Diego Araujo imaginó un polo judicial fuerte y una ciudad que preserva su entorno natural
El defensor público de Tandil advirtió sobre la complejidad del consumo problemático de sustancias y la necesidad de coordinar las intervenciones del Estado.
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Diego Araujo es abogado, defensor oficial del Departamento Judicial de Azul y especialista en Derecho Penal y Criminología.
Se crió en Tandil, estudió en la universidad pública y, después de trabajar como abogado particular, ingresar al Poder Judicial y desempeñarse como fiscal en el Departamento Judicial de Dolores, regresó a la ciudad, donde desde 2007 ejerce como defensor público.
Al referirse a su actividad cotidiana, identificó problemáticas que considera cada vez más complejas, entre ellas el consumo de sustancias estupefacientes, especialmente el crack, y la falta de articulación entre los distintos organismos que intervienen.
Frente a ese escenario, sostuvo que el Estado debe asumir un papel central en la coordinación de las respuestas y planteó la necesidad de generar proyectos integrales e interdisciplinarios.
En la conversación que mantuvo con Rodrigo Rotonda, director de Grupo Rotonda, también recuperó una propuesta que considera estratégica para acompañar el crecimiento de la ciudad: convertir a Tandil en cabecera de un departamento judicial, con una perspectiva regional que incluya a los distritos vecinos.
Al imaginar el Tandil de 2050, proyectó un polo judicial moderno, eficiente y cercano a la comunidad, integrado a un desarrollo urbano que respete el entorno natural.
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También planteó la necesidad de reducir las desigualdades entre los barrios, mejorar la integración socio-urbana y construir consensos sobre las políticas de seguridad.
Para Araujo, el desafío será consolidar el modelo de ciudad intermedia que se busca alcanzar sin perder el encanto natural que distingue a Tandil.
-¿Quién es Diego?
-Eso me lo han preguntado en algún examen psicológico y no sabía qué decirles. Yo soy una persona común. Me crié en un barrio de la ciudad de Tandil, jugando a la pelota en la calle o en el campito. Fui esencialmente alumno de escuelas públicas. Tuve un pasaje muy cortito, ya finalizando mi educación secundaria, por el Colegio San José, del cual tengo recuerdos bellísimos. Y después seguí estudiando y me recibí en la universidad pública, en la Universidad de Nacional de La Plata, como abogado, como escribano, aunque nunca ejercí. Y en mi faz familiar, están mi mujer es María Eugenia ‘Machu’ Poumé y tengo cuatro hijos: tres varones y una nena; ya están todos grandes. Soy eso: Un hombre que ha trabajado de lo que afortunadamente le gusta y ha construido una familia.
-Hoy defensor público...
-Hoy defensor público, ya desde el año 2007 aquí en la ciudad de Tandil. Comencé trabajando como abogado de la matrícula, estuve cinco años trabajando, tuve mi estudio, luego ingresé al Poder Judicial en el año 1999, que coincidió prácticamente con el proceso de reformas, un proceso de reformas penales muy profundo, con un nuevo Código de Procedimiento Penal y, a la par, con un proceso de modificación de las estructuras del Ministerio de Seguridad, con lo cual fue una apertura muy fuerte hacia el Poder Judicial y fuera del Poder Judicial. Eso un poco también marcó mi manera de actuar dentro de la estructura del Poder Judicial. Previo a ser defensor público, fui instructor judicial durante casi cinco años en la fiscalía de Tandil. Después fui fiscal de Instrucción y Juicio en el Departamento Judicial de Dolores, hasta que tuve la posibilidad de volver. Siempre quise retornar a los pagos y tuve la suerte también de hacerlo en esta actividad que es para mí muy gratificante, muy cercana a lo que yo pretendía en el ejercicio de la abogacía.
-¿Se puede saber qué te hizo volver?
-Yo crecí en un ambiente vecinal, comunal, muy tranquilo, con mi familia muy arraigada en la ciudad de Tandil. Aprendí a amar a Tandil de chico, a sus paisajes, sus contornos; mi familia estaba radicada toda aquí. Entonces, si bien Dolores es una ciudad muy tranquila para vivir, es una ciudad linda para criar a los chicos -hay mucha vida de club, muchas bicicletas en la calle- a Tandil siempre la añoré y la verdad es que el día en que yo me fui con toda mi familia a Dolores, fue siempre con la idea de volver. Y tuve esa suerte, porque a veces no es fácil.
-¿El Tandil de hoy es mejor o peor que el Tandil de antes?
