Desde Tandil, compone música para películas de todo el mundo: la historia de Duggan Bayerque Zuzulich
Desde su estudio de calle Paz, Duggan Bayerque Zuzulich hace bandas sonoras para películas.
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Al caminar por la ciudad pueden verse carteles que indican que en tal lugar funciona una inmobiliaria, un consultorio odontológico, o un taller de reparación de calzado. Pero en una casona de calle Paz hay un letrero muy particular, que señala que ahí trabaja un compositor de bandas sonoras.
Se trata del estudio de Duggan Bayerque Zuzulich, un tandilense que, entre otras cosas, cumplió un sueño: dedicarse a crear música para películas. Su oficio lo llevó a vincularse con directores de diferentes partes del mundo, a recibir distinciones internacionales y hasta lograr que parte de su obra suene en el Teatro Colón.
En conversación con El Eco, Duggan contó su historia, que comenzó con un premonitorio momento que vivió en su niñez.
“Esto que estoy haciendo ahora, era mi sueño de chico. Arranqué, como todos, tocando una guitarra criolla que estaba destruida. No tenía un mango, fui a limpiar vidrios de una agencia de autos, y con esa plata me pagué una clase de música. El profesor me dijo que no me iba a enseñar nada, pero que para la semana siguiente lleve algo hecho, que invente. Fue lo mejor que me pasó, porque sin ningún conocimiento agarré la guitarra y empecé a mezclar. Me enrosqué, doce horas por día estaba, y lo terminé. Cuando se lo mostré al tipo me dijo que parecía a música de una película. Y eso me quedó”, dijo el músico.
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¿Qué está sonando ahí?
Si bien Duggan Bayerque Zuzulich se dedicó desde muy chico a la música y pasó por varias bandas desde su adolescencia, recién tomó real consciencia de la importancia de las bandas sonoras un día en el que, ordenando su casa, YouTube reprodujo automáticamente un disco.
“Me pregunte qué estaba sonando ahí. Empecé a calcular qué acorde se había metido, porqué se había ido de tonalidad. Había estudiado música por veinte años y no podía descifrar lo que estaba sonando. Era el soundtrack de la película El Sexto Sentido, y ahí me dije que tenía que estudiar cómo hacer eso”, contó.
Había pasado por el Conservatorio, por varios profesores particulares, y hasta cursaba composición de música para videojuegos en la UTN. Pero la meca de la instrucción en bandas sonoras para películas es en la mítica Berklee, y viajar hasta Estados Unidos resultaba imposible.
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Así que, por su cuenta, Duggan empezó a “desgranar” a los compositores más reconocidos: John Williams –que hizo, entre muchas otras, Star Wars- pero también Hans Zimmer –que hizo Thelma & Louise- y el de su máximo referente, James Newton Howard, que compuso para todas las películas de M. Night Shylaman.
Estaba en eso cuando se dio una nueva oportunidad: un profesor de Berklee abrió en el país un espacio de formación, y Duggan se inscribió. Después de tres años y medio, terminó la cursada y en ese mismo momento recibió su primera oferta de trabajo. Un director estadounidense le ofreció hacer la música para un cortometraje.
La obra –A brother’s hate- recorrió el mundo, y parte del reconocimiento que logró fue gracias a la banda sonora del tandilense. La composición obtuvo el premio a la mejor música original en los London Movie Awards.
“Los premios te abren puertas”, dijo Duggan sobre el inicio de una carrera que, paso a paso, continuó con nuevas películas, propuestas y desafíos. En el presente es diseñador de sonido para videojuegos en Globant, dirige la Orquesta Sinfónica Cinematográfica – otro de sus sueños cumplidos-, trabaja en dos largometrajes locales y sigue con la composición para el exterior.
“El 99 por ciento de mi trabajo es para afuera. España, Estados Unidos, Inglaterra, Sudáfrica, y así”, dijo sobre los proyectos concretados.
El asesino o la víctima
¿Qué sería de las películas sin la música? ¿Cuánto de lo que se siente al ver caminar a Darth Vader por los pasillos de la Estrella de la Muerte está dado por la presencia de la Marcha Imperial que compuso John Williams? ¿Cuánto del clima de El Padrino lo generan las melodías de Nino Rota?
Duggan Bayerque Zuzulich sabe que no solo trabaja con melodía, armonía y ritmo, sino con emociones, con sentimientos: recibe escenas silentes, muchas veces sin diálogos, que devuelve transformadas por el sonido.
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“El truco es saber decodificar y poner en música la emocionalidad de la película”, dijo el compositor al definir su trabajo, que parte siempre de una pregunta: ¿Qué quiere contar el director?
“Una vez me tocó hacer un trabajo sobre una escena en la que un docente entraba al aula, pero todos los niños eran huérfanos. El docente estaba muy cansado de su trabajo, de la rutina, y todos los chiquitos lo tomaban como un padre, y lo abrazaban. Yo tenía que hacer la música para eso. ¿Cómo la hacía? ¿Con la ternura de los niños o con el desagrado del docente? El director me dio el enfoque, y me dijo que quería expresar lo que le pasaba a los niños”, puso como ejemplo.
Toca guitarra, piano, violonchelo, violín, bajo, y “un poco las percusiones”, aunque aclaró que “vientos por ahora no”. Trabaja, depende el presupuesto, con bancos de sonidos que emulan instrumentos, o con los músicos que dirige en la Orquesta Cinematográfica.
“Uno tiene siempre el lado A y el lado B. Vos podés hacer la música del asesino o podés hacer la música de la víctima. Cuando empezás a estudiar música para cine, empezás a entender que no le hacés música a la película, hacés música a los personajes y a la situación que envuelve eso”, explicó.
Pero además hizo mención a otro desafío que tienen los compositores. Acompañar el pase de un momento a otro, en un segundo. Pasar de la situación más alegre al terror máximo, y que la música lo represente.
Mientras prepara una nueva película propia –ya hizo un cortometraje algunos años atrás-, sigue creando bandas sonoras para producciones de directores nacionales y extranjeros, Duggan Bayerque Zuzulich trabaja en nuevos objetivos.
“Pensaba siempre que mi sueño era que, cuando llegar a viejo, me iba a poner a tocar el piano y hacer música de película. Un día dije, no, lo empiezo ahora”, volvió sobre una historia que continúa: en el horizonte están el poder componer para directores consagrados –como M. Night Shyalaman-, y hasta ganar un Óscar. Allá va.
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