Camino Real: un recorrido por la historia y los paisajes de la provincia de Buenos Aires
El antiguo corredor que unió Buenos Aires con el Alto Perú conserva su legado en pueblos, estancias y caminos rurales.
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Hay caminos que trascienden las distancias y se convierten en parte de la historia. El Camino Real, el antiguo corredor que durante siglos conectó Buenos Aires con el interior del continente, sigue dejando huellas en la provincia a través de pueblos, postas, estancias y paisajes que conservan buena parte de la identidad de la época colonial.
Más que un itinerario turístico, se trata de un recorrido que invita a descubrir cómo se fue construyendo el territorio bonaerense. A lo largo de su trazado sobreviven caminos rurales, cascos históricos y pequeñas localidades donde el pasado todavía forma parte de la vida cotidiana.
El Camino Real al Alto Perú, oficializado en 1663, fue una de las principales vías de comunicación y de intercambio económico, político y cultural entre el puerto de Buenos Aires y Lima. Sin embargo, su origen es aún más antiguo.
“No está muy en claro la antigüedad del trazado porque, aparentemente, es un camino abierto por pueblos indígenas que después, durante la etapa colonial, se fue utilizando para el traslado principalmente de Potosí a Buenos Aires y además como vía de acceso y comunicación”, explicó Federico Suárez, historiador de Luján.
En territorio bonaerense, el recorrido unía la ciudad de Buenos Aires con Luján y continuaba hacia San Antonio de Areco para luego dirigirse al norte por caminos secundarios que conectaban con postas estratégicas, como Cañada de Rocha y San Nicolás de los Arroyos, fundamentales para el transporte fluvial hacia el Litoral.
Además de facilitar el intercambio de productos como cueros, plata y sal, el Camino Real fue escenario de acontecimientos que marcaron la historia argentina. Por allí transitaron correos, comerciantes, tropas y viajeros, pero también figuras como Manuel Belgrano y José de San Martín rumbo al norte durante las campañas por la independencia.
“Es el camino de la independencia. Todos los que fueron a pelear al Ejército del Norte o al Alto Perú transitaron este camino”, señaló Suárez.
Un recorrido que aún puede descubrirse
Aunque el trazado original presenta algunas incertidumbres, todavía es posible seguir gran parte de su recorrido a través de rutas y caminos actuales.
“En la provincia de Buenos Aires el recorrido exacto del Camino Real es bastante confuso. Saliendo de Capital Federal podemos señalar a la avenida Rivadavia como la senda más aproximada para luego rumbear al oeste por su continuación -la antigua Ruta Nacional 7-, que atraviesa el conurbano junto al Ferrocarril Sarmiento hasta llegar a Luján. Desde allí, hacia el norte y por caminos rurales paralelos a las rutas nacionales 8 y 9, se alcanza San Antonio de Areco y luego se continúa por el trazado de la vieja Ruta 9 hacia Córdoba y Santiago del Estero”, detalló el investigador.
Quienes decidan recorrer este itinerario encontrarán localidades donde la historia no permanece únicamente en los museos. Luján, San Andrés de Giles, San Antonio de Areco, Baradero, San Pedro, Arrecifes, Pergamino, Ramallo y San Nicolás forman parte de un corredor en el que iglesias, postas, antiguas estancias y edificios históricos conviven con la actividad cotidiana de sus habitantes.
El valor de los desvíos
Uno de los mayores atractivos del Camino Real aparece justamente fuera de los circuitos tradicionales. A pocos kilómetros del recorrido principal surgen pequeños pueblos que conservan plazas tranquilas, almacenes de ramos generales convertidos en bares, antiguas pulperías y celebraciones populares que mantienen vivas las tradiciones criollas.
El paisaje también es protagonista. Campos abiertos, arboledas centenarias, arroyos y extensas llanuras acompañan el viaje y ayudan a imaginar una época en la que los desplazamientos se realizaban a caballo y las postas eran indispensables para continuar el camino.
En tiempos en que los viajes suelen medirse por la rapidez con la que se llega al destino, el Camino Real propone una experiencia diferente. Más que una ruta, es una invitación a recorrer la historia bonaerense a través de los lugares donde todavía permanecen las huellas de uno de los caminos más importantes de la época colonial.
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