Ana Valle, la artista que borda mundos posibles: “Para transformar el mundo tenemos que poder imaginarlo”
Trabajadora social de formación, el bordado llegó a su vida casi como una necesidad expresiva y terminó convirtiéndose en un lenguaje artístico y una forma de encuentro. Sus tapices, vestidos y talleres son parte de un universo donde lo personal y lo colectivo se encuentran en una concepción del arte profundamente comunitaria y política.
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“Que sepa tejer, que sepa bordar y que sepa abrir la puerta para ir a jugar”. La canción infantil sintetiza el espíritu de una época pasada, pero hay algo en lo de abrir una puerta y habilitar mundos posibles que Ana Valle conoce muy bien. Bordar y abrir la puerta para que otros vayan a jugar es lo que hace en sus espacios, en su vida, con su arte.
Ana abre la puerta de su casa e inmediatamente su universo se despliega. La máquina de coser antigua que su padre rescató de la basura ocupa un lugar preponderante. Cuadros, luces, tapices, libros, vestidos colgados, costureros de lata, todo se conjuga de manera orgánica en el espacio que usa como taller, tanto para producir como para acompañar procesos creativos.
En el brazo derecho, Ana tiene tatuados un hilo y una tijera. Ambos objetos están entrelazados en su piel, en esa piel que la deja sentir las texturas con las que juega y crea. Telas, hilos, ornamentos, todo se mezcla en sus manos para dar lugar a obras y objetos textiles que son parte de su mundo. Un mundo que tomó forma hace algunos años, que comparte con otras personas y que, de algún modo, “le salvó la vida”.

