Los ocho del patíbulo
Una mirada sobre los días fundacionales de Tandil le muestra al columnista una realidad de la que poco se habla: las penurias que vivían los soldados que formaron parte de la expedición.
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2021/07/mr.jpg)
Lo debía ser fácil la vida de aquellos soldados rasos y reclutas que llegaron en 1823 con la misión de levantar el Fuerte de la Independencia, para luego defenderlo. ¿Quiénes serían?, me pregunto a veces, porque sus nombres no aparecen por ningún lado.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailSin embargo, estuvieron ahí, en ese lugar elegido para construir la fortaleza en las proximidades de los faldeos serranos tandilenses, entre dos arroyos que proveerían agua fresca y que corrían desde las sierras hacia la llanura.
El final del largo y agobiante proceso comenzó a ocurrir a las 6 de la mañana del 4 de abril de 1823, cuando entre clarines, tambores, y salvas de artillería, alumbrados por la luz de fogones y antorchas, aquellos hombres al mando del sargento uruguayo Juan Santiago Warcalde comenzaron los trabajos para levantar esas murallas que serían el origen de nuestra ciudad.
