San Edmundo es la cabaña tandilense que se caracteriza por no tener campo propio
Un nuevo podcast de El Eco Campo está destinado a conocer los orígenes y la filosofía de trabajo de una cabaña ganadera que tiene como elemento distintivo que no está asentada en tierras propias.
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Fernando Hernández es el profesional que desde hace varias décadas lleva adelante una cabaña ganadera con reconocido prestigio, con la particularidad de no poseer campo de su propiedad.
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La historia se inició en la década de los ´80, cuando Hernández “trabajaba en campos de cría, asesorando y, administrando unos campos chiquitos. Soñaba con hacer genética y empezar con Hereford, era mi sueño en ese momento. Trabajaba en algunos campos de amigos, donde podía tener alguna vaca, en General Belgrano. Y recién pude -en 1987- comprar dos vacas en forma particular a una cabaña”.
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Lo hizo con mucho esfuerzo, al punto tal que “no tenía más plata ni para camiones ni para nada, así que las tuve que ir a buscar por arreo con dos amigos. Hicimos 50 kilómetros a caballo para llevar a esas dos primeras vacas. Así nació la cabaña”.
Al momento de elegir el nombre de la cabaña, Hernández tenía varias ideas. “Alguna que tenía que ver con un campo que había tenido mi papá cuando se mudó de Tandil a Buenos Aires y empezó a trabajar. Y justo en todo ese proceso en que compré las vacas, un amigo mío -dueño de ese campo donde tenía las vacas- tuvo un accidente. Y después de una semana de coma, falleció. Su segundo nombre fue el que me inspiró la cabaña. Por eso San Edmundo. Él se llamaba Guillermo Edmundo y era como un hermano para mí. Es un recuerdo y un homenaje permanente hacia él”.
En tierras ajenas
La singularidad de que la cabaña no esté asentada en campo propio es distintiva.
“No tenemos campo. Así que por eso el primer toro de pedigree que nació se llamaba Nómade. Eso fue en el año ´89, cuando empezamos con el pedigree. Toda una simbología, por todos lados”.
Sobre la organización actual, Hernández señaló que “en Tandil -que es donde yo estoy, mi morada- tengo las vacas donantes de embriones y los animales que preparo para exposición. En este momento estoy sobrecargado, muy complicado por la geografía del lugar ese y por la superficie. Son 10 hectáreas y hay casi 100 animales”.
Admitió que “con esto de tener las vacas en distintas opciones de negocio -pastoreo o capitalización- vengo de experiencias malas”, a lo que se sumaron cuestiones personales y un robo que determinaron que “hace unos 11 o 12 años casi empecé de cero”.
Añadió que “tuve que empezar de vuelta, recuperando vacas que había vendido, haciendo embriones de vacas que ya la tenían terceros, etcétera. Tuve también malas experiencias en algunos lugares donde tuve las vacas”.
Pero en los últimos años “me fui juntando un poco a las vacas que tenía desparramadas. Y hoy las tengo ahí en Tandil a base de rollo, porque la superficie es muy chica”.
Fernando Hernández adelantó que “supuestamente en marzo-abril estaremos desembarcando en un campo en el límite de Tandil con Ayacucho, con alguien que quería hacer algo con nosotros. Hasta esa fecha voy a estar llorando que el clima me acompañe y que los rollos no me cuesten tanta plata para poder establecer un poco el grupo grande de vacas en la zona”.
Los centros
La distribución geográfica de San Edmundo incluye también “un núcleo en la Patagonia, que estamos desarrollando en un campo que asesoro, vía embriones”, explicó Hernández.
Sumó también al “núcleo de San Luis, atrás de la Sierra de Comechingones: San Edmundo Puntano. Y después está San Edmundo Andino en Arequipa, Perú”.
Además, desde hace tres años Hernández está poniendo embriones en convenio con amigos o clientes en Azul, Lezama, Puan, etcétera.
“Pero la idea es volver a tener en algún lugar, como tuve muchos años, el grupo de vacas más o menos bien -las tuve en Brandsen, un campo que tenía alquilado- y volver a repetir eso que me permitió dar un avance un poco más grande, tanto en producción como en cantidad”, adelantó el cabañero.
Historia de vida
Al ser consultado sobre las razones por las que eligió a Tandil como su base, Fernando Hernández recordó que “mi papá nació en Tandil y su hermano era tambero, en Fulton. Mi papá era empleado de su hermano, a los 14 o 15 años. Se fue de ahí y entró a trabajar en una fábrica que luego se mudó a Buenos Aires”.
Recordó a su padre como “una persona muy inquieta y emprendedora. Con un amigo de Tandil, pusieron un almacén. Y después fueron haciendo otras cosas. Hasta terminó teniendo un matadero, que es donde yo hice mis primeras vistas de cómo se faenaba y cómo se trabajaba con la hacienda. Mientras él estaba en su oficina, yo iba de muy chico”.
Luego ese establecimiento se vendió y vino la compra de un campo en San Miguel del Monte, a comienzos de los ´70. “Mi papá ya estaba enfermo, un tema renal, y falleció en el ´74. Mi mamá era ama de casa, yo soy el más grande, tenía 11 años. Ese campo se vendió, cayó el Rodrigazo y no quedó nada…”, sintetizó.
