A poco más de 10 años de la creación de los Punto Limpio, Tandil sigue debatiendo la separación de residuos
El Eco consultó a organizaciones ambientalistas y a funcionarios municipales por la función actual de los Punto Limpio.
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Fue hace poco más de diez años cuando se inauguró en Tandil la primera estación de Punto Limpio. En el presente, el proyecto se amplió (hay ocho estaciones fijas, once barriales, una móvil y doce espacios en escuelas), pero en torno a su función también existe un debate: desde el Municipio impulsan y destacan la política pública, mientras que organizaciones ambientalistas también marcan la necesidad de que evolucionen en plantas de procesamiento.
En paralelo, existe una ordenanza de gestión de residuos (17961/2023) que fue aprobada en el año 2023 pero que nunca se implementó. El relleno sanitario se encuentra al límite de su capacidad: contaba con espacio hasta diciembre pasado, pero se amplió hasta febrero próximo. El nuevo relleno sanitario ya tiene un lugar asignado, y hubo una audiencia pública a nivel provincial sobre el estudio de impacto ambiental del proyecto.
En el marco de la gestión de residuos en la ciudad, una de las políticas públicas activas son las estaciones de Punto Limpio. Por el tema fueron consultados el director de Ambiente del Municipio –Nicolás González-, y María José Abásolo, referente de la organización Punto Verde Tandil.
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Uno de los aspectos del debate es la de la recepción de materiales. Los Punto Limpio destinan a una empresa quilmeña gran parte de lo que reciben, mientras que otra parte se deriva a organizaciones que comercializan esos materiales. Por tal motivo, explicaron, el valor de mercado determina que se recepcione tal o cual material. A su vez, señalaron que la función de las estaciones va más allá de la separación de residuos, ya que cumplen una función pedagógica.
Por su parte desde la ONG –impulsora de los Punto Limpio- plantearon una diferencia. Que a más de 10 años de su creación, estos lugares no hayan evolucionado a ser plantas de procesamiento más que de recepción.
“Cuando cae el valor de mercado no es hora de enterrar un material en el relleno, sino que sería hora de impulsar proyectos locales que los procesen”, consideraron desde Punto Verde. Por ese motivo, señalaron la necesidad de acercar a las personas a estos espacios, sumar más estaciones y aumentar la recolección.
Un principio de solución, indicaron desde la organización, es el trabajar en pos de generar “el cambio cultural necesario para reducir en origen, porque el 50 por ciento de la basura es orgánica (compostable), el 25 por ciento es reciclable y el resto descarte”.
Generar un espacio de fomento de la separación
Desde Ambiente del Municipio señalaron que las estaciones de Punto Limpio son una política pública ambiental cuya función excede a la separación de residuos: “Es una política pública que conecta diferentes conceptos como la separación en origen, la recuperación de materiales, la economía circular, la educación ambiental, la generación de trabajo directo e indirecto, con inclusión social”, indicaron.
Por ese motivo, sostuvo el director de Ambiente, el desafío del área es el de “generar espacios donde se fomente, la separación en origen, se disminuyan los residuos generados en nuestros hogares, promover la economía circular con las instituciones y entre las instituciones y comprometer a la ciudadanía, porque el cuidado del ambiente es responsabilidad de todos”.
Con respecto a los materiales que actualmente se recepcionan, precisó que son plásticos (botellas y duros), papel, cartón, latas, aerosoles, (aluminios), tetra brick, vidrio, lonas, telas tipo rompevientos y telgopor.
Sin embargo explicó que la recepción es variable. “A lo largo de estos diez años, tanto las instituciones con las que hemos trabajado como los materiales han ido variando y eso tiene que ver en muchos casos con la sostenibilidad económica de los proyectos o de la logística de comercialización que están en su mayoría atadas a las políticas nacionales”, sostuvo.
Puso de ejemplo proyectos que se desarrollaron, se modificaron y finalizaron, como el caso de las “Botellas de Amor” que luego tomó una empresa local que tampoco tuvo continuidad. “Actualmente estamos trabajando con el Taller protegido para que esos plásticos podamos recuperarlos, pero lo cierto es que no todos los plásticos se reciclan”, señaló González.
