Completar el álbum: tarea de todos
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Por estos días, a horas prácticamente del inicio de una nueva Copa Mundial de fútbol, el deporte más popular del planeta, en muchos hogares hay una causa que se volvió común. Un objetivo que involucra a varios integrantes de la familia: Completar el álbum de figuritas.
Lejos de emitir juicios de valor sobre el tema, busco invitar a la reflexión sobre el lugar desde donde cada uno vive el proceso, lo que le genera… Y sobre todo, que quienes lleguen hasta al final de esta líneas, puedan ampliar la mirada, que nunca viene mal…
Puede faltar la de Messi, o varias de las otras, pero lo cierto es que desde hace semanas, el tema copó las conversaciones adentro y afuera de las escuelas, lugar de encuentro.
En los recreos, y en cualquier momento, los hijos/as comentan con sus pares las figuritas que tienen, las que les faltan. Negocian cuando aparece alguien que las tiene. Y cuántas repetidas estoy dispuesto a ceder por una que me falta, llega a ser motivo de conflicto.
En las filas, cuando van a buscarlos, o en los grupos de Whatsapp, los padres también se involucran en la cruzada… Se ponen al frente del objetivo, como si sintieran que la responsabilidad de completar ese librito también fuera propia… Entonces aparecen mensajes como: “las que nos faltan son…” identificando los números de figuritas. Desde entonces, se escuchan voces a favor y en contra de esta movida…
Hasta pediatras hablan del tema en las redes, resaltando lo positivo del proceso. Cito un ejemplo con lo publicado por el Dr. Flavio Serra, para poder identificar cómo se vive desde la propia realidad:
“El álbum de figuritas no es un gasto. Es una excusa para que tu hijo aprenda sin darse cuenta.
Es una oportunidad para compartir, para tener algo en común, para no quedarse afuera o hacer nuevos amigos.
Buscar, clasificar, esperar, negociar, recordar.
Cada vez que abre un sobre, su cerebro entrena atención, memoria, planificación, y tolerancia a
la frustración. Eso no lo da ninguna App.
La actividad de cambiar figuritas, es a veces la primera experiencia real de negociación que tendrán los chicos con sus pares… Defienden lo que quieren, hacen acuerdos y sin darse cuenta, pueden aparecer vínculos naturalmente alrededor de esa experiencia.”
También da recomendaciones a los papás, para que sea una experiencia que sume:
- Que sean ellos los que abren, ordenan y deciden.
- Poné un límite de compra semanal y respetalo.
- Si se frustran porque no sale la figurita que falta, no resuelvas vos.
- Si regalan una figurita, celebralo.
Si vos (lector) estás con el álbum dentro de casa, tomate un minuto para pensar… ¿Cómo se vivieron estos cuatro puntos, este tiempo? Si sos papá, o mamá, ¿cómo pudiste vivir
el proceso?
En casa no tuvimos la experiencia. Tengo una hija, pero no nos embarcamos, aunque bien podría haber sido excusa para hablar hasta de geografía, geopolítica, o disfrutar de ver lo que genera un simple deporte de equipos, con la experiencia no tan lejana de Qatar 2022… Sin dudas, podrá serlo durante el propio mundial.
Ahora, buscando ampliar la mirada y tratando de provocar a que lo hagamos colectivamente, reparaba en esto de querer como padres, que nuestros hijos puedan dar ciertos pasos. Que puedan aprovechar algunas instancias de aprendizaje… Y cómo somos capaces de involucrarnos, a veces por demás. Otras veces, por el contrario, somos como faros sin luz para nuestros hijos, por estar demasiado distraídos con nuestras cosas… Para la paternidad y la maternidad no existe manual, cada uno lo va construyendo en base a experiencias, pero siempre está bueno repensarnos, para corregir (si está a nuestro alcance), o reforzar lo que creemos que está bien.
Y lejos de buscar sentimientos de culpa, quiero contar lo que motivó éstas líneas… Pensaba en quienes no tienen para completar el álbum. Porque tampoco tienen para comprarlo. Porque por estos tiempos, tienen que priorizar otro tipo de bienes, o de necesidades, antes de poder imaginar en gastar dinero en lo que a primera vista aparenta ser un entretenimiento, un juego…
Quizás llegué hasta acá pensando en las familias que acompañamos en Conin Tandil, una ONG que trabaja por la nutrición infantil, para que niños de 0 a 5 años puedan prevenir y/o revertir cuadros de desnutrición. Frente a esas realidades y frente a tantas otras que se repiten en nuestra sociedad, la chance de comprar y completar éstos álbumes de los que hablaba al comienzo, parece ser una cuestión de prioridades. Una experiencia que trae, como veíamos, muchos beneficios, pero que casi siempre se hace realidad desde un lugar de privilegio: el de poder tener cubiertas muchas otras necesidades básicas.
En cada familia hay un contexto (válido por ser el propio) con dificultades atendibles. Y ahí van, unos padres y otros, peleando por el presente y el futuro de sus hijos… Y ahí van, unas madres y otras, intentando con amor y esfuerzo que las distintas realidades no se lleven puestas ni unas infancias, ni otras.
Pienso en que éstos padres y madres, que no pueden comprar el álbum, están abocados a tratar de que primero, sus hijos puedan completar un álbum más básico todavía… El plato de comida diario, un hogar, una habitación para sus hijos. Que no pasen frío, que puedan ir a la escuela con lo básico para aprender. Sostenerlos en ese hábito.
Pienso en el álbum que nuestro equipo de profesionales de Conin busca que también puedan completar esos niños/as: Que puedan mejorar en sus controles médicos regulares, que puedan complementar su alimentación, que tengan dosis extra de cariño cuando están en las salitas de nuestro Centro, que puedan responder a estímulos y vayan dando pasos acorde a sus edades… Que con el tiempo su cerebro pueda estar bien formado y nutrido para poder aprender…
A completar ese álbum también ayudan nuestros padrinos y socios, con un aporte mensual indispensable para poder atender y sostener estas realidades.
Y pienso también, en que hay un álbum que podemos completar entre todos… Que merece la pena intentarlo… El álbum de una sociedad que no se acostumbre a que existan tantas diferencias. Podríamos buscar juntos las figuritas que nos faltan para tener una sociedad más pacífica, más próspera y empática. Ahí serían necesarias las mismas habilidades que hoy les pedimos a nuestros niños que tengan en los momentos de intercambio… Respeto, manifestar mis necesidades sin imponer, estar atento a lo que le falta al otro y buscar las conexiones para que todos, si es posible, cumplamos el deseo de completar nuestro propio álbum…