Básicamente, el hombre –de unos 70 años- llevaba horas manejando y ya no podía con el sueño, pero necesitaba esa plata para vivir. Finalmente, y a pedido del chofer, fue el propio pasajero el que manejó hasta su casa.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa imagen del “viejo” quedándose dormido en un semáforo era lo suficientemente fuerte para generar esos dos o tres segundos de silencio indispensables.
Pero en todo momento, el resto de los conductores intentó hacer de cada frase algo gracioso. El muchacho estaba contando casi una tragedia social (un jubilado al que no le alcanzan sus haberes, debe salir a trabajar durante horas, con miedo a ser mal calificado y cancelado por la aplicación, poniendo en riesgo su vida y la de terceros) y la insistencia de sus compañeros era convertir eso, parte de eso, algo de eso, en una gracia.
