Granja Amalur, un emprendimiento familiar y sustentable de huevos pastoriles en Tandil
El proyecto nació hace tres años y medio como una pequeña producción para autoabastecer a una familia y hoy cuenta con 2.600 gallinas distribuidas en cuatro galpones. Sus huevos pastoriles llegan a distintos comercios de Tandil, con una propuesta centrada en el bienestar animal, la producción sustentable y el cumplimiento de las condiciones de bioseguridad exigidas para su habilitación provincial.
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Hace tres años y medio, Iñaky Lecumberri y su familia comenzaron a criar gallinas con un objetivo sencillo: producir sus propios huevos.
Aquella iniciativa, que arrancó con apenas diez aves en el establecimiento del Paraje El Solcito, fue creciendo de manera gradual hasta convertirse en Granja Amalur, un emprendimiento familiar y sustentable que hoy cuenta con 2.600 gallinas y comercializa su producción en distintos negocios de Tandil.
“Arrancamos muy de a poquito, con diez gallinas que usamos para autoabastecernos. Pero para un cumpleaños, uno de mis hijos pidió más gallinas, y así terminamos teniendo 30”, recordó Iñaky, propietario de la granja.
El excedente comenzó a llegar a los padres de compañeros del colegio de sus hijos, familiares y conocidos y la demanda hizo el resto. “Nos empezaron a pedir más huevos”, contó.
A partir de ese momento, y luego de un cambio laboral, Iñaky y su pareja, Teresa Bauzada, comenzaron a pensar en un proyecto más sólido y se asesoraron para avanzar con la producción.
Hoy los huevos pastoriles de Granja Amalur se comercializan en distintos puntos de la ciudad pero el crecimiento no modificó una de las características centrales del proyecto: se trata de una producción familiar, en la que participa la pareja junto a sus tres hijos, que colaboran en tareas acordes a sus edades como la recolección de huevos y asistencia en la limpieza del galpón. En marzo se incorporó además uno de los cuñados de la familia.
El bienestar como eje de la producción
Uno de los principales rasgos de Granja Amalur está relacionado con la forma en que se crían las gallinas. Las aves no permanecen hacinadas ni encerradas en jaulas, sino que cuentan con espacio para desplazarse y acceso al exterior, donde pueden escarbar, buscar insectos, comer pasto y elegir dónde hacer sus nidos.
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“Lo que esto tiene de particular es el bienestar que tiene la gallina, la forma en la que vive: escarba, busca bichitos, come pasto y puede hacer su nido para poner el huevo. Eso le saca estrés”, explicó Iñaky.
Para el productor, hay una frase que sintetiza la diferencia que busca establecer el emprendimiento: “Acá la gallina es gallina y al pastorear y escarbar desparrama e incorpora sus heces al suelo cerrando un circulo virtuoso”, remarcó.
La posibilidad de desarrollar comportamientos naturales forma parte de la propuesta. “Acá, donde picotea afuera, la gallina elige qué comer”, señaló Teresa Bauzada, licenciada en Administración de Empresas, también propietaria de la granja.
Las aves se dividen en dos razas, Negras Inta y Lohmann Brown, que producen huevos con diferentes tonalidades de cáscara.
La alimentación también influye en las características del producto. En Amalur elaboran su propio alimento con cereales y productos cosechados en el establecimiento.
“Los pigmentos vienen del pasto, vienen del maíz”, explicó Iñaky, ingeniero agrónomo.
Un crecimiento sostenido
Después de las primeras 30 gallinas llegó la construcción del primer galpón, con capacidad para 300 aves.
El crecimiento estuvo acompañado por asesoramiento técnico y por la participación en un grupo de Cambio Rural, donde recibieron una recomendación que terminó marcando el rumbo de la producción: “Me dijeron: ‘Si vas a poner 100 gallinas, poné 300; es lo mismo’”, recordó.
El comienzo de esa primera etapa tuvo además una anécdota particular. “Tres días antes de que lleguen todas las gallinas me fracturé jugando al rugby. Y ahí arrancamos, sin saber nada”, contó Lecumberri.
La experiencia inicial implicó también aprender sobre el manejo de las aves. “La primera noche se nos murieron como 15, 20 gallinas debido a nuestra inexperiencia; se aplastaban, estaban asustadas”, relató.
A partir de entonces fueron incorporando conocimientos y ampliando las instalaciones hasta llegar a los cuatro galpones actuales.
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Para Teresa, el crecimiento siempre estuvo atravesado por dos objetivos: “Reducir costos y mejorar el bienestar de las gallinas”, sostuvo.
El nombre del emprendimiento también tiene una relación directa con la naturaleza. “Amalur era una diosa de la teología vasca, como la diosa de la naturaleza y de la Tierra, una especie de Pachamama, pero de la teología vasca”, explicó Iñaky.
Una producción con respaldo provincial
El desarrollo de la granja implicó también adecuar las instalaciones y cumplir con los requisitos establecidos para la habilitación.
Según explicaron sus propietarios, Granja Amalur es una de las primeras de la provincia de Buenos Aires habilitadas para este tipo de producción y cuenta además con un certificado de producción agroecológica.
“Tuvimos que ir modificando y adaptando un montón de cuestiones; por ejemplo los perimetrales, que son requisitos de la habilitación”, contó Iñaky.
Las condiciones de bioseguridad incluyen, entre otros aspectos, las distancias con otras granjas, la separación entre los gallineros y la cantidad de comederos/bebederos disponibles para las aves.
“Eso garantiza que los gallineros tengan los metros que las gallinas necesitan para estar tranquilas adentro sin estresarse”, explicó Teresa.
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“Cumplimos con todas las medidas de bioseguridad, la distancia con otras granjas, la distancia entre los gallineros, la cantidad de comederos por gallina”, agregó.
El emprendimiento articula además con Senasa, Bromatología y la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Unicen, en el marco del trabajo que desarrollan junto al grupo de desarrollo rural bonaerense.
“Recibimos un montón de estudiantes de Veterinaria, alumnos que están haciendo sus tesis y que vienen a hacer muestreos buscando bacterias o patógenos. Y la verdad que todos los resultados nos han dado impecable”, concluyó Iñaky.
Dónde conseguir los huevos pastoriles
Los huevos de Granja Amalur pueden conseguirse en OUI, la verdulería El Galpón, New Garden, Dietética Amapola, Granja Gardey, El Calabrés, Supermercados Monarca y la Cooperativa Obrera. La familia también realiza repartos a domicilio.
Para consultar disponibilidad, coordinar un retiro directamente en la granja o participar de una visita guiada, los interesados se pueden contactar al teléfono 249 420-9569.
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En Instagram, el emprendimiento se encuentra como: Granjaamalurtandil
La granja ya recibió visitas de establecimientos educativos con fines pedagógicos.
Así, el proyecto que comenzó con diez gallinas para el consumo familiar continúa creciendo como una propuesta de producción sustentable, con el bienestar animal como uno de sus principales pilares.
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