-Es un Tandil distinto, que ha crecido mucho en los últimos años. Yo me fui a fines del año 2003; ha cambiado y sigue cambiando. Es un Tandil que tiene algunas complejidades que antes yo no veía en forma tan intensa. Ya en el ejercicio de mi actividad hay algunos emergentes que son preocupantes. El consumo de sustancias estupefacientes que se ve mucho en los barrios, sobre todo, aunque no quiere decir que se consuma solamente en los barrios. Pero el consumo problemático sí está más instalado en los barrios. Y el otro emergente que yo veo ya en la actividad, que tiene un reflejo solamente en el partido de Tandil, son las cárceles, que tienen su problemática particular. Pero yendo al primer punto, el consumo de sustancias es preocupante porque además es el tipo de sustancias que se está viendo que se consume, que es el crack. Y la verdad es que es un tema sumamente difícil de poder afrontar, aun cuando se tengan las mejores herramientas. Hoy en día habremos muchos operadores alrededor de esta problemática, en el Fuero Penal, en el Fuero de Familia, desde el Municipio, operadores provinciales, CPA, Centro de Salud Mental, Servicio Local, Servicio Zonal, Secretaría de Desarrollo, Secretaría Ciudadana, la Asesoría de Menores… Y eso nos obliga a nosotros a mejorar la calidad del servicio que damos porque muchas veces no actuamos en forma coordinada. Ese es un desafío que nosotros tenemos: Darle una vuelta de tuerca a esta problemática que no va a desaparecer. Creo que hay que generar proyectos integrales e interdisciplinarios en los que actuemos todos los actores que estamos ya conociendo pero en forma parcial, y generar un espacio donde se pueda afrontar esta problemática tan compleja, en forma articulada. Me parece que es un desafío importante.
-¿A Diego Araujo le preocupa más la situación actual o la velocidad que puede tomar esto?
-Creo que la velocidad que puede tomar la situación actual es compleja. Estamos teniendo actualmente algunas reuniones para tratar de coordinar algunas tareas, pero yo creo en la intervención, en la actuación de un Estado fuerte, presente, y me parece que es el actor fundamental para coordinar este tipo de tareas. Me parece que ese es el desafío que hay. Por ejemplo en Córdoba Capital hay oficinas de articulación centrales donde permiten hacer un trabajo integral. Se trata de oficinas que reciben la demanda de consumo, analizan cuál es la problemática que está con relación al consumo, si es un problema familiar, si es un problema de salud mental, si es un problema que tiene que ver con la vecindad, con la comunidad, con el barrio. Y luego actúan de derivación, son agentes que reciben la demanda, la categorizan, la derivan y esa información que recogen les sirve, a su vez, para localizar determinadas problemáticas y generar estadísticas, con lo cual se puede trabajar a futuro. Me parece que eso es algo que nos está faltando de cara a un proyecto venidero, a una ciudad que está en constante crecimiento; me parece que es algo que, por lo menos, tenemos que debatir.
-¿Y estamos a tiempo?
-Yo creo que estamos a tiempo, sí.
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-¿Hay algo que a Diego le hubiese gustado que sucediera de una manera distinta?
-Yo estoy un poco acotado a mi mirada de lo que hago en forma cotidiana. Entonces uno es recurrente, es como que vuelve siempre a eso. Hay una inquietud que personalmente yo tengo, pero que tenemos a su vez muchos operadores judiciales y es la de forjar una ciudad que puede ser cabecera de un departamento judicial. Esto no es una idea nueva, es un proyecto que en su momento tuvo mucha fuerza. Llegó a ser proyecto de ley en algún momento y no llegó a concretarse. Pero me parece que allí hay dos áreas que se pueden trabajar. Una es puertas adentro del Poder Judicial, porque hay que concientizar en la necesidad de fortalecer el Poder Judicial de la ciudad de Tandil de cara a una ciudad en permanente crecimiento, con influencia en la región. Me parece que el Poder Judicial no puede estar exento de ese crecimiento natural que tiene la ciudad y que tiene que acompañar a los cambios de la ciudad en la región. Y me parece que el mejor proyecto para acompañar a ese crecimiento es pensar en Tandil como cabecera de un Departamento Judicial. Obviamente que la otra arista se sale de la estructura del Poder Judicial; es una arista netamente política, de gestión política, e involucra alianzas con partidos vecinos, por ejemplo: Rauch, Ayacucho, Juárez, con los que tenemos naturalmente una relación de vecinos y una relación bastante intensa desde el punto de vista social y económico. Y me parece que trabajar en esa área es fundamental para consolidar esa idea de cabecera departamental. Y el producto no puede ser otro que bueno, porque yo estoy convencido que los mejores desarrollos se generan a partir de tener una mirada regional. Cuando uno trata de resolver todo con una mirada centralista, la verdad es que no solo se pierden los detalles, sino se pierden muchas oportunidades de resolución de conflictos, de problemas, incluso de no canalizar proyectos. Me parece que la idea de la regionalización y trabajar lo local, pero siempre con una mirada regional, es muy fructífero.
-¿Y dónde queda Azul?