Pero “Tandil siempre fue una cosa idealizada... Íbamos siempre, fines de semana largos, a ver a mis tíos, etc. Y yo empecé a trabajar con una persona de Tandil, a armar la cabaña. Mi hija estaba por empezar el primer grado y vivía en Brandsen, en un campo. Decidí mudar a Tandil a la familia para tener otra vida desde lo educativo para mis hijas. Así que compré una casa en el centro de Tandil y hubo que reciclarla. Hoy tengo mi hija menor que estudia Veterinarias acá, mientras que la mayor ya está trabajando en la Asociación de Hereford, estudia en Buenos Aires”.
La pista de Palermo
Las cabañas aspiran a mostrarse en los principales escenarios y Palermo es la cumbre nacional, pista en la que anualmente se ven ejemplares Angus y Hereford de San Edmundo.
Hernández, que es director de la Sociedad Rural Argentina, consideró que la pista de Palermo “es uno de los lugares de genética más importante del mundo, por traición, historia y nivel. Es una exposición importantísima y nos permite mostrar lo que hacemos”.
Aclaró que “no vivimos ni trabajamos para los premios. Los premios son una consecuencia a veces. Este año tuvimos la suerte de sacar el gran campeón Hereford en Junín de los Andes, en la exposición rural de Neuquén, con producto de los embriones que llevamos a la Patagonia; el campeón ternero Angus y el otro de la Hereford, también en la misma exposición. En Esquel también anduvimos muy bien y a Brandsen siempre llevamos algo”.
Hernández admitió que “cuando nos toca sacar un buen premio, nos da mucha satisfacción, porque obviamente siempre está lindo el reconocimiento. Pero no trabajamos para los premios, porque para trabajar para los premios tenemos que tener un biotipo de animal con un grado de preparación donde no coincide con nuestra filosofía”.
Es que San Edmundo a punta a lograr “animales que sirvan para la producción, que salgan de una exposición y pueden ir a trabajar a un campo y funcionen. Para eso no tenés que tener la preparación casi de obesidad que existe hoy en las exposiciones, con lo que siempre estamos en desacuerdo”.
Todo eso genera “una mezcla de sensaciones. La idea es tratar de venir con nuestro animal y nuestra ideología de producción, a un lugar de mucha competencia. Tiene un grado de relatividad para nosotros el premio, pero estar en Palermo siempre es una satisfacción enorme”.
Tecnología productiva
El trabajo con embriones implica aplicación de alta tecnología a la ganadería.
“Los embriones son una multiplicación de una hembra superior. En el origen se empezó a multiplicar un toro extrayendo semen, para poder maximizar la cantidad de hijos que podía dar un toro. Hoy con el embrión se hace lo mismo con una hembra”, explicó el titular de San Edmundo.
Agregó que “permite llevar una genética a lugares más remotos, como lo hacemos en Perú o la Patagonia. Obviamente en la Patagonia solamente podríamos entrar con embriones, porque no se pueden llevar animales en pie”.
El trasplante embrionario “está al tope de la evolución de la ciencia aplicada a la tecnología con respecto a la reproducción. Si bien hoy existe también otras cosas, como por ejemplo el clon, no es algo tan difundido, ni tan fácil de hacer, ni tan relevante hoy en día. La embriología es un paso muy importante para poder maximizar en una cabaña las hembras realmente más funcionales y más productivas.
La ganadería peruana
Al momento de analizar la ganadería peruana, Hernández planteó inicialmente que “es muy distinta a lo que conocemos en Argentina. Acabo de volver de Perú, de dar una charla en un congreso de genética. Fui invitado justamente para poder ampliar un poco más el conocimiento de las razas más importantes que tenemos en Argentina”.
Añadió que “con mi socio en Perú fundamos la Asociación de Angus y de Hereford, que no existían en ese país. Justamente la propuesta nuestra es -si siempre están ponderando la carne argentina- que traten de usar más la genética que usamos en Argentina, o la raza, por lo pronto”.
Productivamente en Perú “hay mucha lechería, con mucha ganadería de subsistencia en la selva. Son campesinos tienen por ahí una o dos vacas y venden leche. Usan mucho lo que es doble propósito, o sea, tienen razas que son ni grandes productoras de leche, ni grandes productoras de carne, como el Brown Swiss, Fleckvieh, Simmental; razas criollas que cruzan; y también algo de ganado cebuino”.
Por otra parte, “la faena la hacen de animales enteros (sin castrar)”, aunque diferenció que “hoy en Argentina existe el MEJ (Macho Entero Joven), que son animales jóvenes, bien criados. Allá la mayoría son toros viejos; hay muy poca faena de animales jóvenes; están mal criados para lograr terneza… Es muy distinto: allá hay sierra, selva, zonas casi desérticas, y costa”.
San Edmundo ha ingresado con embriones en regiones como el Cusco, en la zona de Puno, de alturas muy importantes. “Tenemos animales nacidos a 4200 metros sobre el nivel del mar, zonas frías, pero que tienen pasto. No es nada parecido a la Pampa Húmeda. Puede haber algún núcleo de pasto y de condiciones bastante benévolas, pero nunca tan fáciles como las que tenemos en nuestro país”.