Uzías Ortíz: “Nunca fui de los que quieren pisar al otro”
Uzías Ortíz es tandilense, tiene diecinueve años, y es jugador de fútbol en Ferrocarril Sud y en la Selección de Tandil. En una extensa entrevista, contó sobre sus inicios, la carrera y los desafíos que lo esperan.
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Por Nicolás Simón Gómez (*)
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailAmante del fútbol desde chico, Uzías Ortíz ha dedicado su vida a entrenar y eso le enseñó el valor de la disciplina, la perseverancia y la pasión de nunca rendirse.
–¿Qué te llevó a jugar al fútbol?
–En mi familia todos somos futboleros. Desde chico fui influenciado por mis tres hermanos mayores, que también aman este deporte. Siempre jugábamos a la pelota en cualquier lugar: en casa, en la iglesia, o incluso en los cumpleaños, donde prefería no comer nada, con tal de jugar con los otros chicos.
–¿A qué edad comenzaste a incursionar en este deporte?
–A los tres años me probaron en el club Ferro. Justo el entrenador era amigo de mi papá, ambos habían jugado juntos de chicos. Siempre me gustó la posición de defensor. De un poco más grande, quise probar como delantero, pero lo mío siempre fue estar atrás. Sentía que era mi lugar natural en la cancha.
–Además del fútbol, ¿qué relación tuviste con otros deportes cuando eras chico?
–Prácticamente ninguna. En la escuela hacía handball y básquet; me gustaban, pero siempre tuve afinidad con el fútbol. Una vez, unos amigos me invitaron a jugar al rugby. Fue cuando tenía 11 años, pero tuve que elegir y me quedé con el fútbol. Fuera de eso, nunca practiqué otro deporte de manera extracurricular, me dedicaba a jugar a la pelota.
Dar el salto
–¿Cómo desarrollaste la decisión de avanzar en el fútbol?
–Fue difícil, porque en la adolescencia aparecen los cambios y las distracciones. Tenés que decidir para dónde querés ir, y más cuando ves a tus amigos tomando otros caminos. Muchos ya no entrenaban con tantas ganas, pero yo sabía que lo mío era el fútbol. Siempre quise algo más que solo divertirme: quería dedicarme a esto y llegar a primera. Seguí entrenando y las cosas se fueron dando, como cuando a los 13 años fui por primera vez a probarme en un club grande, Boca Juniors.
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–¿Ese fue el momento bisagra en tus comienzos?
–Así es. Mientras mis amigos elegían otras cosas o no le daban tanta importancia al entrenamiento, yo seguía esforzándome para avanzar. A esa edad, por ejemplo, todos iban a la matiné y yo no, para poder estar descansado para el partido o el entrenamiento del otro día. Esa mentalidad de disciplina la tenía incorporada desde chico, y creo que eso me ayudó mucho. Porque no alcanza con jugar bien: la constancia y la disciplina son fundamentales para llegar al objetivo.
–¿Qué cosas tuviste que resignar para poder avanzar profesionalmente?
–La primera vez que me fui, resigné a mis amigos. Me costó mantener la relación a la distancia; aunque exista el celular, me cuesta sostener vínculos solo por mensajes o llamadas. También resigné salidas, tanto por mis creencias, como por la disciplina del entrenamiento. Me perdí juntadas con amigos, cumpleaños de mis padres y hermanos, a los que solo podía unirme por videollamada. Pero lo que más me costó fue estar lejos de mi familia, porque siempre fui muy de estar en casa, con mis abuelos. En Aldosivi se hacía un poco más llevadero por la cercanía con Tandil, así que podía venir más seguido. Son cosas que uno aprende con el tiempo: madurás, crecés y vas cambiando la cabeza.
Aprendizajes y desafíos
–¿Cómo fue la experiencia de estar en equipos de otras ciudades, como Racing?
–La primera vez que me quedé en un club fuera de mi ciudad, fue justamente en Racing de Avellaneda, a los 14 años. Al principio estaba muy confiado en mí mismo, no por soberbia, sino porque me sentía seguro. No caía del todo en dónde estaba: un club grande de Argentina. La experiencia fue hermosa, conocí jugadores de primera, estadios, dirigentes, todo. Ví cómo se llenaban los estadios de Buenos Aires, fue una locura, un sueño. Incluso, tuve la oportunidad de ser alcanzapelotas en un partido de la Copa Libertadores. Fue una sensación inolvidable.
–Hablando de los distintos clubes por los que pasaste, ¿qué aprendizaje te llevás de cada uno?
–De Racing me llevo el aprendizaje de no rendirme nunca. Volví de Buenos Aires agotado, no porque me echaran, sino porque yo decidí irme. Con el tiempo entendí que no debería haberme rendido, pero también comprendí que esas son lecciones que uno aprende con los años.
