La luz al final del túnel
Una charla casual lleva al columnista por un tema sobre el cual se piensa mucho pero se habla muy poco. Y a partir de esa conversación nace esta nota que invita a reflexionar sobre la muerte y lo que viene después.
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Por Pablo Dal Dosso
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Accedé a las últimas noticias desde tu email¿Realmente habrá una luz al final del túnel?. Mi padre murió en una habitación del Sanatorio Tandil, en las primeras horas de la tarde de un 1º de enero. Yo le había hecho compañía durante toda la noche, así que en algún momento, a las doce, comencé a ver por la ventana los resplandores de los fuegos artificiales. El estado de mi padre era irreversible y los médicos sabían que solo era cuestión de tiempo, por eso estaba en una habitación común. Pero yo no creía en ese pronóstico, así que cuando vi esas luces estallar en el cielo, aunque él estaba medicado y profundamente dormido desde hacía un par de días, simplemente le di un beso en la frente y le deseé un feliz año nuevo.
Algunas horas después, cuando estaba junto a mi madre y mi hermano en esa habitación, y mientras sostenía su mano, muy serenamente, casi como si hubiera esperado el momento para tenernos a todos junto a él, mi padre murió.
