Cada vez más trabajadores piden ayuda alimentaria en los comedores
La creciente demanda refleja una realidad donde familias con empleo ya no logran cubrir sus necesidades básicas.
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La situación social en Tandil atraviesa un momento crítico, marcado por un incremento sostenido en la demanda de asistencia alimentaria que ya no distingue entre desocupados y trabajadores con empleo formal.
Referentes de comedores comunitarios, junto a la concejal Stella Maris “Cacha” Cena y la secretaria de Desarrollo Humano, Juliana Teerink, brindaron un panorama detallado sobre el impacto de esta crisis en la comunidad local, donde el acceso a un plato de comida se ha vuelto una urgencia cotidiana para cientos de hogares que, hasta hace poco tiempo, lograban sostenerse por sus propios medios.
Paola Quero, quien gestiona el comedor Los Tatú, describió con crudeza la realidad que observa diariamente. Según su testimonio brindado a El Eco de Tandil, la complejidad del escenario radica en que el trabajador formal, aquel que cuenta con un empleo registrado, se ve obligado a recurrir por primera vez a un comedor ante la imposibilidad de afrontar los costos de vida.
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Muchos trabajadores deben elegir entre pagar el alquiler y los servicios básicos o comprar alimentos, lo que los empuja a buscar viandas. Este fenómeno ha generado un aumento en el espacio que funciona en el barrio La Movediza de casi el 50 por ciento en la demanda en comparación con el año anterior, pasando de 40 a 62 familias asistidas.
La logística para sostener esta asistencia se ha vuelto un desafío constante. Ante la interrupción de los recursos provenientes de Nación, los comedores dependen exclusivamente del esfuerzo de la comunidad, el apoyo del Municipio y la articulación con el Banco de Alimentos.
La necesidad de racionar proteínas, como la carne, y recurrir a alternativas como la soja deshidratada para estirar las porciones, es una realidad compartida por quienes trabajan en la primera línea de la contención social. La solidaridad de vecinos y organizaciones locales resulta, en este contexto, un pilar fundamental para evitar el colapso de estos centros.
El impacto en los barrios y la respuesta estatal
Por su parte, Mariela García, integrante del comedor Creciendo Juntos del Barrio Maggiori, ratificó esta tendencia al señalar que la demanda ha crecido de manera exponencial. Su espacio pasó de entregar 80 raciones a unas 260 viandas por jornada, asistiendo actualmente a 63 familias.
García destacó que la articulación con el Municipio, lograda a partir de una ordenanza presentada en diciembre de 2024, permitió visibilizar el trabajo territorial y establecer una mesa de diálogo necesaria para coordinar la asistencia. Sin embargo, advirtió que la situación es límite y que, a pesar de los esfuerzos, el ingreso de nuevos perfiles, como jubilados que no pueden pagar sus servicios, presiona al máximo la capacidad de respuesta.
En este marco, la concejal Stella Maris “Cacha” Cena impulsa un proyecto de ordenanza para declarar la emergencia alimentaria en Tandil por un plazo de 12 meses. La iniciativa busca dotar al Ejecutivo municipal de herramientas extraordinarias para reasignar partidas presupuestarias y agilizar la asistencia.
Cena subrayó en diálogo con La Mañana, programa que se emite por Eco TV, El Eco Streaming y 104.1 Tandil FM que el proyecto no solo apunta a la cantidad de alimentos, sino a mejorar la calidad nutricional mediante la incorporación de productos frescos, como carne, huevos y lácteos, y a fortalecer la economía local comprando a productores de la zona.
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El proyecto de la edil de Fuerza Patria propone además la creación de una Mesa de Seguimiento, un espacio de control y evaluación integrado por diversos actores sociales, políticos y académicos.
Según datos oficiales citados por la concejal, siete comedores de la ciudad entregan mensualmente 17.000 viandas, cubriendo a más de 1.250 personas. No obstante, Cena advirtió que estas cifras son solo una parte del problema, ya que muchas personas aún no solicitan ayuda debido a la vergüenza o al desconocimiento de los recursos disponibles, a pesar de estar atravesando situaciones de extrema vulnerabilidad.
Estrategias de contingencia y estadísticas municipales
Desde el Ejecutivo municipal, la secretaria de Desarrollo Humano, Juliana Teerink, prefirió hablar de un plan de contingencia en lugar de una emergencia, argumentando que este enfoque permite pensar en acciones futuras inmediatas sin generar pánico.
La funcionaria destacó en dipalogo con este Multimedios que el registro de comedores, creado a partir de la ordenanza de 2024, ha sido una herramienta clave para relevar las necesidades reales. Los datos oficiales muestran un crecimiento drástico: algunos espacios pasaron de declarar 4.000 raciones mensuales en 2024 a 7.000 en 2026, mientras que en otros comedores más pequeños el aumento fue de 160 a casi 800 raciones por mes.
La dinámica de atención también se ha visto alterada. Muchos espacios han tenido que extender sus horarios de funcionamiento, pasando de abrir uno o tres días a la semana a brindar asistencia de lunes a viernes, incluyendo turnos nocturnos.
Teerink señaló que el Municipio asiste a unas 3.000 familias mediante el programa de seguridad alimentaria bancarizada, complementado con módulos alimentarios para quienes no acceden a esta modalidad. Se estima que, considerando la composición de los grupos familiares, al menos un 15 por ciento de la población tandilense recibe algún tipo de acompañamiento alimentario por parte del Estado municipal.
El desafío que enfrentan tanto el sector público como las organizaciones sociales es complejo. Mientras la demanda sigue en ascenso, la necesidad de garantizar una asistencia digna y equilibrada se vuelve una prioridad absoluta.
La articulación entre el trabajo territorial de los comedores y la gestión municipal parece ser, hoy por hoy, la única vía para mitigar los efectos de una crisis que golpea con fuerza a los sectores más vulnerables y a aquellos trabajadores que, a pesar de tener un empleo, han quedado al margen de la posibilidad de cubrir sus necesidades básicas.
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