Pauline François, la suiza que eligió Tandil: “Acá hay una cercanía con la gente que me parece muy linda"
Nacida en Ginebra, hace trece años eligió instalarse en la ciudad junto a su pareja tandilense. Es madre de dos hijas y se dedica a enseñar francés. Amante de Tandil, integró perfectamente las diferencias culturales y la nostalgia por su propia tierra. "Siempre digo que tenemos una sola vida y me gusta la idea de vivir en varios lados", expresó.
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A los 30 años, embarazada de su primera hija y después de haber estudiado Geografía y Ciencias del Medio Ambiente en Suiza, Pauline François tomó la decisión de dejar Ginebra, su ciudad natal, y mudarse a Tandil junto a su pareja, el tandilense Luciano Villalba. 13 años después, instalada definitivamente en la ciudad, enseñaba francés, criaba a sus dos hijas y construyó una vida atravesada por dos países, dos idiomas y dos formas distintas de habitar el mundo.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPauline nació en Ginebra, en la región francófona de Suiza, aunque luego se mudó a Lausanne para estudiar en la universidad. Allí cursó una carrera vinculada a la geografía y al medio ambiente. “Estudié Geografía y Ciencias del Medio Ambiente. Los tres primeros años hice más Geografía y después me especialicé más en problemáticas sociales del medio ambiente”, contó en diálogo con El Eco de Tandil. Su recorrido académico, sin embargo, no fue lineal. “Hice una pausa en el medio y retomé más grande. Cuando hice el máster ya tenía como 27 años”, recordó.
Antes de terminar sus estudios también trabajó como librera en Ginebra, experiencia que años más tarde reaparecería de otra manera en Tandil. Fue en esa maestría donde conoció a Luciano, que había viajado a Suiza para realizar un posgrado. “Hicimos la misma maestría y nos conocimos ahí”, relató. Él permaneció tres años más en Europa y, luego de algunos trabajos y una pasantía de Pauline en un área ambiental de una pequeña ciudad suiza, llegó el momento de decidir dónde vivir y Tandil fue la ciudad elegida.
Pauline tiene un hablar dulce y pausado, y un muy buen acento local, aunque hay un dejo en su tonada que remite a sus orígenes. El español ya formaba parte de su vida mucho antes de conocer Argentina. A los 17 años realizó un intercambio estudiantil en Bolivia y pasó un año en La Paz. “Ahí aprendí español. Hablaba con acento paceño”, recordó. Más tarde, al conocer a su pareja, retomó el idioma. “Nos gustaba hablar español con él. Al principio me costaba, pero después volvió”.
La decisión de radicarse en Tandil, aseguró, no tuvo que ver con una necesidad económica ni con una crisis personal. “Fue una elección. Siempre digo que tenemos una sola vida y me gusta la idea de vivir en varios lados, conocer otros lugares”, compartió. Aunque reconoce las diferencias materiales entre ambos países, evitó caer en simplificaciones. “Sí, la vida es un poco más fácil en Suiza. Hay más plata, más posibilidades. No quiero minimizar las dificultades que mucha gente tiene acá. Pero nosotros estamos bien y no lamentamos la decisión para nada”. La presencia de la familia de Luciano fue clave en el proceso de adaptación. “No vinimos a un lugar donde no conocíamos a nadie. Tuvimos muchísimo apoyo y ayuda”.
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Una librería y las clases de francés
Pauline tiene 43 años y dos hijas nacidas en Tandil: Leonora, de doce años, y Emilia, de diez. A Suiza vuelve regularmente gracias a la ayuda económica de sus padres, que vivían en Ginebra junto a su hermana y sus sobrinas. “Nos pagan los pasajes porque desde acá es muy difícil. Tenemos mucha suerte con eso”, refirió. La experiencia migratoria, aseguró, estuvo lejos de ser traumática. “Para mí fue más fácil porque fue una elección. Mi situación no me obligaba a migrar”. Si bien reconoce que la nostalgia aparece, la interpreta de otra manera. “Es algo lindo también, porque quiere decir que tenés otro país”.
Ya instalados en las sierras, atravesó sus primeros años dedicada a la crianza de su hija mayor mientras su pareja comenzaba a insertarse laboralmente. En ese contexto surgió un proyecto que mezclaba literatura y café: Casa Tomada, una pequeña café-librería ubicada sobre Fuerte Independencia que se mantuvo durante poco tiempo pero dejó una huella en la cultural local. “Duró muy poco porque me embaracé de vuelta y era muy difícil sostenerlo. Lo hacíamos muy a pulmón”, señaló.
Después de esa experiencia empezó a dar clases de francés cada vez con mayor frecuencia. Lo que comenzó casi de manera espontánea terminó convirtiéndose en su principal actividad laboral. “Empecé pensando: 'Es mi idioma, entonces doy clases'. Después te das cuenta de que hay muchas cosas detrás de la docencia y empecé a formarme”. Realizó estudios específicos para la enseñanza del francés a distancia, vinculados a la Alianza Francesa de París y a una universidad francesa, y actualmente trabajaba entre 20 y 25 horas semanales enseñando el idioma.
Ciudadana de todas partes
Con humor y observación, Pauline describió los contrastes cotidianos entre ambos lugares. Hay cuestiones que todavía le llaman la atención, especialmente vinculadas al tránsito. “Algo que extraño cuando estoy acá es el respeto de los autos. Cuando vuelvo de Suiza, cruzo la calle relajada y acá los autos no frenan”, contó. Pero también hay aspectos de la vida argentina que valora profundamente. “Acá hay una cercanía con la gente que me parece muy linda. Vas al médico, a cualquier lugar, y la relación es más informal, más cálida”.
Recordó, por ejemplo, su sorpresa la primera vez que fue a un ginecólogo en Tandil. “Me dio un beso y yo pensé: ‘¿esto será normal?’ Después fui a otro médico y también. Ahí entendí que era así”. También le llamaron la atención ciertas formas del lenguaje cotidiano. “Me decían ‘negrita’, ‘bichito’, cosas así. En Suiza eso no pasaría jamás”. Aunque suele existir la idea de que los suizos son fríos o distantes, relativizó ese prejuicio. “No creo que seamos tan fríos. Sí puede haber menos proximidad que acá, pero también allá la gente puede ser muy solidaria”.
Con el tiempo, además, descubrió otros aspectos de la vida argentina que la conquistaron. Uno de ellos tiene que ver con el lugar que ocupan las infancias en la vida cotidiana. “Me encanta cómo tratan a los chicos acá. Nunca sentís que vas a molestar si vas con chicos a un restaurante o al transporte público. Es normal que hagan ruido y no le molesta a nadie”, señaló. Y agregó: “Hay mucha paciencia con los chicos y eso me parece re lindo”. También destacó la manera en que en Argentina se viven y expresan las emociones. “Acá todo es emoción: la política, el deporte, todo. Allá también existen esas emociones, pero se expresan menos o no está tan bien visto mostrarlas”, reflexionó.
Para Pauline, esa intensidad emocional tiene algo valioso. “Me parece más genuino poder expresar las cosas con sentimientos”. Hoy, después de más de una década en Tandil, Pauline no imagina su experiencia migratoria como una ruptura sino como una ampliación de su vida. “No siento que sea difícil estar entre dos países. Es parte de quién soy”, cerró.