-Tenemos ahí un conflicto de intereses. Yo actualmente ejerzo la presidencia de la Asociación de Magistrados de la ciudad de Tandil. Nunca hemos ocultado nuestra idea de ser cabecera departamental. No obstante, tenemos una muy buena relación. Yo soy miembro, además, del Consejo Directivo de Colegio de Magistrados y Funcionarios Judiciales de Azul, pero tenemos nuestras propias ideas, nuestros proyectos y, hasta que deje de ser meramente una idea, vamos a seguir trabajando en conjunto. Tandil tiene una particularidad: Nosotros pertenecemos al Departamento Judicial de Azul, pero Tandil es una sede descentralizada fuerte, con lo cual tenemos bastante autonomía para ejercer la actividad y tenemos la suerte también de contar con muy buenos profesionales, tanto en el Ministerio Público como en los organismos de Corte, con lo cual Tandil es un Poder Judicial descentralizado, fuerte, serio, responsable, profesional. Y eso nos da cierto margen para seguir insistiendo en nuestros propios proyectos, pero también para cuando hay que confrontar algunos proyectos que son regionales, ver la posibilidad de imponernos.
-Ahora te vas a poner el casco. Ahí estás viendo Tandil en el 2050. ¿Qué ves, cómo es la ciudad?
-Veo ante todo un polo judicial muy fuerte integrado a una ciudad que ha crecido respetando los códigos urbanísticos y además el entorno natural que tiene. Veo un Poder Judicial cercano a la gente, moderno, eficiente, pero que sobre todas las cosas contribuye al desarrollo humano. Un Poder Judicial que no solamente está en sus propias oficinas, sino que trabaja a puertas abiertas, de cara a la comunidad.
-Ahora te voy a llevar al barrio La Movediza. ¿Qué ves?
-Veo que por fin se ha tomado conciencia de que hay que integrar las zonas urbanas con mejor desarrollo, con aquellas que todavía necesitaban algún cambio. Veo que se han integrado no solamente los servicios, sino también el mejoramiento de las calles y que las comunidades ya no se distinguen por sus características edilicias.
-Te voy a llevar para el barrio Golf. ¿Qué ves?
-Bueno, el barrio Golf no ha cambiado tanto, sigue teniendo un perfil urbanístico cuidado, con sus casas, con sus jardines también muy cuidados, con las calles bien mantenidas, iluminadas. Veo también un servicio de seguridad intenso y afortunadamente también veo que el poder político se ha preocupado por las zonas menos desfavorecidas y trata de equiparar esos servicios.
-Ahora vamos a sacar el casco. ¿Sentiste orgullo por esa ciudad?
-Absolutamente.
-¿Crees que estamos en el camino?
-Creo que todavía nos falta consolidar el proyecto, la idea está. Creo que esa idea de ciudad intermedia modelo que se pregona está muy presente en nuestros representantes. Creo que esa idea es genuina y que la defienden en forma genuina, pero me parece que todavía tenemos que ponernos de acuerdo en cómo hacerla florecer.
-En un momento te pregunté adrede por dos barrios e hice hincapié en la seguridad. ¿Crees que la seguridad en Tandil, como se la está trabajando hoy, es un problema para el mañana o estamos haciendo las cosas bien?
-La seguridad pública es un problema muy complejo, que requiere de muchos consensos. Me parece que es un tema tan importante que tiene que ser un asunto transversal a cualquier política partidaria. Creo que tiene que haber un consenso en función de qué tipo de seguridad queremos. Y allí creo que reside el mayor desafío. Parece que no estamos hoy de acuerdo en qué tipo de seguridad requiere la comunidad y hay muchos modelos de seguridad. Y algunos modelos de seguridad son modelos de marginación, de discriminación y la verdad es que poco favor se le hace a la solución de ese problema a través de ese camino. No es un problema de Tandil, es un problema de miradas, incluso desde el punto de vista de posicionamientos ideológicos. A veces se cree que ese es el camino. Yo estoy absolutamente convencido de que ese no es el camino. Para solucionar los problemas de seguridad también se necesita integración socio-urbana. Esto dicho siempre con una parcialidad, porque a veces cuando hablamos de seguridad también somos un poco parciales porque hablamos de seguridad y quizás nos estamos olvidando de que hay muchos tipos de delitos y que hay muchos delitos que son menos visibles que otros, cometidos por personas que se camuflan mucho mejor en la sociedad.
-¿Qué no te gustaría que pierda Tandil?
-No me gustaría que pierda su encanto natural. Ahí hay también otro desafío: Preservar el medioambiente natural que tiene Tandil. Me parece que hay que integrarlo de una forma natural, sin alterar su fisonomía. Eso es algo que algunas ciudades sí han perdido y otras se han mantenido muy férreas en defensa de sus reservas naturales, por llamarlo de alguna manera. Me gustaría mucho que no se pierda ese encanto natural que tiene Tandil.
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