Javier Milei busca consolidar una cumbre de líderes de derecha en la región
El presidente argentino impulsa una estrategia diplomática alineada con Donald Trump para cohesionar a los sectores conservadores y confrontar al liderazgo de Brasil.
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La política exterior argentina ha dejado de ser una herramienta de sintonía diplomática para convertirse, definitivamente, en la extensión de una campaña ideológica constante. Esta dinámica del presidente Javier Milei posee dos contrastes marcados. Su estrategia de gestión debería administrarse con mayor delicadeza frente a una sociedad que parece interpelarlo cada día en el camino hacia la reelección del 2027. Sin embargo, la fórmula resulta útil para intentar cohesionar a una región en torno a Donald Trump antes de las elecciones de medio término en noviembre.
En ese marco se explica su pelea personal con Lula da Silva, el mandatario de Brasil, la algarabía con que asistió en Perú a la asunción de Keiko Fujimori, y la presencia que tendrá la próxima semana en Bogotá para celebrar el reemplazo de Gustavo Petro por Abelardo de la Espriella. Mientras tanto, el gobierno argentino mantiene su defensa de las administraciones de Ecuador, Chile y Paraguay, aunque no ofrece señales de acercamiento hacia Uruguay, comandado por el centro izquierdista Yamandú Orsi.
El objetivo en Brasil
El gran objetivo del mandatario argentino radica en el combate contra el líder del PT brasileño, quien buscará su cuarto mandato enfrentando a Flavio Bolsonaro. El hijo del ex presidente Jair Bolsonaro, quien cumple una condena de 27 años por un intento de golpe de estado en 2023, es la pieza clave en este tablero. Javier Milei, en su paso reciente por San Pablo, arremetió contra el Tribunal de Justicia por impedirle visitar al ex presidente y se refirió a Lula da Silva como un presidiario.
Para Javier Milei y, en especial, para Donald Trump, la idea de entorpecer un nuevo periodo del líder brasileño resulta crucial. Implicaría un duro golpe para el eje anti conservador que representan Brasil y México, presidido por Clara Sheinbaum. Esta tarea, considerada compleja, busca congraciar al líder libertario con el jefe de la Casa Blanca, quien enfrenta sus propios desafíos políticos tras la guerra contra Irán y las limitaciones constitucionales para su reelección.
A pesar de los encontronazos con mandatarios como Pedro Sánchez o Gustavo Petro, el vínculo con Brasil sigue siendo fundamental. En aquella nación se concentran más de 31 mil millones de dólares de intercambio bilateral y el pulmón de la industria automotriz local, una realidad que no parece amedrentar a los entusiastas de esta nueva política exterior.
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