“Pienso, luego consumo”, la fórmula para elegir a conciencia y ser responsable con el medioambiente
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2022/03/consumo_responsable.jpg)
Comprar, usar, descartar; comprar, enchufar, prender; comprar, comer, tirar; comprar nuevamente y así funciona básicamente la rueda del consumismo, una práctica que se ha instalado hace décadas atrás, encantando a todo el mundo por la practicidad y facilidad en el ritmo diario, agilizando las rutinas, permitiendo el obtenerlo todo “ya”.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailAsí fue que la comida empaquetada, lista para llevar, fue ganando adeptos, las ropas, zapatos y bicicletas dejaron de repararse y casi todo se volvió “descartable”, Ni hablar de la tecnología.
Sin embargo, y por fortuna, de a poco se está intentando generar conciencia sobre las consecuencias de este mal hábito, ya que lamentablemente los recursos con los cuales se crean las cosas no son infinitos ni la mayoría de las adquisiciones son posibles de reciclar o reutilizar, por lo que tienen un impacto en el ambiente.
El 15 de marzo fue una fecha de doble celebración porque el consumidor y el consumo responsable comparten su día conmemorativo, y aunque eso suena antagónico, en realidad no es así. Mientras el primer término promueve los derechos a los consumidores, el segundo busca reflexionar sobre el nivel de consumo actual y su daño al medioambiente.
“Hábitat y Conciencia” se enfoca en el último punto porque apunta justamente a concientizar para mejorar la vida de los individuos como parte de una sociedad. Fomentar un consumo responsable es entender que los recursos naturales no son renovables y que las generaciones futuras deben tener las condiciones necesarias para poder vivir.
Elegir qué huella dejar
Es verdad que las personas tienen necesidades que cubrir, muchas de ellas básicas, otras no tanto y algunas no lo son en absoluto.
Es importante partir de la base de que prácticamente todo consumo genera residuos, tarde o temprano, o sea, todo lo que se compra genera impacto y por eso se dice que para ser un consumidor responsable es necesario hacerse una sola pregunta antes de adquirir algo, ya sea un bien, un servicio, un alimento: "¿realmente necesito esto?”.
Consiguiendo una respuesta sincera a este cuestionamiento, ya hay un gran trabajo de base logrado. A partir de ahí, se desprende otro tipo de análisis para obtener esas cosas que no se pueden evitar y tiene más que ver con elegir entre la gama de ofertas que propicia el mercado.
Si se trata de comida, siempre se prefiere volver a lo casero y más artesanal posible, pero se sabe que ya no es lo normal en el ritmo de vida actual. Entonces, es recomendable inclinarse por productos ecológicos, de producción local o de cercanía, alimentos de estación y lo menos industrializados, ya que además del empaquetado, estos últimos requieren de mayores procesos para su elaboración.
En caso de los artículos de producción masiva, más allá de considerar el precio o la calidad de acuerdo a cada uno, darle prioridad a aquellos que estén contenidos o confeccionados con materiales más reciclables, o menos contaminantes.
Y así sucesivamente, en cada aspecto de la vida es posible adoptar el camino a tomar, y decidir qué huella se elige dejar en el planeta y el ambiente en el que vivimos.
En ese sentido, es válido remarcar que la responsabilidad del consumidor no termina luego de adquirir algo y toda su planificación previa a conciencia, sino que hay muchas cosas que en algún momento dejan de ser útiles, cumplen su ciclo o se rompen.
Ahí, se abre paso a otro compromiso. Las segundas oportunidades en este aspecto valen mucho y reconvertir el uso de algo, reutilizando, es una gran opción. Asimismo resulta significativo donar algo que ya no queremos, regalarlo, venderlo, pero no tirarlo en la basura.
Si no hay opción y se necesita desechar, es importante tener en cuenta que muchas organizaciones se ocupan de reciclar por nosotros. En el caso local, están los distintos Puntos Limpios y la Cooperativa de Recuperadores Urbanos, en la que el trabajo de los cartoneros consiste justamente en reunir y separar una gran gama de materiales reciclables.
Mientras que, por otro lado, la reparación, arreglo, refacción, son de las buenas costumbres dejadas de lado y que suman mucho para cerrar el ciclo del consumo responsable.
Pequeños actos cotidianos
Luego de enumerar esas acciones más representativas, es preciso mencionar que hay otras que por pequeñas que parezcan, en el día a día tienen gran incidencia en el ambiente, en el uso que se hace de los recursos naturales y en las personas como seres responsables.
Así, vale la pena replantearse los actos tan cotidianos que a veces ni siquiera se cuestionan. Apagar las luces al dejar una habitación y desconectar los electrodomésticos que no se estén usando, así como recordar cerrar bien las canillas, no dejar correr el agua en vano y regar sólo cuando es necesario, son mínimas costumbres de las buenas a asumir.
Además, en lo posible, usar la bicicleta como medio de transporte y desenchufar los cargadores una vez llenada la batería. En todo momento se puede elegir, no hace falta incorporar todas las prácticas de una vez, pero conocerlas e ir implementando de a una, sin dudas dará un buen resultado.
El rol de las empresas
El compromiso no está solamente basado en la “pata” de quién consume, sino que hay parte de responsabilidad en quienes generan la oferta de artículos, sea de cualquier rubro. Por ejemplo, actualmente muchas empresas están comenzando a optar por envases de vidrio, en vez de plásticos, lo cual resulta valorable ya que de esta manera brindan un recipiente para reutilizar y generan menor contaminación. Es sabido que el vidrio se degrada casi diez veces más rápido que el plástico.
Así, más allá de la posibilidad de elegir en el mercado, se están viendo muchas marcas de indumentaria y calzado que prefieren confeccionar con telas recicladas, de hecho luego de lo que siempre fueron las ferias americanas, hoy en el mundo entero se percibe el auge de la “moda circular”.
Tres formas de consumir responsablemente
Consumo Ético, requiere introducir aspectos valorativos a la hora de consumir o de optar por un producto. Se hace especial énfasis en la austeridad, es decir, se trata de discernir entre las necesidades reales y las creadas por la publicidad que incentiva el consumo como forma de alcanzar la felicidad y el bienestar (consumismo). Esta mirada crítica lleva a una reducción en la cantidad de productos consumidos y por lo tanto disminuye el volumen de basura y la contaminación que se produce en la producción y el consumo.
Consumo Ecológico, que implica un circuito básico de producción a partir de la reducción, la reutilización y el reciclamiento de los distintos productos sociales. También se analizan los productos de origen orgánicos poniendo el acento en la generación de una agricultura y ganadería ecológicas, la opción por la producción artesanal, y todas aquellas formas de producción que no deterioren las condiciones del medioambiente.
Consumo Social o Solidario es el que tiene en cuenta las relaciones sociales y condiciones laborales en las que se ha elaborado un producto o brindado un servicio. Se podría incluir al comercio justo, el que propone acercar al productor con el consumidor final para eliminar las mediaciones que elevan los precios. Se trata de pagar lo justo por el trabajo realizado, tanto a los productores de las zonas periféricas como a los que están en nuestro ámbito local y de potenciar alternativas sociales de producción e integración, promoviendo un desarrollo equitativo y sustentable.