Jorge Araujo y Alex Leys llegan a Tandil con un proyecto que escapa de las fórmulas
El exbaterista de Divididos y el reconocido baterista solista se presentarán este sábado en Estación Victoria. Antes del show, dialogaron con Cultura Zip sobre un proyecto que nació desde la admiración mutua, la decisión de escapar de los lugares conocidos y una búsqueda artística en permanente transformación.
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Jorge Araujo y Alex Leys llevan alrededor de dos años construyendo un proyecto que, por definición, parece resistirse a quedar quieto. Guitarras, voces, percusión, electrónica e incluso inteligencia artificial forman parte de una propuesta que este sábado llegará a Tandil, con una presentación desde las 22 en Estación Victoria, ubicada en Garibaldi 1099.
Antes del show, los músicos dialogaron con Cultura Zip, por El Eco Streaming, y contaron cómo surgió una sociedad artística que comenzó casi naturalmente, pero que implicó para ambos correrse de los lugares en los que el público estaba acostumbrado a encontrarlos.
“Está en continua evolución. Él cambia, yo cambio”, resumió Leys sobre el dúo. El baterista recordó que Araujo había sido uno de sus referentes desde muy joven y que, con los años, comenzaron a reencontrarse hasta que una charla de café terminó abriendo la posibilidad de hacer música juntos.
La primera gran prueba llegó con una gira de diez conciertos por España. Allí descubrieron que la combinación funcionaba y decidieron darle continuidad. Sin embargo, el desafío inicial no había sido menor: Leys venía de casi una década dedicado intensamente a su propuesta como baterista solista, mientras que Araujo había comenzado a mostrar una faceta completamente diferente a la que había construido durante buena parte de su carrera.
Dejar atrás al Araujo detrás de la batería
Para Araujo, ese cambio significó bastante más que simplemente cambiar de instrumento. Después de décadas reconocido principalmente como baterista —con diez años como integrante de Divididos y su posterior recorrido en diferentes proyectos—, decidió plantarse frente al público con guitarra, voz, canciones propias y electrónica.
El músico recordó incluso una sesión de fotos realizada hace unos siete u ocho años que funcionó como una declaración de principios. Pidió expresamente aparecer con la guitarra y no con los palillos ni detrás de una batería.
“Fue una manera de yo mismo desrotularme de golpe”, explicó.
La decisión tuvo un costo. Araujo contó que comenzó a publicar su nueva música y la respuesta inicial estuvo lejísimos de la repercusión que conseguía cuando mostraba material vinculado a la batería. “En las redes sociales viví una soledad terrible”, reconoció.
Incluso recordó situaciones en las que productores utilizaron fotografías suyas tocando la batería para promocionar conciertos en los que, en realidad, iba a cantar y tocar la guitarra. Eso llegó a obligarlo a explicar frente al público qué espectáculo estaban por ver.
“Si vienen 60 personas y 30 quieren escucharme tocar la batería y fueron engañados, es un 50 por ciento del público que no viene dispuesto a disfrutar el espectáculo que estoy convocando”, planteó.
Por eso, remarcó que actualmente busca dejar claro desde el comienzo qué propone sobre el escenario: “Yo toco la viola, canto canciones mías, uso electrónica; Alex toca con inteligencia artificial. Lo que van a ver en Tandil es algo que muy poca gente ha visto”.
Dos búsquedas que terminaron encontrándose
Leys también atravesaba su propio proceso cuando apareció la posibilidad del dúo. Después de casi diez años tocando solo, sintió la necesidad de volver a compartir la música con otros artistas, pero no quería hacerlo únicamente por integrar un proyecto conocido.
“Necesito para mi alma la artística, necesito alguien que entienda lo que hago y que lo quiera incorporar a su música”, recordó.
Cuando escuchó las canciones de Araujo, su primera reacción estuvo lejos de ser sencilla: “Jorge, yo no puedo tocar esta música”, le dijo. La producción electrónica de aquellas composiciones contrastaba con el enorme instrumento acústico que utilizaba Leys.
