Gitanjali Rao, la primera “Niña del Año” de la revista Time
La revista Time nombró por primera vez a su "Niño del año" y la galardonada es una adolescente científica e inventora que quiere inspirar a los demás para "resolver los problemas del mundo".
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A sus 15 años, Gitanjali Rao ha inventando distintas tecnologías, incluyendo un instrumento que puede identificar contenido de plomo en agua potable y una app que utiliza la inteligencia artificial para detectar ejemplos de ciberacoso.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailFue elegida entre 5.000 nominados en Estados Unidos. “Si yo puedo, tú puedes, todos podemos”, declaró.
En una entrevista en la revista Time con la actriz involucrada en causas humanitarias Angelina Jolie, Rao reconoció que no se parece al “típico científico”. “Todo lo que veo en la televisión es que es un hombre mayor, generalmente blanco”, aseguró.
Sobre cuándo le empezó a gustar la ciencia, no pudo nombrar un momento en concreto, pero explicó que tenía unos 10 años cuando le dijo a sus padres que quería investigar la tecnología de sensores basados en nanotubos de carbono, a lo qué su madre respondió algo así como: ´¿Una qué?´”.
Se trata de unas moléculas cilíndricas que están hechas de átomos de carbono y son muy sensibles a cambios químicos.
“Mi objetivo ha cambiado, realmente, y no solo es crear mis propios instrumentos para solventar los problemas del mundo, sino también inspirar a los demás para que hagan lo mismo. Porque, por mi propia experiencia, no es fácil cuando no ves a otros que sean como tú”, dijo.
Joven mentora
Rao, quien vive en el estado de Colorado, Estados Unidos, cree que hay muchos problemas por resolver. “Nuestra generación se enfrenta a tantos problemas que nunca hemos visto antes. Y, al mismo tiempo nos enfrentamos a problemas antiguos que todavía existen”, le dijo a Time.
“Estamos aquí en medio de una nueva pandemia global, y todavía nos enfrentamos a problemas de derechos humanos. Hay problemas que no creamos pero que ahora tenemos que resolver, como el cambio climático y el ciberacoso, con la introducción de tecnología”.
Rao fue previamente nombrada “mejor científica joven de Estados Unidos”, cuando tenía 11 años, por inventar un test rápido y de bajo coste para detectar plomo en agua contaminada.
En su corta vida ya ha sido mentora de 30.000 estudiantes. “Espero de verdad que todo el trabajo que estos chicos están haciendo identifique la innovación como una necesidad, y no como algo que es una opción”, declaró en la entrevista con Jolie.
La revista Time empezó a nombrar a su “Hombre del año” en 1927, actualizado luego a “Persona del Año”.
El año pasado Greta Thunberg, la escolar sueca que inspiró un movimiento global para luchar contra el cambio climático, se convirtió en la persona más joven en ser nombrada por la revista. Time aseguró que el “Niño del Año” es un “barómetro sobre los líderes emergentes de la generación estadounidense más joven”.
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(secundaria)
“No podemos salvar nuestra privacidad”
Es profesor de Filosofía en el Maryland Institute College of Art (Estados Unidos) y empezó a trabajar en su libro sobre la privacidad en el mundo digital con la idea de defender la importancia social de este valor. A medio camino se dio cuenta de que, en realidad, no era capaz de definir qué es la privacidad ni tampoco de explicar con precisión por qué es tan fundamental.
Y se encontró con la paradoja de que, aunque se suele pensar en ella como un pilar de nuestras sociedades, en la práctica la mayoría de la gente está dispuesta a ceder sus datos en Internet a cambio de un descuento en el supermercado.
Con este punto de partida, se lanzó a examinar si la privacidad es esencial para una sociedad democrática y plasmó sus originales ideas en su libro “Life After Privacy: Reclaiming Democracy in a Surveillance Society” (el libro no ha sido aun traducido al español, pero su título se podría traducir como “La vida después de la privacidad: reclamando la democracia en una sociedad de la vigilancia”).
En él, tras hacer una minucioso repaso de numerosos ejemplos de cómo hemos perdido nuestra privacidad digital -y nuestra capacidad de defendernos de los que recopilan y analizan nuestros datos y metadatos en Internet- concluye que la privacidad no es esencial para la democracia. A continuación, un extracto de sus conclusiones:
La privacidad no tiene una fecha de nacimiento muy clara y simple. Se puede ver esta idea emergente en la Cristiandad, por ejemplo, en el Evangelio. Hay algunos pasajes que sugieren que es importante para la fe religiosa.
