Murió Carlos Alonso, el artista que convirtió la pintura en memoria de la Argentina
El reconocido pintor falleció a los 97 años en su hogar de Unquillo, dejando un legado marcado por el expresionismo y una profunda mirada crítica sobre la realidad social y política del país.
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El pintor argentino Carlos Alonso, una de las figuras fundamentales del arte nacional del siglo XX, murió a los 97 años en su casa de Unquillo, Córdoba, donde residía desde hacía décadas. Allí, el artista había encontrado en el paisaje serrano uno de los motivos principales de su producción durante los últimos años.
Nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, Alonso desarrolló una obra atravesada por el expresionismo y una mirada crítica sobre la realidad argentina. La pobreza, la violencia, las desigualdades y los conflictos políticos fueron temas recurrentes en sus pinturas, dibujos y grabados.
Su formación comenzó en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, bajo la tutela de maestros como Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950, se trasladó a Tucumán para integrarse al grupo liderado por Lino Enea Spilimbergo, una experiencia que resultó decisiva para su desarrollo artístico.
Tras viajar a Europa en 1953, tomó contacto directo con la obra de maestros como Diego Velázquez y Vincent van Gogh, cuyas influencias marcaron su trayectoria. En 1957, obtuvo el primer premio en un concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, y en 1968 se instaló temporalmente en Florencia para trabajar sobre La Divina Comedia, de Dante Alighieri.
A fines de los años 60, inició su serie Lección de anatomía, inspirada en Rembrandt, donde profundizó su preocupación por la violencia ejercida sobre los cuerpos y su relación con el poder. Esta temática también se reflejó en sus trabajos vinculados con El matadero, de Esteban Echeverría, estableciendo asociaciones entre el cuerpo humano, la carne y el sacrificio.
La última dictadura militar argentina marcó de manera dramática su vida y su obra. Tras exiliarse en Italia y España, sufrió la desaparición de su hija Paloma Alonso, de 21 años, en 1977, tragedia que provocó un profundo cambio en su producción. Regresó al país en 1980 y participó en la creación del Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo, donde realizó en 2025 su última exposición.
Entre sus trabajos más reconocidos se encuentra Manos anónimas, serie en la que abordó el terrorismo de Estado. A lo largo de su carrera, recibió distinciones como los premios Konex de Platino de 1982 y 1992, y en 2019 el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran muestra retrospectiva.