¿Cómo fue la muerte del Tata Dios?
El historiador Guido Rapallini analizó el evento que marcó la memoria colectiva local.
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A través de una minuciosa reconstrucción histórica, el historiador tandilense Guido Rapallini realizó en Cultura Zip (El Eco Streaming, 104.1 Tandil FM y Eco TV) un repaso exhaustivo de la denominada masacre del Tata Dios, un evento que marcó la memoria colectiva de la ciudad a finales del siglo XIX.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailGerónimo Solané, conocido popularmente como el Tata Dios, arribó a Tandil en noviembre de 1871. Su llegada se produjo a instancias de Rufina Pérez de Gómez, esposa de Ramón Gómez, uno de los estancieros más poderosos de aquel entonces. Rapallini explicó que la mujer padecía diversos dolores y buscó en el curandero una solución que la medicina tradicional no le ofrecía, en un contexto castigado por la fiebre amarilla y el cólera. Solané se encontraba detenido en la localidad de Azul por ejercicio ilegal de la medicina.
Una vez instalado, la figura de Solané comenzó a cobrar una dimensión mística que el historiador comparó con fenómenos de masas contemporáneos. "Siempre les digo a los chicos que el Tata Dios tenía un poco del Indio Solari; convocaba multitudes en esa época", señaló Rapallini. En los alrededores de su vivienda se generaban verdaderas romerías donde se mezclaban rezos, música y una profunda comunión popular. Según los documentos de la época, se lo mencionaba frecuentemente como "Adivino Dios", destacando su supuesta capacidad para predecir el futuro.
Sin embargo, detrás de esta devoción mística, Tandil atravesaba un proceso de transformación estructural. Este crecimiento generó una fuerte tensión catastral por la posesión de quintas y chacras. Rapallini sostuvo que el relato mesiánico y oscuro que se construyó sobre el Tata Dios pudo haber servido para encubrir una trama de intereses materiales y disputas de poder entre los nuevos ricos, como Ramón Santamarina, y los sectores tradicionales.
La trama detrás de los ataques
Para el investigador, los hechos que desencadenaron la matanza no fueron producto exclusivo del fanatismo religioso, sino que respondieron a la acción de un grupo de mercenarios con objetivos específicos. El foco principal de la agresión fue la familia Chapar, la cual albergaba un libro de deudas que comprometía a diversos estancieros de la zona. "Para mí fue un grupo de mercenarios; el interés concreto era derribar la casa de los Chapar", afirmó Rapallini, sugiriendo que la masacre fue utilizada para eliminar registros financieros en medio de una puja por el poder.
La ejecución del plan comenzó entre la Navidad y el 31 de diciembre de 1871. Bajo el liderazgo de Jacinto Pérez, un curandero que operaba de manera independiente a Solané, un grupo de paisanos armados inició un raid delictivo. Los atacantes, que portaban divisas punzó y gritaban consignas contra "gringos y masones", liberaron presos del juzgado local y asesinaron a un organillero italiano antes de dirigirse hacia las zonas rurales.
El saldo total de la tragedia fue de 36 víctimas, además de la posterior muerte del propio Solané. El historiador subrayó que la mayoría de los implicados en los crímenes ni siquiera conocían personalmente al Tata Dios y que muchos actuaron bajo una lógica de anarquía y violencia dirigida específicamente hacia los extranjeros.
El asesinato y la ausencia de juicio
Tras la masacre, la presión social y política recayó sobre Gerónimo Solané, quien fue señalado como el autor intelectual de los ataques a pesar de la falta de pruebas materiales que lo vincularan directamente con los ejecutores. Mientras que los cabecillas de la banda fueron abatidos, Solané fue trasladado a una celda en lo que hoy es el predio del Teatro del Fuerte. Según el relato histórico, el curandero no llegó a prestar declaración ante las autoridades judiciales.
La noche de Reyes de 1872, cerca de la una y media de la mañana, el Tata Dios fue asesinado en su celda. "Se escucharon unos disparos; estaba en una celda y el centinela estaba distraído", relató Rapallini, agregando que el curandero solo llegó a decir que hablaría ante el "juez justo" antes de morir. Este hecho clausuró la posibilidad de un proceso legal transparente y consolidó la versión oficial que lo culpaba de la masacre.
Incluso figuras prominentes de la época participaron del escarnio público hacia su figura. Se documentó que Ramón Santamarina, quien supuestamente figuraba como una de las posibles víctimas de la banda, agredió físicamente a Solané mientras era ingresado a la prisión, ante el aplauso de los vecinos presentes. La muerte del Tata Dios puso fin al episodio sangriento, pero dejó abierta una controversia histórica que, según Rapallini, todavía permite nuevas interpretaciones sobre la lucha por la tierra y el poder en el Tandil del siglo XIX.
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