Almaceneros, el termómetro veraz de la inflación
Son los que están día a día con la gente del barrio, los que en tiempo de pandemia atendían los denominados eufemísticamente comercios de cercanía, los que reciben a los proveedores habitualmente y se enteran con certeza de los aumentos en alimentos, artículos de limpieza, entre otros productos de primera necesidad. Son los que ponen la cara y tratan de ingeniárselas para que el cliente no gaste de más, tal como lo hace Fernando Assandro.
Hace nueve años que Fernando (33) tiene el negocio en Yrigoyen casi llegando a Arana, un lugar al que acude todo el barrio porque es un clásico para los empleados de Martínez Escalada a la hora del almuerzo; por sus famosas picadas y sus súper sándwiches al paso. Tiene de todo. Y lo que no tiene te lo consigue. Se hizo en la escuela de Monarca, donde al mes de estar ya lo querían promover. Está agradecido por lo que aprendió pero quería más: su propio negocio. Y lo consiguió. Fernando fue criado en la cultura del trabajo. Que no es poco.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-Tuviste una escuela muy importante.
-En realidad trabajo desde muy chiquito, desde los quince, e hice de todo un poco, pero comercialmente empecé en Librería Nancy donde hacía pedidos y depósito. Luego entré en Monarca y de allí pasé un período haciendo algunas otras cosas y al tiempito abrí mi local.
