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DÍA DE LOS TRABAJADORES

Andrea Carrón, la fuerza y el desafío de dominar un trabajo históricamente masculino

En un ámbito de predominancia varonil como la plomería, esta mujer de 40 años de destaca por su capacidad de trabajo y por la singularidad de ser una de las pocas en el rubro. Tuvo que derribar prejuicios y dejar en claro que podía trabajar a la par de los hombres para hacerse un lugar. Hoy celebra poder vivir de su actividad y que se pueda visibilizar que hay oficios disponibles para las mujeres, aunque aún sean minoría.

El Eco

Parece mentira, a esta altura de la historia, tener que referir todavía ciertas actividades o trabajos como de “nicho” o genéricamente asignados.

En 2021, el hecho de que una mujer se dedique a tareas tradicionalmente masculinas sigue siendo noticia, porque incluso en la actualidad hay oficios y profesiones en los que predominan los hombres y la paridad de género está lejos de ser moneda corriente.

Por eso, Andrea Carrón es como un vaso de agua en medio del desierto, es el elemento disruptivo en un universo laboral dominado por varones. Ella tiene 40 años y la mitad de su vida se ha dedicado a trabajar como plomera y gasista, un oficio que tiene poca convocatoria  en el género femenino

En una charla con El Eco de Tandil, repasó su recorrido y compartió sus impresiones en torno su trabajo, en el que tuvo que pagar derecho de piso y soportar un escrutinio permanente, que se encargó de revertir con potencia de trabajo, y respeto por sí misma y lo que hacía.

Los inicios

Todo empezó en la crisis de 2001, cuando ante la falta de trabajo después de desempeñarse en el ámbito gastronómico, arrancó a trabajar con un amigo de su familia, plomero, de manera gratuita para una empresa.

“Trabajé gratis hasta que me contrataron. Me esforcé mucho y a fuerza de trabajo me tomaron como ayudante y con él empezamos a hacer distintos trabajos. Tuve la suerte de dar con alguien que me enseñó el oficio y seguí adelante, aprendí cada vez más. Después hice los cursos de gasista para sacar la matrícula  y siempre seguí. Lo he querido dejar y siempre vuelvo porque es lo que más me  reditúa”, contó Andrea.

Hasta noviembre del año pasado y durante una década, en paralelo, trabajó en un firma comercial haciendo ventas y a la tarde se dedicaba a la plomería. Pero la prosperidad de su oficio y la gran demanda, la llevaron a dedicarse de lleno a las obras y reparaciones.

Pero no lo hace sola, sino que tiene un emprendimiento junto a uno de sus hermanos, Iván. Con su hermano son una dupla laboral hace 10 años y comparten en igual medida las tareas y responsabilidades. Tienen su propia cartera de clientes y desde que empezaron no pararon más.

“Nos va bastante bien, son épocas difíciles y gracias a Dios trabajamos muy bien y es lo que más nos conviene”, señaló.

Demoliendo preconceptos 

Los prejuicios, lamentablemente, siempre están activos y más de una vez le ha sucedido de que la miren de arriba a abajo con  desconfianza, ante la sorpresa de encontrarse con una mujer en esa situación.

“Todo cambia cuando agarro las herramientas y me pongo a trabajar. Al hablar también se transmite el conocimiento y eso reivindica automáticamente. Hace mucho tiempo que hago esto, entonces puedo darme cuenta de los problemas y me gusta mucho explicar para que el cliente entienda bien lo que está pasando y lo que voy a hacer”, expuso.

Aunque la plomería y los trabajos de gasista no son un territorio que la mayoría de las mujeres sienta disponible, justamente por el constructo cultural de división sexogenérica del trabajo que supone que los hombres poseen mas capacidades para desarrollar ciertas tareas, muchas veces ligadas a la fuerza física o en otros casos a las ciencias llamadas duras, para Andrea el cuestionamiento pasó por otro lado.

Y así lo narró: “Vengo de una familia con tres hermanos varones y yo soy la menor. Mi papá siempre trabajó en el campo, con la leña, en parques y paseos, y nos llevó a todos a trabajar, a mi madre también. El trabajo está incorporado en mí desde siempre. Creo que el trabajo dignifica , no importa lo que hagas mientras te puedas valer por vos mismo, entonces venía con una costumbre de hacer cosas y me sentía capacitada. Lo primero que me plantee cuando empecé en la empresa  fue que iba a pensar mi mamá”.

La mirada de su madre era fundamental para ella y cuando le preguntó si le daba “vergüenza” que ella se dedicara a esas tareas, su mamá le contestó que no le importaba lo que hiciera, que era trabajo y estaba muy bien.

“Me dijo que yo sin trabajar no podía estar, que me iba a enfermar, y que si me servía y lo podía hacer, que siguiera adelante”, recordó con emoción.

Saber que se puede

Pese a haber estado rodeada siempre de una cantidad “importante” de hombres, según refirió, nunca le faltaron el respeto ni vivenció algún episodio de acoso.  Al contrario, aún  conserva un gran respeto y un trato cordial con trabajadores de obras con los que compartió labores en su momento.

“Sí tuve que pagar derecho de piso y al ser la única mujer tenia todas las miradas y la presión  en mí. Tenía que demostrar que podía trabajar como ellos, a veces me dolía tanto el cuerpo que lloraba de lo que me dolían los brazos, porque trabajaba por encima de mis posibilidades para que me tomen”, completó.

Es muy frecuente que las mujeres deban demostrar con creces que “sirven” para un trabajo y las exigencias a veces son muy superiores a las que tienen su colegas hombres.

“Me acuerdo que en ese entonces el capataz me dijo que por cómo  trabajaba yo, tendría  que haber echado ‘a más de un inútil  acá’ y me contrató. Para mí era la gloria aunque ganaba muy poco”, detalló.

Y finalizó: “Pienso que la mejor forma de imponerse es trabajar. Agora que el feminismo está con mucha más fuerza creo que todo el tiempo he estado trabajando para esto, para ser reconocida en silencio por mi trabajo, por mostrar que se puede hacer esto, que es algo disponible para las mujeres, que tenemos las mismas capacidades que los varones”.

Como alguna vez escribió el poeta español Antonio Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. De eso sabe mucho Andrea, que con el empuje de su convicción y de su valía tiró abajo todos los obstáculos para hacer su propio camino y mostrar que hay muchos caminos disponibles más  allá de lo que dicten las costumbres y convenciones.

Está el camino, y nada más.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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