¿Por qué marchar?
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Pensaba ir a la marcha, pero mi hijo está enfermo y no lo quiero exponer a las inclemencias climáticas de Tandil (el frío, el viento). Cada vez que puedo, lo llevo. Me gusta que entienda, desde chico, que hay cosas que se defienden en la calle, junto a otras personas. Puede ser una visión romántica de la construcción social y política: pero es en el bombo repiqueteando, en la bandera flameando, en las palmas sonando al compás, donde una charla se hace fuerte, un abrazo es un apoyo y un canto genera sentido que perdura en el tiempo.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailYo le digo a él, y al más pequeño también, que papá da clases además de ser periodista. En la Argentina de hoy, el pluriempleo es moneda corriente. Vivimos tratando de sobrevivir. Con poco. Con dignidad y simpleza.
A veces se le mezclan las profesiones. En la Escuela aún enseñan que hay un solo trabajo o una sola profesión. "¿Qué querés ser cuando seas grande?", la pregunta que recorre las infancias en más de una ocasión. De a poco, cuando van creciendo, comienzan a comprender que no todo es tan lineal, no todo es tan simple, al menos, para la gran mayoría de los argentinos.
También me gusta que los niños puedan abrazar el concepto de esperanza. Alguien que habló mucho sobre eso fue el Papa Francisco. Decía que la esperanza es "la más pequeña de las virtudes, pero la más fuerte" y reforzaba la idea: "La esperanza necesita paciencia".
La paciencia. Otro concepto fuerte. En un mundo donde todo va rápido, donde la meritocracia está a la orden del día, donde el individualismo parece triunfar, tener paciencia de que hay esperanza de un cambio es un desafío. ¿Cómo se explica algo así a los más niños? ¿Cómo se les dice que una marcha puede ser el motor del cambio de una sociedad? No lo ven, no es tangible, está alejado de las lógicas que habitualmente consumen a través de las pantallas.
Aún así, la esperanza es una llama que nunca se apaga.
¿Quién daría clases a los alumnos si no hay docentes? ¿Quiénes serían docentes si no hay alumnos? ¿Cómo defenderíamos la soberanía de un país sin ciencia, sin investigadores, sin tecnología aplicada a la comunidad? ¿Cómo se trabajaría en el territorio si el personal nodocente ya no asiste más a su trabajo?
En el año 2001, el entonces ministro de Economía, Ricardo López Murphy anunció un fuerte recorte del presupuesto universitario. El rechazo a la decisión fue tal que no solamente renunciaron dos ministros (Storani y Juri) por no avalar el recorte, sino que la cohesión en la sociedad fue tal, que obligó al propio López Murphy a dimitir de su posición.
Un cuarto de siglo después, la calle vuelve a ser escenario (como en varias ocasiones durante los últimos dos años) de una marcha federal educativa. De acuerdo con datos de la Federación Nacional de Docentes Universitarios (Conadu), en abril de 2026 el salario bruto (es decir, antes de la aplicación de descuentos) de un docente con dedicación simple y 10 años de antigüedad fue de $ 332 mil. Esto implica una caída real del 8,8% con respecto a igual mes de 2025 y del 34,2% desde noviembre de 2023. Docente con dedicación simple es la gran mayoría de los docentes en las universidades de todo el país. Implica una carga horaria semanal de 10 horas. Como en todo proceso de formación, significa no solamente las horas frente a los estudiantes, sino lo que es la preparación de la misma y la corrección de los trabajos prácticos.
Los nodocentes, el personal que trabaja en las universidades en las diferentes áreas de gestión, denunciaron una caída similar en su salario real desde que asumió la gestión de Javier Milei. Los investigadores no pueden continuar sus trabajos porque se cortó el financiamiento por parte del gobierno nacional. Los estudiantes no tienen actualizadas sus becas y la universidad pública, que antes igualaba, empezó -por decisión central del Ejecutivo- a no hacerlo.
El escenario es abrumador. A pesar de ello, la cohesión no es tal. Hay una fragmentación interna y externa latente, que todos la visualizan, pero que no se animan a problematizar: ¿se perdió la defensa irrevocable de lo que significa la universidad pública en el país? ¿qué pasó en el medio?
Lo único que logró unir a millones de argentinos en los últimos años fue el festejo de la Copa del Mundo en diciembre de 2022. Hay una grieta profunda que nos habita difícil de sanar.
Sin embargo, a pesar de lo que sucede, los adoquines de la calle Rodríguez volverán a sentir el paso, una vez más, de las zapatillas y zapatos de miles de personas que pedirán que se cumpla la Ley de Financiamiento Universitario, pero que también piden porque haya una universidad que iguale condiciones, donde el que menos tiene pueda cursar una carrera y recibirse. Eso supo ser orgullo, ojalá lo vuelva a ser.
Mientras tanto, les enseño a mis hijos, que la paciencia y la esperanza nunca se tienen que perder. A pesar de todo... y sobre todo.
Cantamos porque el grito no es bastante
Y no es bastante el llanto ni la bronca
* El autor es periodista de El Eco de Tandil y docente universitario