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De Aldosivi aprendí que no todo pasa por lo deportivo. Es importante crecer como persona, ser buen compañero, más allá de lo técnico o lo físico. Siempre traté de ser buena persona. Nunca fui de los que quieren pisar al otro. Aunque no me tocara jugar, buscaba ayudar a los demás. Me pasó con dos hermanos que vinieron de Necochea: nos hicimos amigos, los ayudé en lo que pude y hoy seguimos siendo amigos. De ese equipo me llevo la amistad, el compañerismo y la enseñanza de que en el fútbol, como en la vida, no se trata solo de ganar.
En Ferro, donde volví y hoy estoy en un proceso de caída y de volver a levantarme, aprendí a ser resiliente. Hubo momentos en los que los resultados se dieron y otros en los que no tanto, pero este tiempo me enseñó justamente eso: a seguir, a no bajar los brazos. Como decía hace un rato, no es solo fútbol: es la vida misma.
–¿Por qué decís que estás actualmente en un proceso de caída y de volver a levantarte?
–Lo digo porque, en este tiempo, las cosas no resultaron como las tenía en mente. Y al no poder vivir lo que había planeado, tuve que aprender a adaptarme. Fue un golpe duro enfrentar la realidad de lo que imaginé y lo que realmente pasó. Sufrí lesiones, y todo ese proceso fue, y sigue siendo, una experiencia de caer y volver a levantarse una y otra vez.
–Actualmente formás parte de la selección de Tandil. Cuando te convocaron, ¿cómo recibiste la noticia y cómo vivís esta experiencia?
–Cuando me dieron la noticia fue una sensación hermosa. Llegó en un momento en el que los entrenamientos se volvían monótonos y parecía que el esfuerzo no valía la pena. Por eso sentí que fue una respuesta de Dios, porque venía orando para que se valore todo ese trabajo. Estar en la selección es un privilegio, como lo fue en cada club en el que jugué. Hay muchos jugadores buenos, y con mi edad no es fácil ganarse un lugar, así que lo disfruto y trato de aprovechar cada día.
–¿Qué deseás para el fútbol local en este momento?
–Me encantaría que se logre un mejor nivel de juego, que algún club de Tandil pueda dar el salto y que la ciudad crezca futbolísticamente. Hay mucho talento y potencial para que se abran más puertas, incluso a nivel nacional. También deseo que no haya violencia y que prevalezca el respeto en cada cancha y en cada situación.
Convicciones y disciplina
–Como todos, tuviste malas rachas, ¿cómo te manejaste para salir de ellas?
–La fe fue mi pilar fundamental. Hace dos años, cuando estaba en Aldosivi de Mar del Plata, oraba, cantaba con la guitarra y leía la Biblia, eso me ayudó muchísimo. Estar lejos de la familia fue difícil; compartís con compañeros de todo el país y hay una competencia constante por el puesto. En ese contexto, la fe y el entrenamiento fueron claves para seguir adelante.
–¿En qué equipo te gustaría jugar y por qué?
–Si me permitís soñar, me encantaría jugar en la Premier League, donde está el nivel más alto actualmente. Sería un sueño vestir la camiseta de un equipo como el Manchester City. Admiro las habilidades técnicas de sus jugadores, la tecnología de los estadios y la calidad de los campos de juego. Y, por supuesto, también sueño con jugar en la Selección Argentina.
–¿Y a nivel nacional?
–Me encantaría jugar en mi club, del cual soy hincha: Independiente de Avellaneda. Cuando jugaba en Racing, desayunaba todos los días mirando el estadio, que estaba a unas cuadras.
–¿Te sentís distinto al estilo de los jugadores que conocés?
–En cierto punto, sí. Sobre todo por todo lo que viví desde chico hasta ahora. Por las maneras en que elegí enfrentar cada situación, por los valores y las enseñanzas que recibí, y, sobre todo, por la fe.
–¿Cómo te cuidás y cómo entrenás?
–Hago las cuatro comidas del día, aunque a veces se complica por no estar en casa o por el trabajo. Complemento esto con un entrenamiento de aproximadamente dos horas al mediodía. Después vuelvo al trabajo que realizo con mi papá y, por la noche, voy al gimnasio otras dos horas antes de descansar en casa. Casi todos los días sigo esta rutina, que es bastante intensa.
–¿Qué consejo les darías a los más chicos que persiguen este sueño?
–Que no pierdan la esencia de ese chico que iba a los cumpleaños solo para jugar a la pelota. Que disfruten cada momento del proceso. La vida se trata de eso: de disfrutar cada etapa. Lo más valioso es el tiempo, por eso hay que aprovecharlo y valorar a quienes nos acompañan. Si realmente les gusta y quieren dedicarse a esto, que no se dejen influenciar por nadie. Que le metan para adelante, porque en el camino se van a ir descubriendo. Mi proceso fue mío; otros lo vivirán distinto. Pero lo importante es eso: disfrutar, seguir y nunca dejar de soñar.
(*) Esta entrevista fue realizada en el marco de la materia Práctica Profesional 1 de la Tecnicatura en Comunicación Social del ISFDYT 10 de Tandil, bajo la tutela de la profesora Carolina Cordi.
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