¿Dónde está el abuelo?
Desde el Taller de Producción de Lenguajes, los estudiantes de 6to. año de la Orientación Comunicación exploran aquellas anécdotas, historias y leyendas que circulan en el interior de sus familias. Acompañados por la profesora María Victoria Adam recopilan esas "historias de familia" que van a perdurar como tesoros y que ya comienzan a circular.
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Por Victoria García.
Éramos 19 viajando, sorprendentemente todo venía muy bien. Íbamos a Misiones, un lugar que nos gustaba a todos, elegimos un buen alojamiento en el que todos pudiéramos relajarnos. Las cabañas estaban en un lugar fresco al lado de la selva misionera y junto a un lago en el que los chicos iban a pescar y andar en bote.
Llegó una tarde que hacía mucho calor, estábamos todos en la pileta jugando con los chiquitos, cuando los primos fueron todos al lado a pescar. Para llegar ahí había que meterse entre los árboles de la selva y seguir un camino hasta encontrarlo.
Pasó un rato y mi bisabuelo quiso ir al laguito, avisó que se iba y empezó su camino; desde ahí no supimos más nada de él.
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Cayó la tardecita, volvieron todos menos el abuelo, preguntamos y resultó que nunca llegó al lago, ahora sí había un problema: ¿dónde estaba?
Hicimos el camino de ida y vuelta incontables veces, entre los árboles, hasta en bote y el abuelo no aparecía, nadie sabía dónde estaba. Los primos lloraban, se imaginaron todos los peores escenarios, no sabíamos qué más hacer, cuando uno entre lágrimas salió caminando para la ruta buscando que alguien nos ayude.
Pasaban las horas, el abuelo no volvía, ni siquiera el primo que salió. Los dos teléfonos daban apagados, ahora ya no era solo uno perdido, eran dos. Cada minuto se hacía infinito, la gente lloraba, hasta que otro decidió salir, pero en auto.
Seguimos esperando lo que pareció otra eternidad, cuando el del auto volvió, pero sin ninguna información de los otros dos.
Fue cuando, a lo lejos, se escuchó una moto enterando al complejo, era el primo que se había perdido, entró subido a la moto de otro chico, su madre corrió a abrazarlo esperando que nos diga algo, habló y dijo que pasó por campings y cabañas de la zona mostrando la foto del abuelo, viendo si sabían algo de él, tuvo suerte, le dijeron que sí, pero siempre con la misma respuesta “estuvo, pero se fue”.
La preocupación aumentaba, pensábamos en donde estaría o que pasaba si no volvía.
De pronto, como alguien que no tiene apuro, entró él, el abuelo había vuelto, corrimos a recibirlo con un alivio que no tenía explicación.
Hasta hoy, cuando recordamos la historia, él insiste en que nunca se perdió, que estaba caminando, aunque todos sabemos que sí se encontraba un poco asustado. Cuenta que en los complejos vecinos las indicaciones eran poco claras y por eso tardó tanto en volver.
Más de 144 años escribiendo la historia de Tandil