Alimentación en la infancia y adolescencia: desde el SISP brindaron las claves de una buena nutrición
La licenciada en Nutrición Florencia Migliano compartió recomendaciones para acompañar a niños y adolescentes en la construcción de hábitos alimentarios saludables, promoviendo el equilibrio y evitando restricciones o etiquetas.
:format(webp):quality(60)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/florencia_migliano.webp)
La alimentación durante la infancia y la adolescencia no se limita al aporte de nutrientes. También interviene en la construcción de hábitos, vínculos y autonomía que pueden acompañar a las personas durante toda la vida. En este sentido, desde el Sistema Integrado de Salud Pública (SISP) de Tandil, la licenciada en Nutrición Florencia Migliano brindó herramientas para acompañar a niños y adolescentes en el desarrollo de una relación equilibrada con la comida, evitando restricciones y etiquetas.
"Si solo pautamos la alimentación en relación a lo que es sano y no es sano estamos estigmatizando los alimentos. Tenemos que lograr que los chicos entiendan que pueden comer de todo, de manera equilibrada", explicó la profesional.
Para alcanzar una alimentación variada, resulta fundamental incorporar diferentes grupos de alimentos y asegurar la mayor cantidad posible de nutrientes. Entre ellos se encuentran las verduras, frutas, aceites y grasas, cereales y, cuando sea posible, sus versiones integrales, que aportan fibra y favorecen la saciedad. En el caso de las proteínas, además de las carnes, pueden incorporarse huevos, lácteos y legumbres, alimentos que permiten elaborar tanto preparaciones saladas como dulces.
Las claves de una buena alimentación
Migliano destacó que uno de los principales objetivos consiste en transmitir a las familias que la comida cumple diferentes funciones y no debe ser asociada exclusivamente con la nutrición. "El alimento también es una fuente de placer. De ese modo, logramos mejorar el vínculo con los alimentos sin estigmatizar ninguno", sostuvo. En este sentido, la especialista advirtió que las restricciones excesivas pueden llevar a que los niños identifiquen determinados alimentos como "malos o prohibidos", una concepción que eventualmente podría favorecer conductas alimentarias poco saludables.
La alimentación también debe acompañar la práctica de actividad física. En esos casos, es importante contemplar el momento en que se realiza el ejercicio y optar por alimentos como frutas, verduras y fuentes de proteínas provenientes de lácteos, huevos o carnes. La hidratación constituye otro aspecto fundamental: los niños y adolescentes deben contar siempre con una botella de agua, especialmente durante la jornada escolar.
Uno de los temas que suele generar consultas es la incorporación de nuevos alimentos. Al respecto, Migliano remarcó que los cambios de hábitos requieren tiempo y paciencia. "Lo primero que vamos a escuchar es 'no quiero, no lo conozco, no me gusta' y ante esa situación tenemos que explicar que es un alimento necesario y que no siempre nos tiene que fascinar lo que comemos. Nunca vayamos con la obligación ni con la presión sino ofreciendo el alimento nuevo junto a otro que ya sea de su agrado. La alimentación nunca es premio y castigo, es una necesidad", afirmó.
El desafío de preparar la vianda
Durante la etapa escolar, la planificación de las comidas representa otro aspecto importante. Una de las estrategias recomendadas por la especialista es involucrar a los chicos en la preparación de la vianda y ofrecerles distintas alternativas dentro de un mismo grupo de alimentos, para que puedan participar de la elección.
También es posible incorporar variedad a partir de preparaciones conocidas. Una milanesa, por ejemplo, puede rebozarse con avena y semillas, además del tradicional pan rallado, para sumar otros alimentos a la preparación habitual.
Adolescencia y mensajes erróneos sobre la alimentación
En las consultas con adolescentes, Migliano señaló que es frecuente encontrar información equivocada acerca de qué significa llevar una alimentación "sana". La circulación de contenidos en redes sociales puede llevar a eliminar alimentos importantes o adoptar prácticas restrictivas con el objetivo de modificar el cuerpo.
"Empiezan a querer modificar su cuerpo con recetas mágicas, trastocando los hábitos alimentarios", señaló la profesional. En este contexto, también advirtió que la rigidez extrema puede favorecer la aparición de trastornos de la conducta alimentaria, entre ellos los atracones, que pueden estar relacionados con períodos prolongados sin comer.
El acompañamiento familiar continúa siendo importante incluso cuando los chicos adquieren mayor autonomía. En este sentido, Migliano propone que los adultos enseñen habilidades que permitan avanzar progresivamente hacia la independencia, como cocinar, pero sin delegar de manera absoluta todas las decisiones alimentarias: “Como padres tenemos aún muchas estrategias que darnos inclusive cuando los chicos van creciendo y ganando autonomía. Una de ellas es enseñarles a cocinar sin dejar todas las decisiones en sus manos, manteniendo en la heladera opciones con buen perfil nutricional para que, a la hora del hambre, no sea el paquete de galletitas lo único disponible”.
Construir una relación saludable con la comida requiere tiempo y acompañamiento. Enseñar que no todos los alimentos tienen que gustar, pero que cumplen distintas funciones; reconocer el lugar del disfrute y, al mismo tiempo, la importancia de la nutrición; y evitar las restricciones innecesarias son parte de un proceso que se construye desde los primeros años.
Con información adecuada y acompañamiento profesional, las familias pueden favorecer desde la infancia un vínculo equilibrado con los alimentos, basado en la variedad, la autonomía y el disfrute, y que pueda sostenerse a lo largo de la vida.
Más de 144 años escribiendo la historia de Tandil