El viaje que cambió la vida de mi abuelo
Los estudiantes de 6to. año de la Orientación Comunicación exploran anécdotas, e historias que circulan en sus familias.
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Por Antonella Piskulich.
Elegí contar la historia de la migración de mi abuelo, Luis Pecchia, desde Italia hacia Argentina junto con toda su familia. No es una historia que se recuerde o se cuente mucho, pero para mí es muy linda y me genera muchos sentimientos y emociones.
Me llamó la atención porque siempre me pareció interesante saber qué hay detrás de mi familia, descubrir de dónde vengo y conocer cómo fue la vida de mi abuelo antes de llegar a Argentina. También me parece increíble pensar en todo el cambio que tuvo que vivir para convertirse en la persona que es hoy, después de haber dejado su vida en Italia y un lugar que él amaba muchísimo.
Mi abuelo tiene 83 años, nació en Manoppello, Italia, y migró hasta llegar a Argentina en el año 1955, cuando tenía solamente 12 años. Viajó junto con sus padres, Rosa y Nicolás, y sus hermanos Máximo, Antonia, José y Jeremías. El viaje lo hicieron en un buque argentino llamado “Entre Ríos” y estuvieron 21 días navegando por el mar hasta llegar a Buenos Aires.
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Para él, ese viaje fue una experiencia inolvidable. Me contó que no lo recuerda como algo triste, sino más bien como una experiencia linda, probablemente porque tuvo la posibilidad de vivirla junto a toda su familia.
Después de llegar a Buenos Aires, viajaron hasta Punta Alta y, a los pocos días, empezó el colegio.
Ahí tuvo uno de sus primeros grandes desafíos: no sabía hablar español. Imaginarme a un chico de 12 años llegando a un país nuevo, donde todos hablaban un idioma diferente, me hace pensar en lo difícil que debe haber sido.
Sin embargo, aprendió bastante rápido gracias a sus compañeros, que lo ayudaron mucho. También, me contó que siempre se sintió bien tratado y que pudo hacer muchos amigos.
En esa época, para poder viajar desde Italia hasta Argentina, muchas veces era necesario que un familiar que ya estuviera en el país esperara a quienes llegaban. Por eso, el primero de la familia en viajar fue su hermano mayor, Máximo, que como ya era mayor de edad pudo viajar solo y en Argentina lo estaba esperando su tío.
Después viajaron mi abuelo y sus otros hermanos junto con sus padres. Antonia también era mayor de edad y tenía su propio pasaporte. En cambio, mi abuelo, José y Jeremías, como eran menores, tenían que viajar obligatoriamente acompañados por un adulto. Por eso, en la foto del pasaporte aparecían junto a su mamá.
Cuando le pregunté cómo se sintió al abandonar su vida en Italia, me sorprendió su respuesta. Me contó que no lo vivió como algo tan difícil, principalmente porque viajó con toda su familia. Lo que más le costó fue adaptarse al idioma y a las nuevas costumbres, aunque también le parecía algo interesante y nuevo. Con la ayuda de sus compañeros y de las personas que conoció, pudo adaptarse rápidamente.
Con el paso de los años, mi abuelo fue construyendo su vida en Argentina. Terminó la primaria y la secundaria y después entró a la Marina como personal civil.
A los 20 años decidió mudarse solo desde Punta Alta hacia Tandil. Allí comenzó a trabajar por su cuenta, y con el tiempo, logró formar su propia familia.
A pesar de haber vivido tantos años en Argentina, nunca se olvidó de Italia. Cuando vuelve, siente mucha felicidad y emoción. Él dice que es como volver a sus raíces, porque puede recordar su infancia, sus lugares, sus costumbres y todo lo que vivió cuando era chico.
Uno de los momentos más especiales para él fue poder volver a Italia acompañado por sus hijos y sus nietos. Para mí, ese viaje también fue muy importante, porque pudo mostrarnos el lugar donde pasó su infancia y compartir con nosotros todos esos recuerdos que todavía tiene tan presentes.
Me parece muy lindo pensar que pudo volver al lugar donde comenzó su historia, pero esta vez acompañado por las personas que forman parte de su vida en la actualidad.
Después de escuchar toda su historia, me genera mucho asombro y admiración, pero también un poco de tristeza. Me cuesta imaginar lo que debe haber sentido un chico de 12 años al dejar su país, su casa, sus amigos y todo lo que conocía para irse a vivir a otro lugar tan diferente.
Aunque él me cuenta que lo vivió como una experiencia linda, para mí es impresionante pensar en todo lo que tuvo que pasar siendo tan chico.
Hoy puedo ver que ese viaje fue el comienzo de una historia muy importante. Mi abuelo dejó Italia siendo un niño, llegó a Argentina con su familia, aprendió un nuevo idioma, estudió, trabajó, se mudó solo a Tandil y finalmente pudo formar su propia familia.
Conocer su infancia me hizo valorar mucho más mis raíces y entender que detrás de cada familia hay historias que no conocemos del todo. La de mi abuelo es una de esas historias que, aunque quizás no sea conocida por muchas personas, para mí tiene un significado enorme, porque gracias a todo lo que él vivió, hoy existe mi familia tal como la conozco.
Y aunque una parte de su corazón siempre va a estar en Italia, también logró construir una vida y un hogar en Argentina.
Te amo mucho, abuelo.
Con cariño, Anto.
Más de 144 años escribiendo la historia de Tandil