La actividad volvió a caer y crece el riesgo de que Argentina entre en recesión
La actividad cayó 2,9% mensual en julio y el segundo trimestre ya había cerrado en baja. La industria, el consumo y los ingresos muestran señales de debilidad, mientras un indicador de la Universidad Torcuato Di Tella ubicó en 82% la probabilidad de ingresar en una fase recesiva durante los próximos seis meses.
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La economía argentina acumuló en los últimos meses una serie de indicadores que volvieron a poner en discusión la marcha de la actividad y abrieron el interrogante sobre qué tan cerca está el país de ingresar nuevamente en una recesión.
El último dato que encendió las alarmas llegó de la mano del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE). Según informó el Indec, la actividad cayó 2,9% en julio respecto de junio, en términos desestacionalizados, mientras que registró una baja del 1,4% en comparación con el mismo mes de 2025.
El retroceso cobra especial relevancia porque se conoció después de que el Producto Interno Bruto (PIB) disminuyera 0,6% durante el segundo trimestre de 2026 frente a los primeros tres meses del año.
De esta manera, la recuperación que había mostrado la economía comenzó a exhibir signos de debilitamiento. El PIB había avanzado 0,7% durante el primer trimestre, retrocedió 0,6% en el segundo y julio, primer mes del tercer trimestre, comenzó con una marcada contracción mensual de la actividad.
Sin embargo, todavía no puede afirmarse que Argentina haya ingresado formalmente en una recesión. Una de las reglas habitualmente utilizadas para hablar de una "recesión técnica" es la existencia de dos trimestres consecutivos de caída del PIB desestacionalizado, por lo que los datos correspondientes al tercer trimestre serán centrales para determinar la profundidad y duración del retroceso.
Una probabilidad del 82%
Uno de los indicadores que puso el foco sobre ese escenario fue elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT).
Su Índice Líder, diseñado para anticipar cambios en el ciclo económico, estimó en agosto una probabilidad del 82% de ingresar en una fase recesiva durante los próximos seis meses.
El dato no significa que exista un 82% de probabilidades de que Argentina sea declarada formalmente en recesión bajo la regla de los dos trimestres consecutivos, sino que el indicador busca anticipar puntos de giro del ciclo económico.
El antecedente más cercano se produjo entre fines de 2023 y comienzos de 2024, cuando la economía atravesó varios trimestres de contracción antes de comenzar una recuperación. Durante 2026, sin embargo, esa mejora empezó a perder impulso.
Industria y capacidad instalada, en baja
Entre los indicadores que alimentan las señales de debilidad aparece la producción industrial manufacturera, que registró en julio una caída del 5% interanual.
Al mismo tiempo, la utilización de la capacidad instalada de la industria se ubicó en 58,2%, por debajo del 59,1% registrado durante junio.
La situación mostró importantes diferencias entre sectores. La metalmecánica operó utilizando apenas el 38,3% de su capacidad, mientras que la industria automotriz alcanzó el 39%, caucho y plástico el 40,2% y textiles el 45,3%.
En el otro extremo, la refinación de petróleo utilizó el 89,9% de su capacidad instalada, mientras que las industrias metálicas básicas llegaron al 71,8%.
El consumo tampoco logra recuperarse
Otro de los puntos que muestra dificultades es el consumo de los hogares.
Según datos de la consultora Scentia, las ventas de productos de consumo masivo retrocedieron 0,7% mensual y 1,5% interanual durante agosto, mientras que en los primeros ocho meses de 2026 acumularon una contracción del 2,7%.
Los números oficiales también reflejaron esa tendencia. Las ventas reales en supermercados disminuyeron 2,1% interanual durante julio y acumularon una caída del 2,7% en los primeros siete meses del año.
La evolución de los ingresos aparece como uno de los factores que puede ayudar a explicar esa debilidad.
El RIPTE, que mide las remuneraciones imponibles promedio de los trabajadores estables registrados, pasó de $1.510.680 en julio de 2025 a $1.946.028 en julio de este año, lo que representó una mejora nominal del 28,8%.
En ese mismo período, sin embargo, la inflación acumuló un 33,8%, por lo que el salario de referencia mostró una pérdida de poder adquisitivo frente a la evolución de los precios.
Desempleo y dificultades para pagar las deudas
El mercado laboral representa otro de los frentes a observar. La desocupación alcanzó el 7,9% durante el segundo trimestre de 2026, en un contexto en el que la pérdida de dinamismo de la actividad comienza a generar interrogantes sobre la evolución del empleo durante los próximos meses.
A esto se suma el crecimiento de las dificultades de las familias para cumplir con sus obligaciones financieras. En julio, la mora de los hogares alcanzó el 12,9% de los préstamos, un escenario que también puede condicionar la capacidad de consumo y el acceso a nuevo financiamiento.
La mirada del Gobierno
Desde el Gobierno nacional, sin embargo, plantearon una lectura diferente y señalaron que un dato mensual negativo no alcanza para determinar que la economía haya ingresado en una fase recesiva.
El ministro de Economía, Luis Caputo, destacó que el EMAE todavía muestra un crecimiento acumulado del 1,7% durante los primeros siete meses de 2026 frente al mismo período del año pasado.
Además, puso el foco en la medición de tendencia-ciclo, que busca reducir el impacto de movimientos circunstanciales y que registró una variación positiva del 0,2% mensual en julio.
Así, mientras distintos indicadores de industria, consumo, salarios y actividad muestran señales de debilitamiento, el Gobierno sostiene que todavía existen elementos que permiten interpretar el retroceso como una interrupción dentro del proceso de recuperación.
Agosto y septiembre, dos meses clave
Con el segundo trimestre ya cerrado con una caída del PIB y julio mostrando un fuerte retroceso mensual del EMAE, los datos correspondientes a agosto y septiembre adquirirán especial relevancia.
Si el tercer trimestre termina también con una contracción frente al período anterior, se cumpliría el criterio habitualmente utilizado para hablar de dos trimestres consecutivos de caída de la economía.
Por el contrario, una recuperación durante agosto y septiembre podría modificar el resultado del trimestre y reforzar la interpretación de que el descenso registrado entre abril y julio fue transitorio.
Por ahora, los números muestran una economía que perdió parte del impulso que había registrado anteriormente, pero todavía resta conocer la evolución de los próximos meses para determinar si esa desaceleración termina convirtiéndose en una nueva fase recesiva.
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