Tres ciclistas sufrieron dos violentos asaltos en un camino rural de La Porteña
El primer atraco sucedió el viernes, después de las 13, cuando un hombre que pedaleaba en su bicicleta fue encañonado por dos jóvenes que le sustrajeron el rodado y otros objetos de valor. Ayer, en el mismo horario y lugar, dos mujeres fueron víctimas de un robo con la misma modalidad.
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Tres ciclistas fueron víctimas de dos asaltos que se perpetraron con la misma modalidad y en el mismo lugar, sobre un camino rural de la zona de La Porteña. El primer caso sucedió el viernes después de las 13 y el otro ayer, en el mismo horario, y en ambos casos las víctimas fueron encañonadas y les sustrajeron sus bicicletas y otros objetos.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl primero de ellos se registró el viernes, alrededor de las 13.15, cuando Juan Martín circulaba en bicicleta solo por el camino de tierra que une la Ruta Provincial 74 con el paraje Cuatro Esquinas, a la altura del Haras General Lavalle.
En diálogo con El Eco de Tandil, el damnificado contó que “justo hay dos construcciones, una más chica y una más grande. La que está más arriba de la loma, por lo que tengo entendido, es la del Haras y justo en ese lugar fue. Yo llegaba pedaleando, y de entre las plantas salieron dos chicos jóvenes”.
Detalló que uno de ellos estaba armado y estimó que el otro no tenía armas, pero pudo afirmarlo con seguridad.
Le exigieron que se bajara de la bicicleta, y le quitaron el rodado, y le pidieron todo lo que llevaba encima, incluido el celular.
“Me robaron el reloj, el casco, los lentes y la mochila. Les di todo, pero les dije que no tenía celular”, señaló, por lo cual logró retener el dispositivo móvil.
Respecto a la bicicleta, detalló que se trata de una Zenit, rodado 26 del año 2009. “La usé muy poco y la puse en condiciones hace un mes atrás, no era una bicicleta costosa”, indicó.
Contó que es la primera vez que sufre un robo a punta de pistola y detalló que los delincuentes estaba usando gorra y barbijo, por lo cual sólo se les veían los ojos.
“El más alto estaba armado. Eran chicos de 50 ó 60 kilos como mucho, uno se ve que tenía un par de años más que el otro, pero creo que ni por casualidad alguno de ellos llegaba a los 20 años. Insistían en que no los mirara, amenazándome con el arma”, describió.
Y explicó que uno de los asaltantes, el de más edad, era el más violento y el que le daba indicaciones al otro.
Sensación de inseguridad
“No me preocupa tanto el robo de la bicicleta, también me la podrían haber robado mientras la dejaba atada en un palo de luz, de hecho estaba por renovarla, pero sí era una bici a la que yo quería, tenía un valor emocional, iba a comprar una nueva y esa la iba a dejar para otra actividad más amateur. Pero no es por su valor, de hecho el reloj que me robaron creo que es más caro que la bicicleta”, expresó.
En ese sentido, admitió que “lo que más me indigna es que en una ciudad como ésta no se pueda ir a andar en bicicleta tranquilo. Me escribió mucha gente en apoyo, y causó preocupación lo que me pasó, porque mucha gente sale a andar en bicicleta y preocupa que se pueda hacer frecuente, así que creo que deberían hacer algo con esta situación porque yo quiero volver a salir tranquilo y que la gente pueda andar por los caminos rurales”.
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Otro asalto
Por su lado, María Fernanda San Martín contó que ayer, alrededor de las 12.20, salió de su casa con una amiga en bicicleta hacia el lado de Azucena.
Detalló que circulaban por “el camino de tierra que sigue pasando la Escuela Granja, que desemboca a Cuatro Esquinas. Nosotras en realidad íbamos a pegar la vuelta antes porque mi amiga estaba retomando precisamente hoy (por ayer) la bicicleta, y nos pasó esto”.
El atraco sucedió alrededor de las 13.20, en una loma que hay en el camino de tierra que une la Ruta 30 con la 74 rumbo a Cuatro Esquinas.
“Justo donde hay una construcción abandonada que pertenece al Haras General Lavalle había una loma, y estaban escondidos en la construcción. De repente, salieron de ahí dos chicos jóvenes. A mí me costó mucho darme cuenta de lo que pasaba, no podía creer que eso me estaba pasando a mí”, expresó.
Y contó que les dijo “chicos qué hacen”, ya que “les hablaba como si fueran mis hijos. Nos dijeron que nos bajáramos de la bicicleta. Uno estaba con un arma de caño largo y el otro tenía un fierro largo como de un metro”.
“Eran dos chicos jóvenes con capucha y cuellito, tapándose la cara. No los pude ver bien, pero al del fierro si lo veo lo reconozco porque era el que más exaltado estaba. Nos pedían las bicicletas y los celulares, y yo lo último que les quería dar era el celular porque nos quedábamos realmente solas y sin poder avisar a nadie”, relató.
A su vez, explicó que trató de hacer tiempo, dándoles charla, pidiéndoles por favor que no les robaran las bicicletas, pensando que en cualquier momento iba a pasar un vehículo, considerado que por esa zona suelen circular automóviles.
“El del fierro le dijo al que tenía el arma que si no nos bajábamos de las bicis, nos disparara. El del arma era más sumiso. Nos bajamos de las bicicletas, se las dimos y salieron rapidísimo, se olvidaron de los celulares. De la construcción salieron a pie y se fugaron en las bicicletas, y salieron para el lado de Cuatro Esquinas”, puntualizó.
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“Es mucha amargura”
Explicó que ellas salieron corriendo en sentido contrario. “Enseguida, llamé para que nos socorrieran”, indicó.
Respecto al valor de las bicicletas, estimó que la de ella nueva debe rondar los 200 mil pesos y la de su amiga, la mitad.
“Lo material va y viene. Por suerte, no nos hicieron nada, pero es mucha amargura porque somos dos laburadoras a full que como nos gusta la bicicleta, tratamos de tener algo más o menos lindo”, expresó.
Y agregó que “mañana (por hoy) voy a pagar 7 mil pesos de las cubiertas que ya no tengo, me pongo a pensar en eso y es una impotencia y una amargura. Para nosotras, más allá del valor económico, cuesta tenerlas y te roban algo que usás para entrenar o distraerte un poco. Es triste”.
“Yo recién me di cuenta de lo sucedido luego de hacer la denuncia policial, a la situación que estuvimos expuestas más que nada”, afirmó.
Y recordó que ella pretendía calmar a los ladrones, y así lograr que no las lastimaran y de ser posible, que no les robaran.
“El del fierro estaba muy exaltado, le daba órdenes al otro porque era el que tenía el arma, pero igual él dos o tres veces levantó el fierro, amagó como para asustarnos. Como nosotras no largamos las bicicletas al toque, quería intimidarnos”, señaló.
Destacó que el personal de la Patrulla Rural llegó bastante rápido al lugar y que hicieron un rastrillaje bastante extenso, por lo cual admitió que tiene la “esperanza de que aparezcan”.
