Cuarenta años suena a eternidad, casi una vida entera
Una reflexión sobre el valor de un espacio que trasciende lo académico y se convierte en refugio para miles de personas.
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Por Sofía Fernandino.
En cuarenta años alguien puede enamorarse, tener hijos, mudarse de ciudad, equivocarse de camino y empezar de nuevo, conocer personas que van a estar para siempre y otras que apenas van a conocer unos meses de su vida. Puede plantar un árbol y verlo crecer, puede construir una casa, llenarla de personalidad y con el tiempo convertirse en la persona que alguna vez imagino ser.
Para un colegio, 40 años son cuatro décadas de mañanas y tardes que no se repiten.
Miles de veces sonó el timbre, miles de mochilas tiradas, miles de personas cruzaron las mismas puertas sin saber que algún día iban a extrañar cosas que les parecían normales, como un recreo o una escalera.
El colegio tiene 40 años, pero cada persona que pasó por él se llevó un colegio distinto.
Para alguien fue el lugar donde aprendió a leer, para otro, donde conoció a su mejor amigo, para alguien fue refugio, para alguien fue difícil.
Y muchos, probablemente, recién cuando se fueron entendieron que también había sido una especie de casa.
Yo estoy viviendo una de las partes de su historia, porque todavía estoy adentro.
Todavía puedo quejarme del horario, llegar tarde, reírme en clase, cruzarme con alguien en un pasillo y esperar que mañana pase exactamente lo mismo, pero claramente se que no.
Sé que algún día este lugar va a existir de otra manera para mí.
Y entonces entienda cosas que hoy todavía no puedo.
Me va a doler cuando una canción me devuelva a un martes cualquiera, me va a doler volver después de muchos años y que todo me parezca más chiquito, porque yo habré crecido.
Algún día alguien va a caminar por estos pasillos, yo no voy a estar y se va a sentar en un aula donde yo alguna vez me senté.
Y voy a ser simplemente parte de la historia que no conoció.
Mientras nosotros estamos viviendo algo por primera vez, alguien más lo está recordando por última vez.
Cuarenta años es demasiado tiempo para medirlo solamente en fechas.
Son personas que alguna vez tuvieron miedo, se equivocaron, se enamoraron, lloraron, se rieron y aprendieron algo que ni siquiera sabían que necesitaban aprender.
En cuarenta años un lugar inerte aprende a acompañarte mientras te convertís en alguien que todavía no conocés.
Más de 144 años escribiendo la historia de Tandil