Adoquines en Tandil: entre el reclamo por el estado de las calles y la defensa del patrimonio
Un video viral en Instagram reavivó la vieja discusión sobre el empedrado en la ciudad. Mientras algunos defienden el valor patrimonial y la historia de los picapedreros, una gran mayoría reclama por el deterioro de los vehículos y la seguridad vial.
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Basta con una imagen de una calle céntrica o una toma a ras del suelo para que la "grieta" tandilense vuelva a abrirse. Esta vez, un reel publicado por un local gastronómico en la red social Instagram fue el disparador que expuso, una vez más, el descontento y la pasión que despiertan los adoquines en Tandil. La publicación, que acumula miles de vistas, se convirtió rápidamente en un muro de lamentos, nostalgias y reclamos cruzados.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa premisa es conocida por cualquier conductor local: circular por ciertas arterias céntricas se ha convertido en una prueba de resistencia para la mecánica vehicular. Sin embargo, el debate que se lee en los comentarios va mucho más allá de un bache; toca las fibras de la identidad serrana.
"Una montaña rusa"
El bloque mayoritario de comentarios apunta directamente al bolsillo y la seguridad. "Rompe todo el tren delantero, es insostenible", señala uno de los usuarios más votados, reflejando el sentir de remiseros, taxistas y conductores particulares que transitan la ciudad a diario.
La crítica no es solo hacia la piedra en sí, sino hacia el estado de mantenimiento. Los vecinos denuncian desniveles pronunciados, pozos disimulados entre las rocas y zonas donde el pavimento ha cedido por el peso de los colectivos. "Tandil es hermosa, pero manejar acá es subirse a una montaña rusa", ironiza otro comentario, mientras que los motociclistas agregan un factor de riesgo extra: "Los días de lluvia son una trampa mortal, parecen jabón".
El legado de los picapedreros
En la vereda de enfrente, resisten los defensores del patrimonio. Para este grupo, el adoquín no es solo pavimento, es la historia viva de Tandil y el legado de los picapedreros que forjaron la identidad de la ciudad.
"Si sacan los adoquines, Tandil pierde su alma", argumentan los conservacionistas. Muchos usuarios citan ejemplos de ciudades europeas donde el empedrado convive con la modernidad, sugiriendo que el problema no es el material, sino la falta de oficio para mantenerlo o recolocarlo correctamente. "El adoquín es eterno si se sabe poner, el asfalto dura dos años y se llena de baches", sentencian.
Un problema de fondo
Lo que las redes sociales dejan al descubierto es la falta de un punto medio. Entre quienes piden asfaltar todo para modernizar la circulación y quienes exigen protección absoluta, surge una realidad técnica: el mantenimiento del empedrado es costoso y artesanal, un oficio que escasea.
Mientras tanto, la publicación sigue sumando interacciones. Para el turista, una foto pintoresca; para el vecino, un dolor de cabeza o un orgullo histórico. La discusión sobre qué hacer con las calles de Tandil sigue abierta, y por lo visto en las redes, está lejos de alisarse.