De cómo una casualidad se transformó en algo recurrente
Desde el Taller de Producción de Lenguajes los estudiantes de 6to. año de la Orientación Comunicación exploran aquellas anécdotas, historias y leyendas que circulan en el interior de sus familias. Acompañados por la profesora María Victoria Adam recopilan esas "Historias de familia" que van a perdurar como tesoros y que ya comienzan a circular.
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Por Juan Cruz Nielsen.
La primera vez que fui a Ostende estaba en la panza de mi mamá. Ostende es una ciudad ubicada entre Pinamar y Valeria del Mar, a 222 km. de Tandil.
Mi familia llegó a Ostende de casualidad porque ellos tenían otros planes: ir a Pinamar.
Pero como no encontraban dónde quedarse, tuvieron que cambiar de plan y terminaron llegando al complejo de Norma y Enrique. Ellos son los dueños de un complejo de ocho cabañas. Estas cabañas son muy acogedoras y familiares, ya que tienen un patio donde se pueden practicar distintos deportes, como básquet, ping pong y fútbol. También hay sombrillas, reposeras y muchas mesas para compartir.
A mi familia le gustó mucho el lugar porque Norma y Enrique eran muy buena onda, hacían buen precio, estaban a cinco cuadras de la playa y, sobre todo, había un ambiente muy lindo y familiar.
Con el paso del tiempo, empezamos a compartir momentos con las personas de las otras cabañas, conociendo gente de Tucumán, La Plata, Mendoza y, especialmente, de Buenos Aires, con quienes compartimos todos los años. Sin darnos cuenta, esas personas fueron formando parte de nuestras vacaciones y terminaron convirtiéndose en una especie de segunda familia.
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Siempre disfrutamos mucho de la playa. Íbamos todos los días temprano y pasábamos prácticamente todo el día en la costa, disfrutando del calor, las comidas al aire libre, los partidos de fútbol y las rondas de mates.
Pero este verano no fue como los otros. Fue, en especial, un verano tormentoso, con mucho viento y lluvia. Esto hizo que pasáramos mucho más tiempo dentro del complejo, cambiando completamente nuestra rutina de tantos años.
En otros veranos nos levantábamos temprano para ir a la playa, pero este año nos levantábamos más tarde y desayunábamos todos juntos en el complejo.
Jugábamos juegos de mesa, cocinábamos tortas y brownies y buscábamos distintas formas de pasar el día juntos.
Una de las cosas que más recuerdo de este verano fue una tarde en la que llovía tanto que era imposible salir. Al principio todos estábamos un poco aburridos porque no podíamos hacer nada de lo que acostumbrábamos. Entonces decidimos juntarnos todos en una de las cabañas. Empezamos jugando a las cartas y a distintos juegos de mesa, hasta que terminamos todos riéndonos y contando anécdotas de otros veranos.
Ese día me di cuenta que, aunque el clima nos había cambiado todos los planes, lo importante no era estar en la playa, sino poder estar juntos.
Esa tarde terminó siendo uno de los momentos que más voy a recordar.
De todas formas, pudimos disfrutar de nuestras vacaciones, adaptándonos al cambio brusco y encontrando nuevas maneras de divertirnos.
Al final, Ostende volvió a demostrarnos que no importa tanto el lugar ni el clima, sino las personas con las que compartimos esos momentos. Por todos estos recuerdos, las personas que conocimos y los momentos que vivimos como familia, siempre vamos a seguir eligiendo este destino.
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