Farah analizó las consecuencias de las importaciones a nivel local
Aunque destacó la estabilidad económica, remarcó la necesidad de una adaptación sin precedentes por la demanda.
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Omar Farah analizó el complejo escenario que atravesó la industria metalmecánica en el marco de las nuevas políticas económicas nacionales. El empresario sostuvo que la Argentina entró en un equilibrio que permitió afianzar las variables de una manera más importante y rápida de lo que se preveía. Sin embargo, contrastó esta estabilidad con la realidad de diversas actividades productivas que se vieron obligadas a cerrar sus puertas.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl dirigente destacó que el caso de Tandil presentó matices particulares, ya que muchas empresas se mantuvieron activas debido a que todavía resultó difícil importar. Para Farah, la vigencia de ciertas restricciones actuó como un dique de contención que evitó una apertura indiscriminada inmediata, permitiendo que la industria local conservara niveles de operatividad a pesar de la creciente competencia en precios de diversos ítems que integran la cadena metalúrgica.
El análisis se centró en las modificaciones reglamentarias que comenzaron a regir en las últimas semanas. El dirigente consideró que la posibilidad de importar maquinaria usada desde cualquier lugar del mundo y la reciente reglamentación que permitió a las personas físicas ingresar vehículos desde el exterior representaron cambios profundos en las reglas de juego. A esto se sumó el avance del comercio electrónico y el sistema de envíos a través de servicios de correo privado, factores que generaron una baja de la demanda a las empresas locales.
No obstante, subrayó que el hecho de que el país se encuentre equilibrado económicamente permitió que se lo mire con un panorama de proyección alternativo. En este sentido, comparó la situación de la industria nacional con otros mercados globales, señalando que Argentina cuenta con una mano de obra más acorde que la europea y presenta menos complicaciones operativas que el mundo asiático, lo que encendió una luz de esperanza respecto a un horizonte de demanda importante hacia el futuro.
El fin de la "tercera posición"
Uno de los puntos más agudos de su diagnóstico se refirió al posicionamiento histórico de la industria nacional frente a la globalización. Farah afirmó que se terminó la época en la que el país podía coquetear con ubicarse en una "tercera posición" neutral. Según el empresario, la política actual no tiene retorno y empujó definitivamente al sector productivo a estar metido en el mundo, lo que implicó la obligación de competir con estándares internacionales.
Admitió que, si bien el país pudo desempeñarse con solidez en el nivel de productos primarios, el camino será mucho más difícil para el sector industrial. En su análisis de costos comparativos, Farah puntualizó que Argentina no es un país tan barato como los del sudeste asiático o Europa del Este, pero tampoco es tan caro como Estados Unidos o el resto de Europa. Esta posición intermedia, evaluó, permitió que ciertos sectores puedan ir compitiendo sin problema.
En el cierre de su exposición, el referente de Apymet destacó que la capacidad competitiva de la región no se limitó exclusivamente a la metalmecánica tandilense. Mencionó que productos alimenticios, vinos, limones y frutas mantuvieron un buen posicionamiento internacional que trascendió las fronteras locales. Para Farah, el desafío de las empresas locales consistirá en superar este periodo de transición y adaptarse a una globalización de la que ya no es posible quedar al margen.
La esperanza hacia adelante, concluyó Farah, estuvo cifrada en la capacidad de la industria para aprovechar el nuevo equilibrio y convertir la presión competitiva en una oportunidad de crecimiento genuino bajo los estándares del mercado global.
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