Cuando las condiciones en torno a los materiales cambian –por valor de mercado, logística, costos o posibilidades de procesamiento-, revisan la recepción de los mismos para encontrar “qué otras posibilidades hay antes de finalmente enviarlos al relleno sanitario”. Uno de los materiales que tuvo una revisión fue el del vidrio que, precisó, actualmente no cuenta con valor de mercado.
Consultado por si existe una política de disminución cuantificable de toneladas a destinar al relleno sanitario, el director de Ambiente planteó que “ese fue uno de los objetivos desde la creación del primer Punto Limpio en el 2015”. Marcó al respecto que los Punto Limpio fueron la política a partir de la cual se trabaja en la concientización de la comunidad en cuanto a hábitos de consumo, en charlas en colegios y otras iniciativas. Se hace en base a dos premisas: “el mejor residuo es el que no se produce”, y “todo junto es basura, pero separado son un recurso”.
Por la recolección diferenciada
María José Abásolo es referente de Punto Verde Tandil, una organización de amplio recorrido y compromiso con políticas ciudadanas ambientales en la ciudad. Trabajan con composteras comunitarias, charlas en establecimientos y la promoción de iniciativas para la separación de residuos, como las estaciones de reciclaje que junto al Municipio comenzaron a instalar en plazas locales.
Consultada sobre los Punto Limpio, Abásolo recordó que se trata de una política que surgió a raíz de un proyecto presentado por la organización en 2014, como espacios donde concentrar la recepción de materiales reciclables que puede demandar una institución o empresa.
“Si no hay demanda de un material el Punto Limpio deja de recibirlo porque no se plantearon como objetivo estimular el reciclaje, sino recibir lo que pidan”, explicó la referente.
“Siempre hubo materiales con mercado como papel, vidrio, botellas plásticas o metales. Materiales difíciles de reciclar pero con algún proyecto puntual que los demandó y luego no continuó como los sachet”, planteó.
Agregó al respecto que desde Punto Verde han buscado “poder reciclar materiales difíciles”, y por ese motivo crearon el proyecto Telgobit – de molienda de telgopor-, que llevaron a cabo en diferentes Punto Limpio.
“Nos entusiasmamos con agregarle procesamiento al Punto Limpio, convertirlo en un espacio activo y fue así como construimos una moledora de vidrio, porque el vidrio molido puede usarse para la construcción. También una prensa hidráulica, enfardábamos botellas plásticas, y plásticos duros para enviar a reciclaje”, contó.
Pese a los avances con la propuesta, con trámites para que la OPDS habilite los espacios para contar con certificación provincial, tras un cambio de gestión en la Dirección de Ambiente municipal “se canceló el convenio que teníamos solicitándonos que buscáramos lugar para mudarnos. Toda nuestra actividad generaba un stock molesto visualmente para un Punto Limpio”, sostuvo.
Más allá de la no continuidad de dicho proyecto, el principal planteo de Punto Verde tuvo que ver con la función actual de los Punto Limpio: “Cuando cae el mercado no es hora de enterrar el material en el relleno, sino seria hora de impulsar proyectos locales que lo procesen”, consideraron desde la organización.
Como “la concepción de los Puntos Limpios es la recepción y no el procesamiento”, desde la ONG consideraron que dicha política “sería más interesante para que se aprovecharan para convertirse en mini plantas de reciclaje combinado con muchos contenedores distribuidos”, según explicaron
“Los Puntos Limpios barriales es lo más parecido a recolección diferenciada y es hora de que los impulsen a toda la ciudad”, señaló Abásolo para luego agregar que dicha política ambiental cuenta con una falencia central: “Falta que el gobierno local defina un objetivo cuantificable en cuanto a bajar toneladas con destino al relleno sanitario en un cierto plazo. En una campaña, el intendente prometió premios a quienes llevaran reciclables, y se comenzó con la construcción de balanzas, pero no llegó a implementarse”.
Abásolo concluyó recordando que en 2023 se aprobó la ordenanza de Gestión de Residuos Sólidos Urbanos de la que fueron parte de las mesas de trabajo para elaborarla. “¿Qué espera el Ejecutivo para reglamentarla?”, cuestionó.
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