El jabalí europeo avanza en el sudoeste bonaerense y genera preocupación en el campo
La especie exótica se expandió por distintas regiones y provoca daños productivos, altera ecosistemas y representa riesgos sanitarios.
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El jabalí europeo (Sus scrofa), una especie exótica introducida en la Argentina con fines cinegéticos, continúa ampliando su área de distribución y se convirtió en una preocupación ambiental, productiva y sanitaria en distintos sectores de la provincia de Buenos Aires.
Su presencia está documentada en zonas cercanas a Bahía Blanca, Villarino, Patagones y los sistemas serranos, donde productores han advertido daños en cultivos y establecimientos rurales. Por su capacidad de adaptación, su dieta amplia y su elevada tasa reproductiva, la especie encontró condiciones favorables para expandirse.
Una especie introducida que encontró su lugar en la región pampeana
El jabalí fue introducido en el país a comienzos del siglo XX. El animal fue llevado desde Europa por Pedro Luro a su estancia San Huberto, en La Pampa, para la práctica de la caza mayor. Tras escapar de los espacios donde se encontraba contenido, encontró un hábitat favorable y comenzó a expandirse.
En territorio bonaerense logró establecerse en sectores como la Bahía de Samborombón y la Cuenca del Salado, además de los sistemas serranos de Ventania y Tandilia y el sudoeste provincial.
Se trata de un animal de cuerpo compacto y robusto. Los machos adultos pueden pesar entre 80 y 140 kilos, mientras que las hembras suelen alcanzar entre 60 y 90 kilos. Su capacidad reproductiva también favorece la expansión: las hembras tienen una gestación de aproximadamente 115 días y pueden tener camadas de entre cuatro y ocho crías.
Su alimentación es variada e incluye granos, raíces, frutos, pequeños animales y carroña, además de alimentos vinculados con las actividades humanas.
El impacto sobre el campo
Uno de los principales problemas está relacionado con la actividad agropecuaria. Las piaras pueden ingresar a lotes cultivados y alimentarse de los granos, mientras que la búsqueda de raíces, insectos y otros alimentos provoca importantes movimientos de suelo.
El denominado hociqueo puede remover grandes cantidades de tierra, además de generar pisoteo y destrucción de plantas. Estos daños se suman a los perjuicios que los animales pueden ocasionar sobre instalaciones rurales.
La expansión de la especie tampoco queda limitada a los establecimientos productivos. Los jabalíes pueden desplazarse por caminos rurales y rutas, con el consecuente aumento del riesgo de accidentes, y también acercarse a sectores periurbanos en busca de agua y comida.
La triquinosis, uno de los riesgos sanitarios
La expansión del jabalí también representa un desafío desde el punto de vista sanitario. En julio de este año, las autoridades confirmaron en Mayor Buratovich, partido de Villarino, un brote de triquinosis que afectó a más de 50 personas.
Los afectados habían consumido salamines y otros chacinados elaborados con carne de un jabalí silvestre cazado por el propio grupo.
El episodio volvió a poner el foco sobre los riesgos asociados con la caza y el consumo de fauna silvestre. La triquinosis puede transmitirse a las personas mediante el consumo de carne insuficientemente cocida de animales infectados, por lo que se recomienda analizar la carne antes de elaborar chacinados y extremar las medidas de prevención.
Además, el jabalí puede participar en la transmisión de otras enfermedades que afectan tanto a animales domésticos como a especies silvestres, por lo que su expansión constituye un problema que excede lo estrictamente ambiental.
La provincia habilitó la caza como herramienta de control
Ante el crecimiento de las poblaciones, el Gobierno bonaerense habilitó la caza plaguicida del jabalí europeo como una herramienta para controlar la especie. La medida fue establecida mediante la Disposición 313/2025 del Ministerio de Desarrollo Agrario.
El objetivo es reducir las poblaciones y limitar los daños sobre los suelos, la vegetación, la fauna y las actividades productivas, además de disminuir los riesgos sanitarios.
Sin embargo, la medida no representa una autorización para cazar sin restricciones. La normativa establece condiciones y medidas de seguridad, prohíbe la actividad en zonas urbanas y suburbanas y en lugares con presencia habitual de personas, y exige contar con la documentación correspondiente.
El desafío de controlar su expansión
El avance del jabalí plantea un problema complejo que requiere distintas herramientas. El control de las poblaciones debe complementarse con monitoreo, seguimiento de los desplazamientos, identificación de corredores, evaluación de los daños productivos y vigilancia sanitaria.
En este escenario, el desafío no consiste solamente en determinar cuántos animales deben ser controlados, sino también en conocer dónde se encuentran, cómo se desplazan y qué impacto generan en cada región.
El sudoeste bonaerense aparece así como uno de los sectores donde la expansión de esta especie exótica genera mayor preocupación, en un fenómeno que combina conservación de la fauna nativa, producción agropecuaria, seguridad vial y salud pública.
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