El Eco en el último adiós al Indio Solari: procesión, marcha, y fiesta popular para un artista que marcó al país
El Eco estuvo en Villa Domínico, donde se realizó el velatorio popular del cantante.
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El adiós al Indio Solari en el polideportivo José María Gatica de Villa Domínico tuvo tanto de despedida popular como de misa ricotera. Hubo emoción hasta las lágrimas, pero también música, pogo y encuentro: las despedidas son esos dolores dulces. El Eco estuvo en el lugar para conocer las historias de los protagonistas: las familias, los trabajadores, los universitarios, los que llegaron en trenes desde el conurbano y los que viajaron toda la noche desde diferentes puntos del país.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email“El Indio es amor, es comunidad, es Argentina”, dijo Rocío, una joven de San Martín, que se acercó desde las primeras horas del domingo 5 para poder despedir al artista que la acompañó desde su adolescencia. Pero no lo hizo sola, ya que fue con su pareja y su pequeño hijo Astor, en “su primera misa”.
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“Indio, 1946 - ∞”, decía la pantalla ubicada detrás del féretro, donde muchos acercaron flores, remeras o banderas, y otros dejaron su mensaje: “Gracias, Indio”, fue lo que más se escuchó. Las puertas del lugar se abrieron una hora antes de lo anunciado –a las 10-, y por lo menos hasta pasado el mediodía la jornada pasó sin sobresaltos.
El gobierno de la Provincia y el Municipio de Avellaneda estuvieron a cargo de un operativo conjunto con el cual organizaron la entrada de personas por tandas, controlaron los accesos y habilitaron postas sanitarias y puestos de hidratación. Para quienes llegaron temprano al lugar, no hubo mayor espera, aunque con el transcurso de las horas la fila alcanzó las 70 cuadras.
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Marcha y procesión
Desde Tandil, a partir de las primeras horas de la madrugada empezaron a salir vehículos particulares y combis a Villa Domínico. Este cronista viajó en auto, y después en tren desde La Plata, cuna ricotera. En cada parada, en cada estación de servicio, en cada kiosco, se escuchaba Patricio Rey, o Los Fundamentalistas.
Durante la mañana del domingo, en el Roca se cruzaron los trasnochados y las familias que buscaron llegar primeras. Alguien llevaba un parlante y entonces empezaron a sonar temas de Los Redondos, que como todavía era temprano, todos cantaban susurrando. El murmullo colectivo era la banda sonora del paisaje que se veía por la ventanilla: fábricas abandonadas, barrios residenciales, villas. El tren pasaba estaciones, pero a diferencia de lo que dice “Todo un palo”, esta vez los pasajeros tenían un lugar adonde ir.
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Por historia, por haber sido uno de los lugares más elegidos por el Indio, y por el concierto del 2016, Tandil estuvo presente en la despedida. Se vio en banderas, pero también en el recuerdo de muchos y muchas que, en diálogo con El Eco, compartieron lo que fue la alegría de llegar a la ciudad para ver al cantante. “Me acuerdo de la hospitalidad de la gente”, dijo una chica de San Nicolás.
Y como en toda despedida, hubo lugar para la memoria: el primer concierto, la letra de esa canción que salvó una vida, la tía y el regalo de un cassette que despertó el amor por la banda, los recitales juntos. La jornada del domingo fue una larga procesión, y también fue una marcha. Fue un recital donde la música, por una vez, no vino desde el escenario. ¿No dijo el Indio en alguna ocasión, que Patricio Rey era el público? Si fue así, durante el último adiós al artista, eso se notó más que nunca.
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Desde Tandil a Villa Domínico
Juan y su grupo de amigos se decidieron a último momento pero finalmente lo hicieron: poco después de la 1 del domingo salieron en colectivo para Avellaneda, y a las 7 ya estaban haciendo fila para entrar al Polideportivo José María Gatica. Las puertas se abrieron a las 10, y a las 11 ya estaban de vuelta sobre la avenida Mitre, donde se organizó la desconcentración.
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“Esto es el Indio, esto es fiesta, esto es nacional y popular. Vinimos a despedir al último exponente de la cultura nacional y popular, y tratamos de viajar porque no nos podíamos perder esto que no se va a volver a repetir”, dijo Juan. “La bandera del Indio está en todos lados, y donde hay nacionalidad, está. Ojalá que aparezca otro referente que represente a los de abajo como él”, sumó.
Franco vio tantas veces a Los Redondos y al Indio que ya perdió la cuenta. Vecino de Las Tunitas, haber viajado para el último adiós tuvo un componente especial, ya que lo hizo con su hija de 23 años. “El Indio fue todo, fue una enseñanza cultural terrible. Hay que vivirlo para entenderlo”, compartió mientras desplegaba su bandera con un dibujo del Che Guevara, otro de la artística que Rocambole hizo para el disco Oktubre, la leyenda Patricio Rey y una inscripción: Las Tunas presente.
“Vinimos a despedir al Indio, y fue una experiencia única, con muchas sensaciones. Porque compartimos esto con gente que tiene la misma pasión. Por su música, por las letras, por las canciones, el Indio nos representa”, contaron por su parte David y Ru, una pareja tandilense que viajó toda la noche para llegar temprano. El momento más especial del Indio y Tandil, coincidieron todos, fue el pogo más grande del mundo durante el 2016.
Una frase del Indio para el amor
“A ella preguntale que sabe más del Indio que nadie”, recomendó una chica, señalando a su amiga Ivana. Tiene 47 años y es de Ensenada, y las veces que vio en vivo al Indio o a Los Redondos fueron “incontables”.
Entre todos los recitales que asistió hubo dos que dijo guardar especialmente: el de Racing ’98, ya que fue embarazada de su primera hija, y el de Tandil 2016, porque fue la primera vez que pudo ir junto a su hija –ya grande-,y su hijo. “Antes yo los dejaba, pero ese día me dijeron que no los deje nunca más, y empezaron a vivir los recitales”, contó.
“El Indio es cada secuencia de la vida, cada instante. Tenemos una frase del Indio para el amor, una para cuando nos levantamos, otra para lo social, otra para lo que estamos viviendo hoy, que pese a este gobierno la estamos luchando día a día. El Indio es mi adolescencia, es mi adultez, y es este momento en el que soy abuela”, cerró, emocionada.
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El Indio es Argentina
Rocío llegó a Villa Domínico desde San Martín. No lo hizo sola, sino acompañada de su pareja y de su pequeño hijo Astor. “Es su primera misa”, contó.
“Soy ricotera desde la adolescencia. No llegué a verlos en vivo pero sí fui desde el primer recital de Los Fundamentalistas”, dijo sobre su historia con Los Redondos. “Con mi compañera Lau fuimos a Tandil, al pogo más grande del mundo, cuando el Indio anunció que estaba enfermo”, recordó sobre su paso por la ciudad.
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“Me acuerdo de la ciudad copada, como compamos siempre todas las ciudades”, sumó sobre el mítico concierto del 2016. Pero como a veces pasa, hubo algunos errores de cálculos y Rocío no pudo ver el recital saltando. “Me la puse en la pera, así que lo vi sentada. Justo habíamos perdido en diciembre del 2015, y eso fue en marzo, así que andaba muy triste”, explicó.
“Hoy estamos en familia, porque mi hijo es ricotero desde la panza. Y el Indio es amor, es comunidad, y es Argentina”, concluyó.
Redactor El Eco de Tandil