El recuerdo del paso de Amilcar Marino por Eco TV: "Es el respeto de la gente lo que vale"
Tras su fallecimiento, la rememoración del programa "La picada de los viernes" en 2016, donde el histórico pochoclero del centro de Tandil compartió sus vivencias como vendedor ambulante, su vocación de servicio y la historia detrás de su emblemático carrito.
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La figura de Amilcar Edgardo Marino se convirtió, con el paso de las décadas, en un símbolo de las calles céntricas de Tandil. Ubicado estratégicamente en la esquina de 9 de julio y San Martín, su carrito de pochoclos no solo ofrecía una golosina tradicional, sino que representaba un punto de encuentro y calidez para los vecinos.
Tras conocerse la noticia de su fallecimiento este jueves, vale la pena recordar una entrevista realizada en 2016 para el programa "La picada de los viernes" de Eco TV, donde Marino repasó su trayectoria y los valores que guiaron su vida.
Durante la charla con Claudio Andiarena, Amilcar recordó sus orígenes. Nacido en Rauch, llegó a Tandil a la edad de un año junto a su familia. Su padre, constructor de oficio, fue una pieza clave en su formación, inculcándole desde joven la cultura del trabajo. "Yo nunca dejé de trabajar", confesaba Marino, quien comenzó a desempeñarse laboralmente a los 12 años, repartiendo diarios y colaborando en diversos oficios antes de encontrar su vocación definitiva en la venta ambulante.
Sobre su llegada al mundo de los pochoclos, relató que su incursión comenzó hace 15 años, tras una propuesta de un familiar. "Estuve más o menos un año aprendiendo el oficio y después salí comprando el carrito", explicó. Con el tiempo, perfeccionó su técnica, utilizando maíz pisingallo rojo y manteniendo una receta que, aunque sencilla en sus ingredientes, guardaba un secreto que prefería no revelar para proteger su labor comercial.
Una vida marcada por la solidaridad
Más allá de su rol como vendedor, Marino fue ampliamente reconocido por su generosidad. Durante la entrevista, se hizo mención a su costumbre de regalar paquetes de pochoclos a niños que no tenían dinero para comprarlos. "Para mí son todos iguales, la persona es lo que vale, no la plata", sostenía con firmeza. Esta actitud le valió el cariño de la comunidad, que lo describía como un hombre de "buena madera" y un vecino ejemplar.
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Su trayectoria laboral fue extensa y diversa. Trabajó como ordenanza en la Municipalidad de Tandil y tuvo experiencias en el sur del país, donde se desempeñó en empresas particulares y como mozo en restaurantes. "A mí me gusta mucho el sur", comentaba, recordando sus años trabajando en los hornos de la empresa Aluar y su paso por el gasoducto, siempre con el esfuerzo y la dedicación como bandera.
El vínculo con la comunidad
La entrevista estuvo marcada por la emoción, especialmente al recibir mensajes de afecto de sus vecinos y familiares. Amilcar, quien se definía como un hombre de familia, destacó la importancia de la unidad entre sus seres queridos. "Somos muy unidos", afirmaba, mientras recordaba con orgullo a sus hijos y nietos, y el sacrificio realizado para que pudieran formarse profesionalmente.
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El "pochoclero del centro", como muchos lo llamaban, también reflexionó sobre los cambios en la ciudad. Sobre la peatonalización del centro, opinó que lo había beneficiado, ya que el movimiento de los fines de semana favorecía su actividad. "Tengo mucha amistad con todo el mundo", decía al referirse a los comerciantes de la zona, con quienes compartía diariamente su labor y su alegría.
Al finalizar el encuentro, Amilcar Marino reafirmó su compromiso con su trabajo y con el respeto hacia los demás. "Es el respeto de la gente lo que vale", concluyó, dejando una huella imborrable en quienes tuvieron la oportunidad de cruzarlo en su esquina de 9 de julio y San Martín, donde su carrito y su sonrisa fueron, durante años, parte del paisaje cotidiano de Tandil.
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