Organizaciones vecinales impulsan un proyecto para declarar patrimonio histórico al adoquinado de Tandil
Es una iniciativa conjunta de la Asamblea Barrios de Piedra, la del Barrio de la Estación y Punto Verde.
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Tres organizaciones de Tandil —Punto Verde, la Asamblea del Barrio de la Estación y la Asamblea Barrios de Piedra— aunaron esfuerzos para solicitar que se declare Patrimonio Histórico, Cultural y Arquitectónico al adoquinado de las arterias locales. Las entidades ciudadanas presentaron un proyecto de ordenanza y solicitaron formalmente el uso de la Banca XXI en el Concejo Deliberante con el fin de exponer su iniciativa. El reclamo incluyó una carta dirigida al intendente Miguel Lunghi, donde exigieron la suspensión precautoria de las obras de pavimentación que impliquen el retiro de granito.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa propuesta surgió en el marco de la decisión municipal de retirar los adoquines de la calle Sarmiento entre la avenida Santamarina y 4 de Abril, para reemplazarlos por asfalto. Por tal motivo, referentes de los grupos vecinales manifestaron una postura firme ante el avance de las obras viales sobre el suelo histórico. "Exigimos que se detengan las obras de extracción y reemplazo de adoquines hasta que el Legislativo trate este tema. No permitamos que borren con cemento lo que nuestros antepasados tallaron en piedra", expresaron. La iniciativa busca no solo proteger la estética urbana, sino también resguardar la memoria del trabajo picapedrero, una actividad que define la identidad tandilense desde el siglo pasado.
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Desde la organización Punto Verde, argumentaron que la preservación de las calles adoquinadas no responde a una cuestión de mera nostalgia, sino a una decisión de ingeniería urbana inteligente. Sostuvieron que el costo ambiental de extraer la piedra de las sierras se pagó hace un siglo y que el granito, a diferencia del asfalto o el hormigón, posee una durabilidad eterna con un mantenimiento mínimo. Para los ambientalistas, el empedrado representa el máximo exponente de la economía circular en la obra pública, contrastando con la "obsolescencia programada" de los materiales derivados de hidrocarburos que requieren parches constantes.
La Asamblea del Barrio de la Estación recordó que desde el año 2013 mantuvo una postura activa respecto al valor patrimonial del adoquinado. Según expresaron los vecinos, la falta de inversión, capacitación y asesoramiento técnico adecuado resultó alarmante, señalando que ya existieron proyectos previos que no fueron tratados por el cuerpo legislativo municipal. Por su parte, la agrupación Barrios de Piedra destacó que su objetivo es aportar al desarrollo socioterritorial de zonas como Cerro Leones, La Movediza y Villa Laza, buscando compensar los pasivos ambientales y revalorizar el patrimonio cultural que dio origen a estos sectores de la ciudad.
Identidad y resiliencia
Respecto a las ventajas frente a los fenómenos climáticos extremos, desde las organizaciones explicaron que ante el cambio climático, "el adoquín ofrece resiliencia hídrica. A diferencia del asfalto y el cemento, que son superficies rígidas y frágiles ante lluvias extraordinarias que actúan como canales que dejan correr el agua colapsando el sistema de alcantarillado, el adoquinado crea una 'Ciudad Esponja' que evita inundaciones ya que permite la infiltración y el almacenamiento temporal en el subsuelo". Esta capacidad de drenaje se planteó como una herramienta fundamental para mitigar los efectos de las tormentas en la zona urbana.
Asimismo, resaltaron que el suelo histórico aporta una respuesta verde al confort térmico debido a su capacidad de no retener calor extremo. A diferencia del asfalto, que actúa como un radiador urbano amplificando las olas de calor, marcaron que las juntas abiertas de los adoquines permiten la “evapotranspiración” del suelo. Este proceso, sumaron, funciona como un sistema de refrigeración pasivo para la ciudad, reduciendo la temperatura a nivel de calle y disminuyendo, consecuentemente, la demanda energética de los edificios vecinos para climatización durante los meses de verano.
Finalmente, destacaron que el adoquinado puede considerarse como un dispositivo de resiliencia social. Al poseer una textura irregular, genera un "calmado de tráfico" natural que reduce la velocidad de los vehículos sin necesidad de instalar lomos de burro de cemento. Según los firmantes del proyecto, esta característica permite recuperar la calle para el peatón y disminuir la contaminación sonora, mejorando la calidad de vida en los barrios residenciales que aún conservan el granito original trabajado a mano por los artesanos de la piedra.
Un proyecto para proteger los adoquines
La solicitud de las organizaciones incluyó el pedido de un inventario georreferenciado y público de todas las calles empedradas de Tandil para evaluar su estado actual de conservación. El proyecto de ordenanza se fundamentó en la Ley Provincial 10.419 y en la Ordenanza Municipal N.º 14298, sancionada el 23 de octubre de 2014, que ya declaró Patrimonio Cultural Inmaterial a las técnicas artesanales tradicionales y al artesanado del picapedrero. Los vecinos sostuvieron que remover las piedras es, en los hechos, destruir la obra material de ese patrimonio ya reconocido por ley.
En la carta enviada al intendente, los ciudadanos apelaron a su sensibilidad y compromiso con la historia local para que dictara una moratoria de protección patrimonial. El objetivo final es detener cualquier intervención en calles -como lo sucedido en Sarmiento- hasta que se logre un consenso técnico y legislativo. Mientras tanto, continúan con la recolección de firmas para respaldar el ingreso de la iniciativa al Palacio Municipal y asegurar que el legado de las sierras permanezca en las calles tandilenses.
La propuesta de los vecinos se presentó no como enfrentada al desarrollo de la infraestructura de la ciudad, sino en el marco de una convivencia estratégica entre los distintos tipos de calzada. Sugirieron que las arterias de mayor flujo vehicular actúen como vías de cintura para el tránsito veloz, mientras se preserva el corazón histórico de Tandil. En este sentido, buscan que la protección no se limite únicamente a las manzanas circundantes a la Plaza Independencia, sino que se extienda a todos los sectores donde el patrimonio picapedrero sigue vigente.
"No debemos elegir entre historia y progreso. Proponemos una planificación estratégica: las vías de cintura (Del Valle, Perón/Rivadavia, Avellaneda y Balbín/Brasil) para el tránsito veloz, reservando las calles empedradas para un tránsito tranquilo y un Casco Antiguo real, que no se reduzca solo a cuatro cuadras alrededor de la Plaza Independencia sino que incluya todas las calles que han sido empedradas por nuestros antepasados", detallaron en su planteo técnico los impulsores de la medida. Para las organizaciones, la accesibilidad es una deuda urgente que debe solucionarse con criterio, pero "no tapando adoquines".
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