“Los padres somos un páncreas artificial”: Renata y el desafío de convivir con diabetes en la infancia
A los tres años y medio, Renata Noriega fue diagnosticada con diabetes tipo 1, una condición que transformó la vida familiar entre controles, insulina y noches sin descanso. Su familia compartió el camino del aprendizaje cotidiano y los desafíos del cuidado permanente. La médica Analía Orbe destacó la importancia de la detección temprana y el acceso a los tratamientos.
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"Tener un hijo es como tener algo siempre al fuego”. La frase circula popularmente y condensa esa urgencia que entraña la parentalidad. Y se profundiza cuando a un niño le sucede algo fuera de lo esperable; una falla en la matriz, un desajuste doloroso.
Es el caso de Renata Noriega, quien a los tres años y medio recibió un diagnóstico que transformó la vida de toda su familia. Hoy tiene cinco años y necesita insulina las 24 horas, con controles permanentes incluso durante la noche. En diálogo con Perspectivas su papá, Iván Noriega, contó cómo fue aquel debut diabético, el aprendizaje cotidiano, el acceso a los insumos y la importancia de que otros padres sepan que no están solos.
Durante semanas, algunos síntomas parecían no tener una explicación clara. Renata ya controlaba esfínteres, pero volvió a mojar la cama casi todas las noches, se sentía cansada, sin energía, iba al baño constantemente y tenía una sed persistente. También había tenido episodios de vómitos y malestar. A los tres años y medio, su cuerpo estaba dando señales de que algo no andaba bien.

