La regulación de los espejos de agua en canteras marca un contraste entre Córdoba y Tandil
Mientras el municipio de La Calera decidió gestionar el uso recreativo de la Laguna Azul con infraestructura y seguridad, en nuestra ciudad el acceso a Cerro Leones permanece en una zona gris entre la prohibición formal y la utilización masiva de los vecinos.
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/01/cerro_leones_cavas.jpeg)
La Laguna Azul de La Calera, en Córdoba, y las canteras de Cerro Leones, en Tandil, compartieron durante años una misma postal: enormes huecos mineros abandonados, llenos de agua, bellos a la vista y peligrosos en la práctica. Se trata de espacios privados, no habilitados, pero utilizados de manera masiva por la comunidad como lugares de recreación y baño. Son dos historias muy parecidas en su origen, pero con dos realidades distintas en su presente.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailTanto en La Calera como en Tandil, el origen es idéntico: canteras a cielo abierto explotadas durante décadas para la extracción de piedra. Cuando la actividad minera cesó, quedaron pozos profundos con paredes verticales que, con el paso del tiempo, se llenaron de agua por napas y lluvias.
Nunca fueron pensados como lagunas recreativas ni diseñados para el uso humano. Sin embargo, la naturaleza hizo su parte y la gente también. El agua clara, el color intenso, el entorno serrano y el calor del verano hicieron el resto: los vecinos comenzaron a apropiarse del lugar, a usarlo para bañarse, reunirse y pasar el día. Primero de forma esporádica, luego de manera masiva.
El mismo problema, dos caminos
Allí aparece el conflicto conocido: predios privados, espacios no habilitados, riesgos reales para la seguridad y un uso social sostenido en el tiempo. Durante años, la respuesta fue parecida en ambas ciudades: carteles, advertencias y recomendaciones para no ingresar. Pero la experiencia demostró algo básico: cuando un lugar se convierte en espacio de uso social, la prohibición sola no alcanza.
Córdoba decidió avanzar un paso más.
La experiencia de La Calera
En la Laguna Azul, el municipio de La Calera optó por gestionar la realidad existente en lugar de negarla. A partir de convenios con los propietarios del predio, se avanzó en:
- Regulación del acceso.
- Delimitación de zonas habilitadas para el baño.
- Presencia de guardavidas e infraestructura básica.
- Cobro de entradas y concesión de servicios turísticos.
Incluso se incorporó un parque acuático inflable con reglas claras, chalecos salvavidas y supervisión permanente. La laguna sigue siendo una excantera, con todas sus particularidades, pero hoy es un espacio habilitado, regulado y controlado. El riesgo no desapareció, pero se administra.
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/01/laguna_azul.jpg)
Tandil: la etapa pendiente
En Tandil, las canteras de Cerro Leones siguen en una situación muy similar a la que tenía La Calera hace algunos años. Son predios privados, sin habilitación recreativa, pero con un uso social evidente, especialmente en verano. La gente va igual, se baña igual y se expone igual.
El Estado aparece mayormente desde el pedido de “no ir”, mientras la práctica cotidiana dice lo contrario. El resultado es una zona gris: no está permitido, pero tampoco gestionado.
El debate de fondo
La comparación deja una pregunta inevitable: ¿Qué hacemos con los espacios que la comunidad ya convirtió en lugares de recreación?
La experiencia cordobesa muestra que regular no es promover el riesgo, sino reconocerlo y reducirlo; que gestionar no es avalar la informalidad, sino ordenarla. La alternativa es seguir como hasta ahora, con espacios bellos, peligrosos, usados masivamente y sin control.
La Laguna Azul y Cerro Leones nacieron igual, pero hoy recorren caminos distintos. Uno avanzó hacia la regulación, el otro sigue atrapado entre la prohibición formal y el uso real.
La pregunta ya no es si la gente va a ir. La pregunta es qué hace el Estado frente a eso. Porque cuando la realidad se impone, mirar para otro lado también es una decisión.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil