La ONU advierte por la intensificación del fenómeno de El Niño y su impacto en la Argentina
La Organización Meteorológica Mundial confirmó que el fenómeno climático se fortalece rápidamente, lo que incrementa el riesgo de lluvias intensas y crecidas en diversas regiones del país.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó que el fenómeno de El Niño se está intensificando con rapidez en el Pacífico oeste. Según las previsiones del organismo, esta trayectoria se mantendrá durante el período de agosto a octubre, con impactos globales que se extenderían desde el final del invierno hasta marzo de 2027.
Celeste Saulo, secretaria general de la OMM y exdirectora del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), advirtió sobre la particularidad de este episodio.
El Niño es uno de los fenómenos climáticos más monitoreados del mundo. Pero los pronósticos, por sí solos, no previenen los peligros; las personas sí. El desarrollo de este El Niño, en un contexto de calor oceánico sin precedentes y temperaturas en aumento, brinda a gobiernos y comunidades una ventana de oportunidad para anticipar riesgos y actuar antes de que se manifiesten los impactos.
El fenómeno, que se ve potenciado por los efectos del cambio climático, presenta una probabilidad muy alta de registrar temperaturas superiores al promedio en gran parte de las áreas continentales. En la Argentina, los efectos varían según la zona: en el Litoral, la Cuenca del Plata y gran parte del centro del país, se espera un aumento en las probabilidades de lluvias, elevando el riesgo de crecidas e inundaciones. Por otro lado, en Cuyo, el fenómeno podría contribuir a disminuir una sequía prolongada de más de 15 años.
El origen del fenómeno
Pedro Di Nezio, meteorólogo especializado y actual director del Servicio Meteorológico Nacional, explicó que El Niño surge de la interacción entre el viento y el océano. Los vientos alisios, que normalmente circulan de este a oeste, se debilitan y generan fluctuaciones que calientan el agua por debajo de la superficie.
Para que el fenómeno se consolide, el experto señaló que deben ocurrir dos o tres fluctuaciones de este tipo para que, al llegar junio, el calor acumulado ascienda a la atmósfera. Este proceso genera un efecto de bucle donde el calor del océano debilita los vientos, calentando aún más el agua y la atmósfera en un ciclo continuo.
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