Viviendas de barro en Tandil: “Con lo que tenés alrededor podés hacerte tu casa”
El Eco estuvo en una jornada comunitaria de bioconstrucción.
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Es sábado a la mañana, y un grupo de vecinos y vecinas del paraje La Porteña se reúnen para compartir una “minga”. Se trata de la actividad en la cual todos colaboran en la construcción de lo que será la vivienda de barro de una familia. Padres, madres, hijos e hijas meten mano en la tierra para formar ladrillos, revestir muros y hasta colocar el techo de una casa con “paredes que respiran”: ahorran energía, generan un impacto positivo en el ambiente, y promueven encuentros comunitarios y vecinales.
El Eco estuvo en la “minga” para conocer desde adentro una jornada de bioconstrucción. Se trata de una modalidad que, contaron los protagonistas, crece en Tandil. Hace unos 8 años, integrantes de organizaciones vinculadas a la temática relevaron 300 viviendas realizadas bajo dicha forma en la ciudad, y estimaron que en el último tiempo el número aumentó considerablemente.
“Es importante demostrar que con lo que tenés alrededor podés hacerte tu casa. Sobre todo hoy, aunque siempre lo fue en este país, el acceso a la vivienda es un limitante para mucha gente. Para nuestros padres o nuestros abuelos había más acceso a la vivienda, hoy prácticamente no. Los jóvenes están destinados a pagar alquiler, si pueden. Esto es demostrar que uno se puede hacer su casa. Sobre todo a nuestros hijos, que han participado de la construcción y es muy valioso. Ellos saben lo que costó hacerlo, pero también el disfrute del proceso, que fue con amigos, con ayuda”, expresó Silvia Gómez, una de las referentes de la bioconstrucción en la ciudad.
Silvia formó parte de alguna de las construcciones de barro más conocidas de Tandil, como la de la Escuela Sábato, y muchas de las viviendas del paraje La Porteña. Su historia con la bioconstrucción comenzó hace más de 20 años, en una eco aldea de la localidad de Navarro, y continuó en El Bolsón, donde se dio uno de los primeros cursos sobre el tema. En la ciudad patagónica conoció a uno de los pilares de las viviendas de barro a nivel nacional, Jorge Belanko.
La bioconstrucción no es solo una modalidad constructiva, sino una perspectiva que vincula una forma diferente de acceder a la vivienda propia, el respeto por el entorno natural, el uso de materiales ecológicos y la recuperación de saberes tradicionales.
“Así se hacía un ranchito de barro”, contó uno de los vecinos que participaba de la minga, mientras terminaba un revestimiento de la casa de una familia amiga. Algunos de los que participaron son profesores de matemáticas, otros trabajadores agropecuarios, otros mecánicos dentales: pero el fin de semana se encontraron para colaborar en lo que será una nueva vivienda de bioconstrucción en la ciudad.
Esfuerzo y disfrute
Tandil es una de las ciudades que cuenta con una normativa que regula la bioconstrucción. Tras un destacado trabajo de parte de vecinos y asociaciones como la de Docentes por la Vivienda y otras, el Concejo Deliberante sancionó en el año 2019 la ordenanza que autoriza en el Partido “el método de construcción con tierra cruda”. Fue un logro para el sector de la bioconstrucción a nivel local, pero el Ejecutivo no reglamentó al momento la legislación.
El trabajo de promoción de Gómez y otros permitió que, por ejemplo, el referente Jorge Belanko visitara Tandil. Y también que hayan surgido proyectos de bioconstrucción en La Porteña y otros barrios de la ciudad.
Si bien ya existen empresas constructoras que ofrecen dicha modalidad, la mayor parte de las viviendas de bioconstrucción que se realizan lo hacen de manera comunitaria en las jornadas de mingas. “Viene de los pueblos originarios, que se organizaban con la comunidad a ayudarse en la tarea”, contó Gómez.
Mientras unos pisan el barro, otros alcanzan los baldes, otros revocan o llenan las paredes. “Y así avanzás un montón, y compartís el día con otros”, sumó la referente, quien explicó que algunas de las viviendas que concretaron lograron hacerlas en pocos meses.
“Depende de las terminaciones que elijas”, indicó, para luego marcar que existen diferentes técnicas de construcción como la quincha –rellenando una estructura como puede ser un pallet-, otras con ladrillos de adobe, otras con tejido romboidal recubierto, y algunas más. Su propia casa es un ejemplo de las distintas opciones: a medida que fue pasando el tiempo amplió algunas partes y fue utilizando diversas modalidades.
Gómez señaló además que la bioconstrucción promueve el uso de materiales naturlaes que no solo provocan un impacto positivo a nivel ecológico, sino también en la salud de quienes habitan las viviendas. “Estas paredes respiran, porque son porosas, por lo que regulan la humedad del ambiente y la temperatura. Siempre van a estar frescas en verano, y en invierno se mantiene cálido y ahorrás un montón de energía”, destacó.
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