En vez de convertirse en un impedimento, esa distancia terminó funcionando como motor creativo.
“Se terminó juntando todo”, explicó el baterista, quien destacó la “elasticidad” de las composiciones de su compañero. El dúo puede llevarlas hacia la electrónica, transformarlas en versiones acústicas, tocarlas a volúmenes mínimos o adaptarlas a escenarios completamente diferentes.
Una producción que los sorprendió en Quequén
La llegada a Tandil tendrá además como antesala un nuevo paso para el proyecto. Durante su estadía en Quequén, Araujo y Leys realizaron una producción audiovisual de gran escala en el estudio La Casualidad, con un equipo de alrededor de once personas.
Según contaron, el rodaje incluyó cámaras de cine, drones dentro del estudio y diferentes dispositivos tecnológicos que los propios músicos no habían utilizado anteriormente.
“No pensábamos que iba a tener la magnitud que tuvo”, admitió Araujo, todavía sorprendido por el resultado.
La producción quedó concentrada en una canción que, según adelantaron, representa especialmente la identidad del dúo. Aunque ya pudieron observar parte del material, decidieron contener las ganas de publicarlo inmediatamente y esperar a que atraviese todo el proceso de edición.
Para ellos, además, permitirá resolver algo que todavía estaba pendiente: tener un registro audiovisual capaz de mostrar verdaderamente qué sucede cuando los dos se encuentran musicalmente.
Adaptarse sin quedar atrapados en el pasado
La conversación también pasó por las nuevas formas de comunicar la música. Con carreras que atravesaron diferentes épocas de la industria, ambos coincidieron en que las redes sociales modificaron por completo la relación entre artistas, medios y público.
“Parte de la propuesta juntos radica también en no quedarnos atrapados en un pasado, en un siglo XX que terminó hace un cuarto de siglo”, sostuvo Leys.
Para el baterista, mantenerse activo también significa comprender los nuevos códigos y aprender de generaciones más jóvenes. Araujo, por su parte, contó que muchas veces descubre el alcance de programas, streams o medios alternativos recién después de participar de ellos, cuando comienza a recibir mensajes de personas que vieron la entrevista.
Ese cambio, consideró, también modificó la manera de pensar qué espacios sirven para comunicar un proyecto artístico.
¿Qué significa “pegarla” después de tantos años de música?
Sobre el final de la entrevista apareció una pregunta inevitable para dos artistas con décadas de recorrido: qué significa tener éxito en 2026.
Araujo reconoció que su manera de medirlo cambió con los años. “Me planteo mucho, sinceramente, qué quiero de mi vida. Todos los días me lo digo”, expresó.
Y puso como ejemplo justamente la producción realizada en Quequén: independientemente de la cantidad de personas que puedan asistir a los próximos conciertos, aseguró que el resultado artístico de aquella jornada ya había sido suficiente para regresar satisfecho a su casa.
Leys fue todavía más gráfico.
“Cuando termino un concierto con Jorge me voy a dormir tranquilo”, señaló.
Para el músico, poder terminar una presentación sintiendo que disfrutó de la música y que actuó en sintonía con aquello que realmente quiere hacer se convirtió en su propia definición del éxito.
“Hay una pureza en la artística de lo que hacemos. Hay una pureza en los motivos por los cuales lo hacemos”, sostuvo. “Me llena el alma, me satisface. Para mí hoy en día el éxito radica en eso”.
Esa búsqueda llegará este sábado a las 22 a Estación Victoria, donde Araujo y Leys presentarán un repertorio basado principalmente en música de autor y un formato que combina canciones, percusión y tecnología.
Antes, a las 18.30, Leys brindará además una clínica de batería en Manhattan Instrumentos Musicales, donde mostrará parte de su proyecto solista y cómo ese lenguaje terminó incorporándose al dúo. La actividad requiere inscripción previa y contará con cupos limitados.
Para Araujo, que alguien decida acercarse a escuchar canciones que todavía no conoce tiene un valor especial en un momento dominado por grandes espectáculos y repertorios instalados: “Que haya un público que apoya la música de autoría es una bendición”.
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