Para Florit, la escuela es “la caja de resonancia de la sociedad”
A una semana de un grave episodio de violencia escolar, analizó el rol de las instituciones educativas actuales.
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A una semana del violento episodio que terminó con un docente con lesiones de consideración tras la agresión física de parte de un estudiante, la docente Rosana Florit compartió una reflexión sobre el estado de las instituciones educativas y el desafío que enfrentan los educadores en la actualidad.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailDurante una entrevista con el ciclo La Mañana (104.1 Tandil FM, EcoTV y El Eco Streaming), definió a la escuela como “una caja de resonancia” de lo que ocurre fuera de sus muros, en la sociedad. “Ahí todo se replica, todo resuena y todo aparece”, dijo.
Para Florit, la escuela no puede ser entendida como un compartimento estanco. Explicó que la complejidad del sistema educativo es un reflejo directo de la complejidad de la comunidad y, mientras el ciclo lectivo esté en marcha, lo que sucede en el exterior tendrá su reflejo en el interior. Por este motivo, instó a no desatender el día a día escolar, ya que es allí donde se manifiestan las problemáticas que atraviesan a los ciudadanos.
“La caja de resonancia de la sociedad es la escuela”, insistió, y por eso “hay que mirarla todo el tiempo porque lo que ahí sucede es lo que sucede afuera”.
Los cambios
En su análisis, la docente recordó que durante el siglo XIX se concebía a la escuela como un “templo sagrado”, un lugar “impoluto”, donde “nada pasaba y todo era perfecto”. Sin embargo, observó que con el paso de las décadas la institución se volvió “permeable”.
De todos modos, fue enfática al señalar que en la educación nada es estrictamente una cosa u otra. “Todas las opiniones son discutibles porque puede haber un posicionamiento u otro”, dependiendo del modo en que se conciba a la institución educativa.
Entonces, rechazó las visiones simplistas y apostó por un abordaje de la realidad escolar con tiempo, profundidad y una mirada atenta a esos matices que muchas veces se intentan ignorar en el debate público, pero que son constitutivos de la vida en sociedad. “De lo contrario, nos quedamos en lo simplista; antes la escuela era buena y ahora la escuela es mala”, ejemplificó e insistió en que “nada es blanco o negro” en los entornos educativos.
“Uno puede quedarse en ‘esto está bien y esto está mal’, pero hay grises y hay que analizarlos con tranquilidad, sin enojos y con la mayor objetividad posible”, opinó la exconcejal.
Docente y alumno
En otro de los pasajes de la entrevista, la docente trazó una distinción entre la igualdad de derechos y la experiencia dentro del aula. En ese sentido, sostuvo que, si bien el docente y el alumno “son iguales ante la ley y en sus derechos constitucionales”, no lo son en cuanto “a su expertise”.
Reclamó que durante mucho tiempo se intentó imponer una corriente de enseñanza donde se borraba esa distinción. Se atribuía entonces a un proceso “cíclico”, donde la enseñanza y el aprendizaje son mutua. “Nos hicieron creer que éramos iguales, pero alguien tiene la responsabilidad de transmitir un conocimiento”, afirmó.
Según su visión, “el binomio de enseñar y aprender se rompe” si no se reconoce que hay una figura con la experticia necesaria para guiar. Si bien admitió que un docente aprende de sus alumnos, remarcó que existe una responsabilidad profesional que debe ser respetada para que el vínculo pedagógico sea efectivo. “El docente tiene la responsabilidad de la expertise y del profesionalismo”, subrayó.
En este sentido, reivindicó su condición de “profesional” de la educación por encima de la etiqueta de “trabajadora de la educación”. Para sustentar el punto, Florit expuso que su formación incluyó cinco años de estudios universitarios y sumó cuestionamientos a la postura de algunos gremios que buscaron igualar a todos los actores bajo el concepto de trabajadores, lo cual, según sus palabras, diluyó la importancia del profesionalismo y la formación académica específica que requiere estar frente a una clase.
Finalmente, concluyó que la función del docente, especialmente en la escuela secundaria, es la de acompañar y guiar a menores de edad que traen sus inquietudes y curiosidades.
“No todo es igual y en el binomio de enseñar y aprender hay alguien con expertise y alguien que no y ese que tiene la expertise tiene, además, la responsabilidad sobre ese menor de edad al que tiene que guiar, acompañar, ayudar a que aprenda”, graficó.
Sin el reconocimiento de esa jerarquía del saber y de la responsabilidad sobre el otro, la escuela pierde su capacidad de ser una herramienta de transformación social.
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