Y luego en los siglos XVII y XVIII se empiezan a ver menciones, aunque no del todo articuladas. Pero creo que lo que realmente explica la creciente apreciación [social] de la privacidad es el desarrollo de la clase media y de la riqueza.
Soy un filósofo político. Yo empecé desde la posición de defender la privacidad, iba a escribir un libro en defensa de la privacidad. El proyecto empezó en diálogo con mis estudiantes, tras el asunto de Edward Snowden cuando reveló que la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos llevaba a cabo un espionaje masivo de los ciudadanos estadounidenses. Y yo les decía a mis alumnos: “Es horrible, ¿verdad?”. Pero ellos no lo veían así.
Así que pensé: tengo que escribir un libro para explicar por qué esto es importante. Pero cuanto más veía las investigaciones disponibles, más me daba cuenta de que esto era imposible.
No hay forma en que podamos salvar la privacidad. Así que voy a intentar entender cómo puede sobrevivir sin ella la democracia. Y luego miré un poco más allá y me di cuenta de que la democracia nunca ha necesitado la privacidad.
Y esto se volvió evidente para mí en dos aspectos. Por un lado, como filósofo, estudié la noción de privacidad: ¿puedes siquiera definirla y defenderla? Y concluí que no, gracias sobre todo al filósofo británico Isaiah Berlin, que me ayudó mucho a entender que no puedes definir la privacidad, es indefinible.
Y, como explico en el libro, es un concepto incoherente. Y te voy a dar un ejemplo. Yo te acabo de argumentar que en la medida en que respetamos la privacidad, es por cuestiones económicas.
Pero para muchos historiadores y pensadores políticos, esto no es del todo aceptable, porque te dirían que la revolución y la democracia estadounidenses se fundaron sobre la defensa de la privacidad.
Y hay un buen argumento: los colonos estaban defendiendo su privacidad frente a los soldados británicos, que estaban invadiendo su propiedad para imponer tasas o estaban acuartelando sus soldados en casas americanas.
Esto es cierto. Pero lo que muchos no saben es que la palabra privacidad no sale mencionada ni una vez en nuestra Constitución. Así que esta institución supuestamente profundamente americana y tradicional no es mencionada ni una sola vez.
El derecho a la privacidad se articula con frecuencia como el derecho a no ser juzgado por los ojos de otros, de estar libre de su coerción.
Pero, cuando caminas solo, todavía llevas el recuerdo de esos juicios contigo. Así que lo que acabé determinando es que la privacidad depende en gran medida de uno mismo, del individuo, si sientes o no el juicio de otra gente. Así que algo objetivo se vuelve subjetivo, varía.
Y pensando en términos de la era digital, sobre los anunciantes, nos siguen online y la preocupación es que nos van a manipular. Bueno, pues alguna gente van a resistir esta manipulación muy fácilmente, y otros no.
¿Y dónde está la frontera entre los esfuerzos extremos por manipularnos y los que son más modestos? Parece imposible decirlo. Si eres o no manipulado tiene poco que ver con los esfuerzos de manipulación y más contigo mismo.
Berlin lo llamaba el área de no interferencia. ¿Y quién permite esta interferencia? Sobre todo, yo mismo.
Lo cual me lleva a otro punto: una de las cosas con las que me enfrenté en el libro es que la privacidad es un valor muy extraño porque la gente parece saber lo que es, parece respetarlo, pero su comportamiento es totalmente el contrario.
Lo cual me hace llegar a la conclusión de que no creo que a la gente le importe mucho la privacidad, para nada.
Lo que es interesante de esta época digital es que nuestros espías no tienen que esforzarse mucho para saber sobre nosotros. Les estamos dando todo. Vivimos nuestras vidas como un libro abierto.
Mucha gente no puede decirme por qué la privacidad es importante. Lo mejor que te dicen es que las invasiones de la privacidad son “creepy”, un término muy ambiguo [en español podría traducirse como horripilante].
No dice nada, no dice que algo esté mal. A la gente la cuesta mucho articular qué es la privacidad. Y creo que se debe a que es una institución muy incoherente.
