Elogio de la desmesura
La peculiar vida de la abuela Juana y su cocina como principal escenario.
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(Colaboración especial de Raúl Echegaray)
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailCon el título que antecede, tomado de un libro ya existente, hablaré de mi abuela paterna doña Juana Eloida Scorza de Echegaray, la abuela permisiva con los nietos, que todo nos daba y casi todo nos permitía.
Mis recuerdos aparecen más nítidos en los primeros tiempos de la infancia, cuando los abuelos vivían en el viejo caserón de 25 de Mayo entre 14 de Julio y San Lorenzo, desde cuyos fondos se apreciaba el cerro del Parque Independencia. La casa era una sucesión interminable de habitaciones y galerías que se adentraban en la manzana, para culminar en su escenario predilecto, en el altar de sus quehaceres: la cocina. Acorde a mi visión infantil, fue la más grande y más alta de las que conocí en casa particular alguna, la que más bien se asemejaba a una cocina de campo.
