Coopraee: el desafío del reciclaje electrónico y el impacto en Tandil
Sebastián Barbieri, referente de la cooperativa, advirtió sobre la "tormenta perfecta" que atraviesa el sector.
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Sobre el cierre del año pasado, la Cooperativa para la Revalorización de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (Coopraee) se mudó al nuevo espacio de San Lorenzo 1131. Esto se desprendió luego de que el Municipio de Tandil vendiera el predio de Santamarina 450 a la firma Bahms S.A., perteneciente al Grupo Faro Verde, en donde funcionaba la cooperativa. Mientras terminan de acomodar el espacio, Barbieri trazó un balance del trabajo en estos meses con un contexto adverso.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email“Estamos con muchos proyectos, con muchas iniciativas en un espacio que hace más o menos cuatro meses que estamos adaptándonos y adecuándolo, pero es un espacio que tiene mucha potencialidad y nosotros tenemos muchísimos proyectos que tienen que ver con el agregado de valor, la economía circular y la creación de puestos de trabajo en un contexto bastante complejo”, relató el referente sobre el predio otorgado por el Gobierno municipal.
El referente de la cooperativa, que trabaja con aparatos electrónicos, eléctricos y plásticos de bazar, entre otros materiales, describió una realidad compleja respecto a la situación del rubro. Aseguró que el sector transita “una corriente compleja” debido a que no hay legislaciones que regulen ni den responsabilidades en la cadena productiva de los electrónicos. A nivel local, señaló que “hay una ordenanza, la 17.889, pero todavía no se ha podido reglamentar”.
La normativa en cuestión fue aprobada en 2022 y establece un marco regulatorio para el tratamiento diferenciado de esta clase de residuos. Entre otros puntos, la ordenanza prohíbe que empresas e instituciones los eliminen como residuos sólidos urbanos, obligándolas a entregarlos en puntos habilitados y con certificado de gestión. Además establece sanciones para quienes dispongan incorrectamente los residuos electrónicos.
“Hoy el contexto es muy complejo para nosotros. No hay financiamiento nacional, la apertura de la importación genera que los materiales que se recuperan cada vez valgan menos y que entren al país un montón de productos que tienen una corta vida útil, entonces la gente no repara. Hoy en Argentina un proyecto triple impacto está totalmente en desventaja económica, es muy complicado para nosotros poder ejercer”, añadió Barbieri.
El referente de la Coopraee aseguró que tienen muchas ganas e iniciativa pero la situación es cada vez más difícil. Agregó que actualmente trabajan alrededor de 16 personas en el espacio pero que no sorprendería si tienen que achicar la planta porque “los ajustes presupuestarios se dan en todos lados. Particularmente creemos que ajustar en este tipo de proyectos es un error porque puede traer consecuencias a la salud en el largo plazo”.
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Más sobre el impacto
Desde los recuperadores de aparatos electrónicos hablan de “una tormenta perfecta” para los proyectos triple impacto asociados a la revalorización, recuperación y reciclado. Para llegar a ese diagnóstico, se apoyaron en la falta de regulación y de responsabilidad de parte de los fabricantes y añaden la complejidad de los materiales tóxicos que se manejan.
Los aparatos eléctricos y electrónicos poseen metales y sustancias que necesitan tratamientos y mano de obra técnica especializada. En su gestión se generan residuos especiales que necesitan tratamiento especial con elevados costos económicos. Muchos de los materiales no tienen valor en el mercado y necesitan de procesos e inversión para transformarlos en recursos.
Respecto a los proyectos triple impacto, trabajan en desventaja ya que contemplar dimensiones socioambientales genera una competencia económica desigual frente a los proyectos tradicionales que solo persiguen el lucro y con un Estado que en la actualidad no compensa esta situación.
Entre otros problemas que complejizan la cuestión de la residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), se encuentra el desfinanciamiento a nivel Gobierno nacional y provincial, la nula demanda de materiales reciclables, un contexto de ajuste y el aumento en el precio de la energía.
En esta situación cobra vital importancia el impacto negativo que tuvo la apertura de importaciones generando la imposibilidad de competir con productos externos, además de que hace menos redituable la reparación y recuperación de los artefactos.
Una gestión necesaria
Los RAEE contienen materiales pesados y sustancias químicas que no deben terminar en el relleno sanitario ni emitiendo toxinas por tratamiento o quema informal. “Su gestión prolonga la vida del relleno sanitario y evita las consecuencias en la salud por el contacto con estas sustancias”, describió Barbieri, quien también hizo referencia a la cuestión económica indicando que “se generan empleos y se evitan los costos o sanciones por remediación ambiental”.
En la actualidad, la situación tiene un contexto de ajuste y recesión económica que es acompañada de un incremento en las cantidades generadas a nivel mundial. A eso se le suma que también crecieron la cantidad de aparatos de corta vida útil que entran al país por la apertura de las importaciones.
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La gestión de RAEE es exclusivamente una función de los municipios que por lo general eligen derivarla a operadores habilitados, Coopraee conjuntamente con la Unicen en Tandil. Su gestión sostenible no es solo ambientalmente necesaria, sino también eficiente y conveniente desde varios aspectos.
“Reducir presupuesto en la gestión de RAEE no parece una medida redituable a mediano y largo plazo para la calidad de vida de los ciudadanos. Desde la Coopraee, creemos fervientemente que esta problemática se puede minimizar localmente generando puestos de trabajos, minimizando costos operativos, aportando valor agregado por innovación y lo más importante: cuidando la salud y el ambiente para todos los ciudadanos”, concluyó Barbieri.
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