Tandil Ilusiona llenó el Teatro del Fuerte en una noche atravesada por el legado de René Lavand
Con localidades agotadas, la Gran Gala reunió a Doctor Bona, Merok, Maga Caro y Henry Evans. La magia comenzó antes de entrar a la sala y terminó con todo el teatro aplaudiendo al gran maestro tandilense.
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La magia empezó antes de que se levantara el telón. Una fila de aproximadamente una cuadra y media se extendió en las inmediaciones del Teatro del Fuerte, llegando hasta la parte trasera de la Escuela San José, mientras cientos de personas aguardaban para ingresar a una de las actividades centrales de la segunda edición de Tandil Ilusiona.
Las localidades estaban agotadas y la expectativa podía advertirse desde la calle. Ya dentro del teatro, la organización había preparado otra sorpresa: una suerte de techo de humo, atravesado por luces azules, recibía al público en el hall, creando una atmósfera especial antes de ingresar a la sala.
La Gran Gala de Tandil Ilusiona reunió este viernes por la noche a Doctor Bona, Merok, Maga Caro y Henry Evans, mientras que Adrián Guerra estuvo a cargo de la conducción y también tuvo diferentes intervenciones a lo largo del espectáculo.
Entre las autoridades y personalidades presentes estuvieron el intendente Miguel Ángel Lunghi; la presidenta del Sistema Integrado de Salud Pública, Cecilia Martens; Juan Salceda; el rector de la Unicen, Marcelo Aba; y la vicerrectora Alicia Spinello. También acompañó la gala Micaela Lavandera, nieta de René Lavand e hija de Lauro Lavandera.
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Desde el comienzo, una de las características de la noche fue la participación del público. Antes de iniciar el espectáculo, Guerra había repartido sobres entre seis espectadores. Más tarde, Doctor Bona convocó al escenario a otras seis personas, que realizaron distintas elecciones de cartas. El desenlace llegó cuando quienes habían conservado los sobres desde antes del inicio los abrieron: en su interior estaban las cartas elegidas por los participantes que habían subido al escenario.
Bona continuó con otros números de cartomagia y cerró su presentación con un momento especialmente personal. Realizó una rutina con aros metálicos en homenaje a su maestro, Doctor Willy, a quien recordó por haber acompañado cuando ya no podía caminar.
Luego llegó el turno de Merok, quien apostó por una propuesta predominantemente visual. Una rosa, una vela, cartas, pelotas de distintos colores y sucesivas apariciones y desapariciones fueron algunos de los elementos de una intervención basada fundamentalmente en la manipulación y los efectos visuales.
Entre una presentación y otra, Adrián Guerra no se limitó al rol de conductor. Con humor y una permanente interacción con los espectadores, realizó diferentes números, entre ellos uno con una cuerda y otro de pickpocket, en el que logró quitarle el reloj a una persona del público sin que lo advirtiera inmediatamente.
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Las cartas y el recuerdo de Lavand
La tercera protagonista fue Maga Caro, presentada ante el público como una joven maga de 23 años. Para uno de sus números convocó a dos espectadores y trabajó con los colores de las cartas, haciendo que los propios participantes anticiparan las cantidades de cartas rojas y negras que aparecerían en diferentes momentos.
Sin embargo, uno de los pasajes más significativos de su actuación llegó cuando evocó una idea atribuida a René Lavand sobre que las cartas tienen “alma de mujer”. A partir de allí comenzaron a aparecer reinas entre sus manos hasta que, con un movimiento, todo el mazo terminó convertido en reinas.
El recuerdo del ilusionista que convirtió a Tandil en una referencia mundial de la magia apareció una y otra vez durante la noche. Guerra también habló de Juan Tamariz, histórico referente español y cercano a Lavand, y recordó que había sido su profesor. Luego realizó ante el público un efecto que, según contó, había aprendido del propio Tamariz.
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Henry Evans y el homenaje que había quedado pendiente
El cierre individual quedó en manos de Henry Evans, campeón mundial de cartomagia y uno de los nombres de mayor trayectoria de la gala.
Evans comenzó con dos espectadores y desplegó diferentes demostraciones con cartas. En una de ellas, el dorso de la baraja cambió de color ante el público. En otra realizó una serie de cortes y movimientos para terminar dejando las cartas ordenadas numéricamente y por palo.
Pero el momento más emotivo de su presentación llegó cuando dejó momentáneamente las cartas para hablar de René Lavand.
Evans recordó que primero había conocido al maestro a través de su magia y que observaba apasionadamente sus movimientos para intentar aprender de sus habilidades. Con el paso del tiempo logró conocerlo personalmente y ambos terminaron compartiendo escenarios y distintas experiencias.
Fue entonces cuando presentó una rutina inspirada en uno de los conceptos que identificaron mundialmente a Lavand: la lentidigitación y aquel célebre “No se puede hacer más lento”.
Con monedas entre sus manos, Evans fue jugando con cantidades, apariciones y transformaciones. Pero antes de comenzar reveló algo que terminó dándole otro significado al número: siempre había querido mostrárselo a René, aunque nunca había tenido la oportunidad de hacerlo. Confió, sin embargo, en que el maestro podía estar observándolo “desde algún lado”.
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Al terminar, Evans levantó la mirada hacia el cielo y señaló hacia arriba, dedicándole finalmente aquella rutina que había quedado pendiente.
Todavía quedaría un último gran efecto. Cinco espectadores subieron al escenario y cada uno recibió un mazo dentro de una bolsa negra. Luego de diferentes elecciones realizadas por el público, las cinco cartas seleccionadas terminaron formando una escalera real de picas, coincidiendo tanto con el palo como con la jugada de póker que habían sido pedidos.
Para el final, Doctor Bona, Merok, Maga Caro y Henry Evans regresaron juntos al escenario y recibieron el reconocimiento de una sala colmada.
Sin embargo, faltaba un último nombre.
Guerra pidió entonces un aplauso para René Lavand. La respuesta del público fue inmediata y cerró una noche en la que el maestro estuvo presente sin necesidad de estar sobre el escenario: en las historias, en los trucos, en las referencias de los artistas y en una forma de entender la magia que continúa proyectándose desde Tandil hacia el mundo.
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